El imperio asirio, parte IV

sábado, 15 de marzo de 2008

6. Periodo Medio Asirio

6.1: Época de Dependencia.
Tras la caída del Primer Imperio Asirio de Shamshi-Adad I, Asiria se vería relegada como potencia secundaria y, especialmente, provincia dependiente de otros estados de la zona. El Imperio amorreo fundado por Hammurabi también se caracterizaría por ser bastante efímero. Los casitas, un pueblo de origen no semítico, invaden Babilonia en el siglo XVI a.C., derriban a la dinastía amorrita y se hacen con el poder político de la región. Otro pueblo no semítico venido del norte, los hurritas, ocupan la mayor parte del norte de Mesopotamia para finalmente acabar dando origen al reino de Mittani, al este de Asiria y cercano a Anatolia.Tenemos constancia que el territorio de Asiria se hizo dependiente de Mittani a comienzos del siglo XV a.C. Hacia esta época, el estado hurrita de Mittani ya había adquirido proporciones imperiales y había extendido su influencia por todo el norte de Mesopotamia. Es probable que a Asiria no le fue del todo mal con este dominio extranjero, ya que aunque se vio sometida al control de otro reino, en cierto sentido su agricultura y su comercio pudieron medrar más o menos en paz. Pero esta situación no duraría demasiado.

6.2: Resurgir del poderío asirio.
Asiria permaneció como territorio dependiente de Mittani hasta comienzos del siglo XIV, cuándo el reino hurrita sufrió una dura derrota a manos del naciente Imperio Hitita en Anatolia. El rey asirio Eriba-Adad I aprovechó entonces la debilidad de Mittani para conseguir algo más de autonomía para Asiria. Sin embargo, sería su inmediato sucesor Ashur-Uballit I quién daría un importante golpe de mano al aprovechar la confusión en la que estaba inmerso el estado mittanio, liberando e independizando Asiria del yugo de los hurritas e incluso atacando a su anterior dominador, logrando arrebatarle algunos de sus territorios orientales.Ashur-Uballit se procuró de mantener siempre unas relaciones amistosas con Egipto, por aquella época el estado más poderoso de Oriente Próximo. Sin embargo, si mantuvo algunos roces (que no llegaron a la guerra) con el Imperio Hitita, a causa de los territorios del debilitado estado de Mittani. A pesar de todo, parece que finalmente Asiria pudo conservar los territorios originalmente arrebatados al reino hurrita. El poderío de este monarca queda bien patente en sus intentos expansionistas, al parecer sobre Babilonia, donde se enfrenta a la dinastía casita y, a pesar de que no consigue anexiones territoriales, si logra adquirir cierta influencia en la región.A la muerte de Ashur-Uballit en 1328 a.C., Asiria ya no es simplemente un punto en las rutas comerciales entre Anatolia y Mesopotamia, sino que se ha convertido en toda una potencia regional. Sin embargo, y a pesar de las sólidas bases asentadas de Ashur-Uballit, sus inmediatos sucesores no logran mantener la ventajosa situación del reino y su poderío se reducirá considerablemente. No será hasta el reinado de Adad-Nirari I (que accede al trono en 1306 a.C.) cuándo se produzca un nuevo resurgir de Asiria en la escena internacional. Parece ser este monarca quien retome los afanes de expansionismo hacia el Oeste, esta vez ya en detrimento de los Hititas. Su hijo Salmanasar I se enfrentará a un nuevo y emergente estado del norte: Urartu. Tras algunas campañas militares contra el reino urarteo, que le reportaron al monarca asirio buenas cantidades de metales y caballos, Salmanasar se ve obligado a volver y “pacificar” los territorios anteriormente conquistados por su padre, que se habían sublevado, desencadenando una represión brutal sobre los rebeldes.

6.3: Esplendor del Reino Medio Asirio:
Siguiendo la política exterior agresiva de Salmanasar, su sucesor Tukulti-Ninurta I (llegado al poder en 1244 a.C.), se dedica a consolidar primero las fronteras de su reino para luego atacar con ferocidad y precisión a Urartu. La victoria del rey asirio parece total: se someten más de 40 ciudades urarteas y Tukulti-Ninurta recibe grandes tributos del nuevo pueblo sometido. Más tarde, el soberano asirio inicia una nueva ofensiva expansionista atacando Babilonia, donde obtiene otro gran triunfo, lo que le permite anexionarse seguidamente Mari, Khana y algunos territorios amorreos. Al oeste, se hace evidente la inquietud del Imperio Hitita ante el poder de sus vecinos y Tukulti-Ninurta debe volver a toda prisa a la frontera occidental de su reino para rechazar las incursiones hititas. El monarca asirio parece imparable: el Elam tampoco escapa a su ofensiva y es incorporado como un territorio más al poderoso e implacable estado asirio.Durante esta época se alcanza el máximo esplendor del Reino Medio Asirio. Finalmente, Tukulti-Ninurta parece conformarse con sus grandes victorias militares y, tras reforzar de nuevo las fronteras de su reino, emprende una intensa labor constructiva, que culminará con la construcción de todo un complejo residencial (incluyendo tanto edificios religiosos como profanos) junto a Assur, y que servirá de modelo para las obras de reyes asirios posteriores. Sin embargo, y una vez más, el gran poderío de Asiria no durará demasiado. A finales del reinado de Tukulti-Ninurta I se comienza a vislumbrar el desgaste que está sufriendo el estado asirio, cosa que se hará más evidente tras su muerte en 1207 a.C. Babilonia y el Elam no tardan en sublevarse y conseguir su independencia. Mientras Asiria decae lentamente, los monarcas babilonios crecen en poder e influencia, hasta el punto de que se considera probable que incluso terminasen por llegar a imponer un tributo a sus anteriores dominadores. Sin embargo, su época de prosperidad tampoco durará demasiado, ya que a mediados del s. XII a.C. el poderoso estado de Elam invadirá los territorios del sur de Mesopotamia acabando con el poderío babilónico. Mientras tanto, Asiria sobrevive como un estado menor.

6.4: Un nuevo mapa político.
Hacia el 1200 a.C. una nueva ola de migraciones procedentes del norte de Europa cambiarán profundamente la composición política y regional de todo Oriente Próximo. En Grecia, los poderosos micénicos son expulsados o sometidos por los Dorios. En Anatolia, el Imperio Hitita es borrado de la faz de la tierra por el gran conglomerado de invasores conocidos como “Pueblos del Mar”, que se introducen en Siria y Palestina y llegarán incluso a Egipto, donde serán rechazados a duras penas por el faraón Ramsés III. Uno de estos pueblos indoeuropeos, los mushki, se asientan al este de Anatolia y se convierten en una amenaza permanente para Asiria, que además se ve amenazada también por las incursiones de los arameos (grupo semítico nómada) desde el noroeste. Asiria resistió estos ataques ferozmente, en muchas ocasiones con gran éxito, manteniendo a raya a sus nuevos enemigos. Acuciados por la necesidad, los reyes Asirios comienzan a desarrollar una máquina militar implacable y capaz de no sólo rechazar a sus rivales, sino de imponerse a ellos con autoridad y manifiesta brutalidad.En esta época difícil y dura aparece la figura de Tiglath-Pileser I, que accede al trono de Asiria en 1115 a.C. A estas alturas de la historia, el poder de Egipto en Oriente Medio es puramente nominal, pues sus propios problemas impiden a los Faraones pensar en expandir sus dominios por territorios extranjeros. Babilonia, por su parte, vive una época de tranquilidad, y los antaño poderosos hititas han desaparecido. Una vez Tiglath-Pileser consuma la tarea de sus antecesores de asegurar sus fronteras, se da cuenta de que el campo estaba libre para un nuevo conquistador.Después de aplastar convenientemente nuevas incursiones de mushkis y arameos, Tiglath-Pileser comienza a realizar incursiones hacia el norte, llegando hasta el lago Van y devastando las tierras del reino de Urartu. A continuación el ejército asirio se dirige hacia el oeste y prosigue su campaña de saqueo y devastación hasta llegar a Palmira (en la actual Siria). Las noticias acerca de la crueldad y la brutalidad de los conquistadores Asirios hacían que muchos de los pueblos amenazados huyeran al conocer que se aproximaban sus ejércitos, lo que sin duda facilitó la tarea de expansión. Es probable que estas noticias no fueran recibidas con demasiada buena acogida por parte de Marduk-Nadin-Akhi, soberano de Babilonia, que decide emprender una expedición de castigo contra el temerario Tiglath-Pileser. A juzgar por los documentos hallados, el monarca babilonio sorprende a los asirios y derrota a su ejército, aprovechando para saquear algunas de las ciudades del sur de Asiria y llevarse algunas valiosas estatuas a Babilonia. Tiglath-Pileser no se toma demasiado bien esta derrota, de forma que se prepara para un nuevo asalto. Su oportunidad llegará en poco tiempo, cuándo Marduk-Nadin-Akhi lanza otro ataque contra Asiria, aunque en esta ocasión el ejército asirio está preparado para su llegada y rechaza contundentemente a los babilonios. La venganza de Tiglath-Pileser no se hará espera, ya que aprovecha el momento para atacar furibundamente a Babilonia en una serie de rápidas y duras campañas, mediante las cuales conseguirá someter parcialmente a su vecino. Esta victoria final sobre su odiado enemigo no constituirá un éxito demasiado gran de para Asiria, ya que la población residente en los alrededores y territorios adjuntos a Babilonia no soportarán del todo bien el cruel y tiránico dominio asirio, de forma que las revueltas comenzarán al poco de terminarse la conquista.A la muerte de Tiglath-Pileser I en 1076 a.C., Asiria se sumergirá nuevamente en una etapa de oscuridad por circunstancias que no se pueden precisar con claridad, y las renovadas incursiones de los arameos se harán notar en sus fronteras. Sin embargo, parece evidente que los sucesores de Tiglath-Pileser logran mantener un poder considerable y evitan que el estado vuelva a diluirse como había sucedido en épocas anteriores. La política exterior asiria se vuelve cauta: los monarcas se contentan con conservar sus territorios y realizar puntuales ataques contra regiones enemigas, especialmente los molestos arameos, que continúan constituyendo el principal foco de agresiones exteriores de asiria. Hacia finales del siglo X a.C., Adad-Nirari II anexiona el estado arameo de Nisibis tras una serie de violentas incursiones, y su hijo Tukulti-Ninurta II se apodera de varios pequeños reinos arameos alrededor de la ciudad de Harrán y el valle central del Éufrates.