Las Cruzadas IV: Saladino y la Tercera Cruzada.

miércoles, 21 de abril de 2010

Saludos. Si habéis ido siguiendo esta serie de artículos, echaréis de menos la Segunda Cruzada. Lamentablemente, no tengo todo el tiempo que necesitaría para ir desgranando todos los temas en profundidad, de modo que sólo diremos sobre la segunda que se proclamó en 1145, 48 años después de la primera, con motivo de la caída en manos de los turcos Seljuk del condado de Edesa, que recordemos fue el primer estado cruzado en Oriente. Esta cruzada fue un fracaso. Los turcos dieron buena cuenta de los cruzados, y los que sobrevivieron llegaron a Jerusalén a duras penas, uniéndose a otra serie de desastrosas campañas lanzadas por el Rey de Jerusalén.

Bien, dicho esto, hablaremos ahora de una de las figuras más importantes de la Historia. Un hombre respetado por amigos y enemigos, un sabio y un gran general, posiblemente uno de los hombres más inteligentes de su época y que, al igual que Conan, “llegó a ser rey por sus propios méritos”. Se trata de Salah-al Din Yusuf, más conocido por estos lares como Saladino.

Salah-al Din nació en 1138, en Tikrit (en la actual Irak). Su padre se llamaba Ayyub, y luchaba al servicio de uno de los muchos gobernantes menores de Siria. Por algún motivo, Ayyub cayó en desgracia y marchó entonces a la corte del turco Zengi, señor de Mosul, y que a la sazón, acababa de conquistar el condado de Edesa. Ayyub y su hermano, Shirku, sirvieron lealmente a Zengi, pero cuando este murió, las luchas sucesorias se extendieron por sus tierras. Ayyub y Shirku tomaron partido por el hijo menor de Zengi, llamado Nur al-Din. La primera ver que Salah y Nur al-Din se vieron, el primero era un niño todavía que ya destacaba por sus aptitudes, mientras que el segundo ya era un guerrero experimentado y un hábil político. Probablemente Nur al-Din no dedicara más de unos instantes de atención al hijo de su general. Pero ninguno de los dos podría adivinar las repercusiones que tendría aquel encuentro en los siguientes años.

La familia de Ayyub tuvo suerte, pues apostaron al caballo ganador. Nur al Din ganó la lucha sucesoria, y la familia del todavía pequeño Salah-al Din fue recompensada por sus servicios: Ayyub se convirtió en el gobernador de Damasco. Shirku, en el comandante en jefe del ejército.

Bien, pasaron los años. Salah creció y estudió, destacando en Matemáticas, Teología y Astronomía. Al mismo tiempo, estaba cerca de su tío, y por lo tanto, cerca del ejército turco. Aquí tuvo la oportunidad de aprender su modo de lucha: el uso de los arqueros a caballo, las tácticas de caballería esteparia... Ningún detalle escapaba a su inquieta inteligencia. Mientras, Nur al-Din no dejaba de lanzar campañas contra los estados cruzados, convirtiéndose en una insigne referencia en el mundo islámico. Y no sólo estaba pendiente de los cristianos. Recordemos que, al otro lado del Sinaí, el califato fatimí se mantenía desafiante ante la ortodoxia religiosa que representaban los, ya únicamente representativos, califas abásidas. Egipto era todavía un país extremadamente rico, y también los cristianos no dejaban de medrar para apoderarse de él.

Pues bien, a su debido tiempo, en 1163, cuando Salah se convirtió en adulto y estaba listo para servir en el ejército, como por casualidad, llegó a la corte de Nur al-Din Shawar, antiguo visir del califato, depuesto por el nuevo visir, Dirgham. Recordemos que, aunque había un califa en aquel momento, llamado Al-Adid, era el visir, o Primer Ministro, quien gobernaba de facto. Debido a la fama del poder de Nur al-Din, Shawar le pidió tropas para recuperar su cargo. Nur al-Din supo enseguida lo que tenía que hacer. Llevaba mucho tiempo buscando la ocasión de entrar en Egipto, y Shawar le proporcionó un excelente “casus belli”. De modo que puso a su hombre de confianza, Shirku, al frente de un importante ejército, y lo envió a ayudar a Shawar. Salah acompañaría a su tío. Aquel día comenzó su leyenda.

Shirku no tardó mucho en deponer al enemigo de Shawar, y cuando éste tomó de nuevo e poder, quiso negociar la retirada de los turcos a cambio de dinero. Pero Shirku se negó. Tenía el permiso de Nur al-Din para decidir quedarse y conquistar el califato. Y Shawar, desesperado, se alió entonces con los cruzados, que también esperaban ansiosos una buena oportunidad para entrar con s ejército en Egipto.

El tío de Salah venció al ejército combinado cruzado-fatimí en una dura batalla en la que el propio Salah comandó el ala derecha. Tras ello, marcharon a Alejandría, donde la mayoría sunní les apoyaba (recordemos que los fatimíes eran chiíes) y se dispusieron a resistir un duro asedio. Nur al-Din atacó entonces desde el norte a los estados cruzados, y éstos tuvieron que abandonar Egipto. Finalmente, Nur al-Din firmó una paz con los cristianos que incluía la marcha de Egipto de Shirku y Salah. Shirku se sintió muy decepcionado, pues había estado a punto de lograr su objetivo.

Shirku intentó de nuevo conquistar Egipto cuatro años más tarde, y de nuevo las negociaciones de Nur al-Din con cruzados y con Shawar le impidieron quedarse. Sin embargo, la oportunidad definitiva llegó en 1168, cuando los cruzados, traicionando el pacto que tenían con Shawar, atacaron Egipto. Esto fue el fin del visir, ya que su alianza con los cristianos nunca había sido bien vista por la población. Esta vez, el propio califa tuvo que tomar las riendas. Al-Adid decidió pedir ayuda a Nur al-Din una vez más para expulsar a los cristianos y captuar a Shawar. En aquella ocasión consiguieron al fin hacer retroceder a los cruzados tras un combate indeciso y la posterior negociación. Shirku entregó en persona a Shawar al califa, que le condenó a muerte. En su lugar, nombró a Shirku visir del califato. Salah, mientras, atraía cada vez más miradas. Al año siguiente murió Shirku, y el propio al-Adid señaló a Salah al-Din como su sucesor. Así fue como un suní que debía lealtad al sultán turco de Siria se convirtió en visir del califato chií.

Pues bien, la elección de Salah no fue carente de controversia. Nur al-Din, tal vez consciente de que el sobrino era todavía más capaz que su tío, temió que adquiriera tanto poder. Presentó a un candidato más “controlable”, pero al-Adid se mostró inflexible. Salah al-Din se había ganado su confianza. La gente lo adoraba, y ante su nueva situación, el kurdo se comportó con dignidad, dejando todos los vicios, y tratando de corresponder al honor que le habían hecho.

Aquellos años fueron muy difíciles. Por un lado, en Egipto, las élites fatimíes estaban en contra suya por ser suní. Debía obediencia al mismo tiempo a dos señores, cada uno de diferente rama del Islam. Sufrió algunos atentados contra su vida, pero salió siempre ileso. Es de suponer que dormiría poco. Sufrió una terrible revuelta protagonizada por los soldados negros de los ejércitos fatimíes. Entonces, aprovechó para, una vez sofocarla, reformar el ejército califal, de modo que éste dejó de depender de los sudaneses y los mercenarios magrebíes para estar formado por tropas kurdas y turcas, absolutamente leales a él.

En ese momento comenzó una serie de exitosos ataques a plazas cristianas, que aumentaron su prestigio como líder islámico. Nur al-Din comenzó a temerse entonces que no podría controlar a su hijo indefinidamente. Después de todo, los estados cristianos separaban Siria de Egipto. Trató de reforzar su lealtad presionándole para que le asistiera en un asedio contra los Hospitalarios, con la amenaza de matar a su padre, pero Salah se retiró pronto. Nur al-Din le forzó entonces a desintegrar el califato fatimí como muestra de “sumisión” al califato abásida. Salah le dio largas, aduciendo que prefería esperar a que al-Adid muriera de forma natural. Esto ocurrió en 1171, y tras su muerte, Salah se convirtió en sultán de Egipto (nótese que “sultán” era un título que no tenía connotaciones religiosas, al contrario que “califa”), proclamando el sunismo como culto oficial de Egipto.

En teoría, Salah al-Din seguía siendo vasallo de Nur al-Din, pero en realidad, pronto se manejó de manera independiente. Comenzó a ampliar sus fronteras hacia Libia y llos dominios africanos de los almohades. También atacó y tomó parte de Yemen. Y continuamente se estuvo preparando para una posible invasión de Nur al-Din. Después de todo, sirios y cruzados le temían en aquel momento. Nada une más que un enemigo común. Y la verdad es que tal campaña se fraguó en 1174, pero el azar quiso que Nur al-Din falleciera antes de empezar. Su sucesor tenía sólo 11 años. Salah al-Din comprendió lo que debía hacer: reunió a sus tropas y se lanzó contra Siria.

Los defensores de la dinastía zénguida reunieron a sus tropas, y Salah se enfrentó a ellos en la batalla de Hama. Los derrotó contundentemente, y ya no tuvo más oposición. Con el “beneplácito” del califa-títere de Bagdad, Salah al-Din se convirtió en sultán de Siria y Egipto. Su reino rodeaba completamente a los estados cruzados. Su fama de hombre piadoso e invencible general le precedía. No tardarían entonces en empezar a temerle.

En los años siguientes se dedicó a reforzar sus dominios en Siria, en eliminar a los gobernadores y príncipes que aún se le oponían, y a extender su poder hacia los principados de Armenia y Kurdistán. A quien vencía, le obligaba a unirse a él en la “Guerra Santa” que parecía estar preparando. Incluso inició en 1175 una campaña contra la misteriosa secta de los Hashashin, pero la abandonó. Algunos cuentan que tomó la decisión tras despertar una mañana y encontrar una daga envenenada clavada en su cama con una nota de advertencia, sin que hubiera huellas el polvo de tiza con el que rodeó su cama, ni ningún guardia viera nada durante la noche.

Entre 1175 y 1180, Salah al-Din lanzó los primeros ataques a los estados cristianos: razzias, ataques por sorpresa. En 1179 ganó la primera batalla importante contra ellos, la del vado de Jacob. Pero finalmente volvió a establecer una tregua con ellos, pues sabía que no podía lanzar la guerra total que tenía en mente mientras no se asegurara el control de ciertas plazas en Mesopotamia, que le permitirán rodear completamente a los estados cruzados, al tiempo que mantener alejados a otros emires turcos que, desde Mosul o desde el sultanato de Rum, comenzaban a mirarle con desconfianza. De modo que en 1181 comenzó la conquista de dichas plazas, con enorme éxito. Tuvo noticias mientras de que los cruzados, en su ausencia, se dedicaban a saquear aldeas. Sin prisas, Salah se mantuvo fiel a su plan. Cuando ya sólo le quedaba Mosul por tomar, los turcos pidieron apoyo al califa de Bagdad para que convenciera a Salah al-Din de que levantara el asedio. Salah, ante el califa, les acusó de no luchar contra los cristianos, y de impedir que otros lucharan contra ellos. Le prometió que destruiría los reinos cristianos si los gobernantes zéngidas de Mosul no interferían. Finalmente, no la tomó, pero al menos se aseguró su neutralidad.

Por aquel entonces, Reinaldo de Chatillon, caballero franco, no cesaba de asaltar las caravanas sirias, violando la tregua con Salah. Se dice que en una de las asaltadas viajaba su propia hermana, aunque esto parece no ser del todo cierto. Se sabe que dirigió una flota corsaria que hundió un barco lleno de peregrinos con destino a La Meca. El caso es que Guido de Lusignan, rey de Jerusalén, sabía que Saladino no esperaría mucho más antes de lanzarse contra ellos. De modo que comenzó a reunir todo su ejército. Y en efecto, la respuesta de Salah al-Din se produjo en 1187. Atrajo a los cristianos, al mando de Guido, a una interminable marcha, evitando que usaran los pozos disponibles. . Medio muertos de sed, les plantó cara en la batalla de Hattim. En ella, provocó que los caballeros cristianos cargasen en el centro, y él dio instrucciones para que sus tropas se abrieran y les dejaran pasar. De este modo, los caballeros quedaron aislados del resto del ejército. Luego, un incendio provocado en las laderas del Hattim aisló a la infantería, mientras los arqueros montados turcos daban buena cuenta de los caballeros. Allí fue destruido el ejército cristiano. Sólo unos pocos caballeros lograron llegar a Jerusalén. Allí se dirigió Salah, y puso sitio a la capital de la Cristiandad en Tierra Santa. Allí, Balian de Ibelin, que había pedido permiso a Salah para entrar en Jerusalén y sacar a su familia, le pidió de nuevo permiso para romper su promesa y quedarse a defender la ciudad. Salah le liberó de su palabra. No obstante, a su debido tiempo, Balian capituló para evitar una masacre. Rindió la ciudad con condiciones el 2 de octubre de 1187. No hubo venganzas ni nada parecido a los desmanes que los cristianos cometieron cuando tomaron Jerusalén en la Primera Cruzada. Entró a orar en la mezquita de Al-Aqsa.

Así desapareció, ante el estupor de las cortes europeas, el reino de Jerusalén. Salah al-Din se convirtió en el más poderoso defensor del Islam, el que había devuelto la ciudad santa a los musulmanes.


LA TERCERA CRUZADA.

La conmoción que provocó la caída de Jerusalén provocó que en 1191 se lanzara una nueva cruzada con la intención de recuperarla. Esta cruzada amparó dos expediciones distintas: la de Federico I Barbarroja, emperador del Sacro Imperio, y la de Ricardo Corazón de León, rey de Inglaterra; Felipe Augusto, rey de Francia y Leopoldo, duque de Austria. El emperador fue por tierra, pero se ahogó cruzando un río, y su ejército dio media vuelta en Anatolia.

La segunda, en cambio, llegó por mar. Desembarcaron y pusieron sitio a San Juan de Acre. Se cuenta que Ricardo pidió a cada uno de sus soldados una piedra de la muralla. Para sorpresa de todos, tomaron la ciudad antes de que Salah al-Din tuviera tiempo para socorrerla. Después de su éxito, los otros líderes discutierono con Ricardo, y le abandonaron, dando media vuelta, de modo que se quedó solo. Ricardo avanzó y tomó Jaffa. Ejecutó a los que habían resistido sus asedios, para desprestigio de Salah al-Din, pues se dijo que éste retrasaba el pago del rescate una y otra vez. Además, con la ayuda de los caballeros Templarios y Hospitalarios, le venció en la batalla de Arsuff, terminando con el aura de invencibilidad que tenía Salah al-Din.

Ricardo incluso marchó hacia Jerusalén con su ejército, y venció al sultán en otra batalla, pero supo que con las fuerzas de que disponía, no podría mantener el asedio.

Para colmo, llegaron noticias de su país. Su hermano Juan Sin Tierra pretendía usurpar el trono, por lo que Ricardo se vio obligado a negociar con Salah. De modo que reconoció que Jerusalén seguía siendo musulmana, pero conseguía a cambio el paso franco a los peregrinos cristianos que quisieran ir a la ciudad. En 1192, Ricardo abandonó Tierra Santa, y fue capturado por Leopoldo de Austria, que lo retendría un año (tiempo en el que transcurre la historia de Robin Hood en el floclore inglés).

Salah al-Din murió al año siguiente. Sus descendientes gobernaron los territorios que habían conquistado, dando lugar a la dinastía ayyubí. Finalmente, el sultanato ayyubí fue depuesto por los mamelucos.

Salah al-Din será siempre recordado como un hombre justo y piadoso. Aparece incluso en la Divina Comedia, en el limbo, con otros Justos paganos, de donde no podía ascender al Cielo sólo por ser musulmán. A pesar de su religión, se convertiría en un ejemplo de caballero medieval por su moral, su piedad y su valor. También, fue sin duda uno de los mejores estrategas de su era. Reverenciado entre sus enemigos, incluso recibió un sarcófago de mármol desde el Sacro Imperio para que fuera enterrado en él.


SALADINO EN DBA.

La lista de los ejércitos de Salah al-Din es la IV/20, Ayyubid Egiptian. Esta lista refleja los ejércitos de Egipto desde que fue reformado por él tras la revuelta de los Zanj, o esclavos negros del sudán. Su ejército se basa en seis peanas de Cv, una de ellas general, que representan, a partes iguales, a mamelucos (tipo ghilmen, arqueros acorazados) y a la caballería kurda (lanceros acorazados). Después hay dos peanas de LH, que representan arqueros turcomanos a caballo; una peana opcional entre 3Ax (infantería kurda), 3Wb (ghazis o guerreros fanáticos religiosos) u Hd (mutawia, paisanos que luchaban por el botín y por la fe; dos peanas de Bw o Ps, que representan arqueros sudaneses, y una peana opcional de Ps (naffatum, o lanzabombas de mano) o LH (tropas beduinas).

Las Cruzadas III: Las órdenes militares

viernes, 19 de marzo de 2010

Saludos. En este artículo conoceremos algo de la historia de las principales órdenes militares que florecieron durante las Cruzadas. Hablaremos, por tanto, de la Orden del Temple, de los Hospitalarios y de la Orden Teutónica. El legado de estos monjes guerreros es inmenso y sumamente evocador. Mucho se ha escrito y fabulado sobre ellos en los últimos años, con más o menos acierto. Nos centraremos, sin embargo, en los datos históricos reales, que ya, de por sí, son lo suficientemente interesantes, sin añadir ninguna temática conspirativa.


LA ORDEN DEL TEMPLE

Bien, estamos de nuevo en el recién fundado Reino de Jerusalén. Godofredo de Bouillon, acaba de morir, y su hermando Balduino I se convierte, ahora sí, en rey. En ese momento, Balduino no tiene muchos recursos, y duras penas intenta controlar el territorio.

Sin embargo, la noticia de la conquista de la ciudad había llegado a Europa, y miles de peregrinos se dirigieron a Tierra Santa. El viaje aún era peligroso, sobre todo en el último jalón: el camino desde el puerto de Jaffa hasta la ciudad santa. Pues bien, en aquel momento, 1115, un piadoso caballero llamado Hugo de Payens, y su colega, Godofredo de Saint-Adhemar, conciben la idea de crear una orden religiosa que escolte a los peregrinos en este trayecto. Fueron a ver al Rey de Jerusalén, y a éste le pareció una excelente idea. Después de todo, el grueso de los cruzados había tomado el camino de regreso a Europa, y sólo unos pocos se quedaron para formar las fuerzas militares del reino. Como acababa de mover su palacio a la Torre de David, dejando las instalaciones de la mezquita de Al-aqsa, cede este espacio a la recién formada orden. La mezquita de Al-aqsa estaba (y está) donde antes estuvo el Templo de Salomón. De ahí tomó el nombre la orden: los Pobres Caballeros de Cristo y Templo de Salomón. Y tan pobres. La primera “promoción” estaba formada por nueve caballeros en total, y su séquito. No más de cuarenta personas. Podemos imaginar por tanto a aquellos nueve nobles caballeros, patrullando el polvoriento y peligroso camino desde Jaffa, protegiendo a los grupos de peregrinos a riesgo de sus propias vidas.

Bien, el patriarca de Jerusalén había autorizado la creación de la orden otorgándole una regla inicial de setenta y cinco artículos. Balduino escribió a los reyes y nobles de Europa solicitando contribuciones para la nueva orden. Hugo volvió también a Europa a apoyar la campaña. Y así, mediante donaciones y regales, la orden adquirió rápidamente un gran patrimonio, y comenzó a implantarse por toda Europa para gestionar los señoríos y encomiendas que recibían, explotándolos y administrándolos sabiamente, y enviando un flujo continuo de excedentes y beneficios al cuartel general.

Así fue cómo se enriqueció la Orden del Temple. No tuvo nada que ver con misterios ni conspiraciones. Fue, en mi opinión, el fruto del espíritu de los tiempos: esa atmósfera especial y cambiante que hace prosperar ideas que en otro momento hubieran sido desechadas. Si nos imaginamos en aquella época de fervor cristiano, y nos viene un noble caballero a pedir contribuciones para una orden que protege a los peregrinos, lo más seguro es que nuestra respuesta fuera: “¡Claro que sí!”.

Entre 1128 y 1145, la Orden recibió su regla definitiva, así como numerosos priviliegios por parte del Papa: sólo respondían ante él, quedan libres de la jurisdicción de los obispos. Podían tener sus propias fortalezas, capellanes y ejércitos. De modo que, aplicados en los negocios, y disfrutando de una vida sencilla y sin lujos, los Templarios comenzaron a ganar mucho dinero, incluso con labores de banca. Y todo ese dinero se enviaba a Tierra Santa, para proseguir las campañas, mantener las guarniciones, y seguir cumpliendo con su tarea principal: la escolta de peregrinos.


LA ORDEN DE LOS HOSPITALARIOS.

Aunque la orden templaria es más conocida, el hecho es que la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén es un poco más antigua. Se fundó en 1084, antes siquiera de que fuera proclamada la Primera Cruzada. Su origen lo tuvo en un comerciante amalfitano que solició al califa Husyafer permiso para construir un hospital para peregrinos. Recordemos que antes de la llegada de los Seljuk y de que los fatimíes controlaran Palestina, el califato abásida era quien gobernaba aquellas tierras, y las diferentes religiones y peregrinos eran permitidos. Por lo tanto, el hospital se construyó junto a la Iglesia del Santo Sepulcro, y fue consagrado a San Juan.

En sus primeros años, la orden estuvo centrada en su función hospitalaria, curando a los peregrinos que hasta aquellas lejanas tierras llegaban. Entonces llegaron los fatimíes, los turcos y la Primera Cruzada. En aquellos años turbulentos, la orden vio el nacimiento de los Templarios, pero siguió siendo hospitalaria, hasta el gobierno de su segundo Gran Maestre, Raimond du Puy, en 1127. En ese momento, con las dificultades que tenía Balduino para encontrar tropas, la orden cristaliza como una organización militar al estilo de los Templarios.

En 1142, reciben permiso para instalarse en una antigua fortificación musulmana cerca de Trípoli. Allí, los Hospitalarios construirían una de los más hermosos castillos jamás concebidos: Krak de los Caballeros, una fortaleza de una belleza verdaderamente onírica.


LOS CABALLEROS TEUTONES

Para hablar de esta orden necesitaremos adelantarnos algo en el tiempo. Los Caballeros Teutones nacieron al calor de la tercera cruzada, la de Ricardo Corazón de León, de la que ya hablaremos en próximos artículos. Se fundó en San Juan de Acre, en 1190, después de que el bravo Saha-Laddin, o Saladino hubiera conquistado Jerusalén. Sus comienzos estuvieron dedicados, al igual que sus semejantes, al cuidado caritativo de los peregrinos, pero en 1192 se reformó para darle carácter militar. En 1198, el Papa la reconoció oficialmente.


LAS ÓRDENES MILITARES Y LOS ESTADOS CRUZADOS

Bueno, como ya hemos comentado anteriormente, ya desde los comienzos del reino de Jerusalén, sus reyes tuvieron un serio problema a la hora de defender los territorios conquistados. En efecto, una vez se apagó el ímpetu de la Primera Cruzada, la mayor parte de los caballeros y soldados decidió regresar a Europa. Y aunque el flujo de voluntarios y peregrino era constante, la población europea residente en los estados cruzados nunca tuvo mucha estabilidad.

Los que se asentaron, se establecieron como una clase social separada del resto, que heredó los privilegios de los que disfrutaban los gobernantes musulmanes. Aunque en Jerusalén fueron expulsados, en el resto de tierras siguieron viviendo de acuerdo al régimen de propiedad previo.

Además, con la nueva generación nacida en Tierra Santa, pronto dejaron de verse como occidentales extranjeros. Esta clase europea se orientalizó rápidamente, tanto cultural como lingüísticamente.

Como consecuencia, cuando el estado cruzado necesitaba reunir un ejército, éste resultaba muy pequeño en número de nobles laicos que acudieran con su séquito. Y es en este contexto donde las órdenes religiosas adquirieron un papel protagonista en la formación de ejércitos cristianos. Porque Templarios y Hospitalarios disfrutaban de una estructura plenamente militar en Tierra Santa, por más que en Europa predominara su faceta más monacal. Por lo tanto, las tropas que aportaron fueron indispensable para los reyes de Jerusalén, condes de Edesa y príncipes de Antioquía.

Los destacamentos organizados por las órdenes a menudo se ponían al servicio del general al mismo tiempo desde dos órdenes distintas. Os podéis imaginar que Hospitalarios y Templarios se miraban con frecuencia de reojo con cierta desconfianza. En ocasiones, esto afectó negativamente al desarrollo de las batallas.

En cuanto a la organización de las tropas, los Templarios fueron los creadores del modelo, copiado posteriormente por las demás órdenes. El núcleo de sus tropas estaba formado, por supuesto, por los caballeros. Los beneficios de los negocios en Europa se invirtieron en un excelente equipo y entrenamiento militar. Por lo tanto, formaban escuadrones de caballería pesada especializados en la carga.

Pero obviamente, en Oriente Medio pronto se dieron cuenta de que necesitaban modificar las tácticas frente a los ligeros ejércitos de los turcos seljuk. Por lo tanto, los Grandes Maestres organizaron también cuerpos de infantería auxiliar. Básicamente estaban formados por lanceros a pie, llamados “sargentos”, y un gran número de ballesteros a pie y arqueros a caballo turcopolos. Los turcopolos eran tropas locales, tanto turcos cristianizados como sirios o armenios, equipados como caballería auxiliar, que luchaban como arqueros a caballo o como segunda línea de carga, más veloces que los caballeros, para poder dar alcance a los rápidos enemigos turcos. Los turcopolos eran mercenarios, y dentro de la orden, respondían ante un caballero llamado Turcopolier, el jefe de los mercenarios, que se encargaba de contratarlos y dirigirlos en batalla.

A pesar de los grandes esfuerzos económicos de las órdenes, estos ejércitos de élite en realidad no eran muy numerosos. Se sabe que los templarios llegaron a mantener seiscientos caballeros, algo más del doble de sargentos y alrededor de dos mil mercenarios. Obviamente, no eran suficientes para mantener una estrategia ofensiva en Tierra Santa. Por ello, después de su aparición como fuerzas militares efectivas, la estrategia de los líderes cristianos fue defensiva, basándose en líneas de fortificaciones que protegían las rutas de invasión de los turcos seljuk o de los fatimíes y, posteriormente ayubíes, de Egipto. Por ello, el siglo XII es la era de los castillos de Templarios y Hospitalarios: Krak de los Caballeros, Montfort, etc.


LAS ÓRDENES MILITARES EN COMBATE

En el siglo XII, el modo europeo de combate estaba basado casi exclusivamente en los carga de caballeros más o menos descontrolada. Pero cuando tuvieron que presentar batalla antes los ágiles turcos, aprendieron con dolor que aquel tipo de guerra no era la más adecuada. Los turcos evadían y hostigaban con sus arqueros a caballo, y sólo atacaban cuando buena parte de los caballeros ya habían mordido el polvo, habían sido separados del resto de ejército gracias a sus incontroladas cargas y estaban agotados e indefensos.

Con la experiencia, las órdenes militares fueron las que perfeccionaron las estrategias, adaptando a Oriente el modo de combate de los caballeros. Y así, aunque éstos eran la fuerza principal, definieron mejor el papel de la infantería de apoyo, y sobre todo, la caballería auxiliar.

Para empezar, se dieron cuenta de que debían lanzar las cargas muy controladas, en lugar de lanzarse a lo primero que veían, como se había hecho antes. Los caballeros templarios hacían muchos ejercicios en formación para mantener la cohesión, y basaron su comportamiento en el campo de batalla en la disciplina. En todo momento estaban organizados por escuadrones, y cada uno seguía a un gran estandarte de batalla llamado “Beau Seant”. En el polvoriento y confuso combate, los caballeros seguían ciegamente al estandarte. Era un objeto sagrado para los caballeros, y tras él se lanzaban a la carga o bien se detenían o cambiaban la dirección del galope. Si un escuadrón perdía su “Beau Seant”, tenían órdenes de unirse a otro, el más cercano, aunque perteneciera a otra orden, con tal de no quedar sin nadie que les dirigiera. Obviamente, el portaestandarte debía ser un oficial veterano, con la suficiente sangre fría para tomar importantes decisiones durante la batalla.

Por otro lado, la función de la infantería, los ballesteros y, sobre todo, los turcopolos, consistía en estorbar las maniobras de envoltura que solían hacer los enemigos. Los lanceros podían proteger la retaguardia, los ballesteros ahuyentar a la caballería ligera enemiga, y los turcopolos, acosarla hasta hacerla retroceder.

En la doctrina de las órdenes militares, los caballeros tenían prohibido dar cuartel o pedirlo. Si se rendían, sabían que la órden no movería un dedo por rescatarles. Los turcos lo sabían, y solían torturar a los pocos que capturaban vivos, y luego decapitarles. Una poderosa guarnición templaria de ochenta caballeros fue decapitada en una ocasión en la que fuer tomado un puesto de defensa, a pesar de que se les había prometido salvar la vida a cambio de la apostasía.


LAS ÓRDENES DESPUÉS DE LAS CRUZADAS.

Las diferentes órdenes sufrieron una suerte dispar, sobre las que se han forjado muchas leyendas. Aunque veremos con más detalle la historia después de la Primera Cruzada, os adelantaré que en 1187, Saha-Laddin, o Saladino, derrotó aplastantemente a los ejércitos cristiando en la batalla de Hattim. Nobles, caballeros templarios y hospitalarios perecieron allí. Meses después, tomó la ciudad de Jerusalén, y pronto cayeron otras ciudades como Acre, Jaffa, etc. Esto provocó en Europa la proclama de la Tercera Cruzada, en la que participó Ricardo Corazón de León. Bien, cuando éste llegó a Tierra Santa, tomó la ciudad de Acre, y puso sitio a Jerusalén. Sin embargo, las noticias de Inglaterra (su hermano Juan “Sin Tierra”, el malo de “Robin Hood”) le obligó a firmar la paz con Saladino. Por lo tanto, Jerusalén siguió en manos musulmanas, aunque el tratado permitía a los peregrinos llegar a la Ciudad Santa.

Lo que Saladino no estaba dispuesto a tolerar era la presencia de las órdenes militares. Éstas se retiraron a Acre primero, y cuando ésta cayó, a Chipre. Los Templarios y Hospitalarios siguieron lanzando ataques e intentando conseguir una nueva cabeza de playa en Palestina, pero entonces, los apoyos europeos comenzaron a flaquear. De repente, los reyes y el Papa ya no estaban tan interesados en Oriente Próximo. Los mercaderes italianos tenían establecidas ya sus rutas hacia Oriente, por lo que no estaban dispuestos tampoco a apoyar más guerras. De hecho, ellos fueron los que dirigieron la Cuarta Cruzada contra ¡Bizancio!, en lugar de Jerusalén.

Pero aquella nueva política no era fácil de asimilar por las órdenes. Su misma esencia se basaba en la guerra contra el infiel. No podían aceptar aquella situación. Sobre todo los templarios.

Éstos siguieron luchando cuando ya nadie más quería atacar, gastando en ello todos los beneficios de sus posesiones. Habían seguido prestando dinero, y el más endeudado con ellos era el rey Felipe IV de Francia, que, a su vez, tenía al Papa bajo su completo dominio. Por ello, basándose en acusaciones falsas lanzadas por un renegado templario, consiguió que fueran detenidos y procesados con acusaciones más que disparatadas. La detención masiva se realizó el viernes 13 de octubre de 1307. El proceso se alargaría aún unos años más, hasta la disolución definitiva en 1312. El Papa apoyó al rey francés, y así fue como desaparecieron los Templarios, su patrimonio se repartió entre los reyes de los países donde tenían propiedades, la Iglesia, y otra orden rival: los Hospitalarios.

Los Hospitalarios, una vez rendidos en Tierra Santa, volvieron a su labor original de atención a los peregrinos en los hospitales de la orden. En 1310, se intaló en Rodas. Desde ese momento, la orden pasó a ser conocida como los Caballeros de Rodas. Desde allí siguieron ejerciendo labores de “piratería” con su potente flota contra los turcos, hasta que en 1522, Solimán el Magnífico tomó la isla, y éstos huyeron a Malta. Después de 1530, sufrieron otro gran asalto otomano, del que sólo fueron salvados por la respuesta del Imperio Español, que se lanzó al rescate.

Desde entonces, la orden ha seguido existiendo, llamándose ahora la Orden de Malta, dedicada a las labores humanitarias. Un ex-forero que muchos de nosotros conocemos nos puede contar que estuvo presente en una cena de entrada en la orden de un nuevo miembro.

Los Caballeros Teutones fueron los primeros en abandonar la causa de Tierra Santa. En 1291, tras la última conquista de Acre por los musulmanes, se retiraron a Transilvania, de donde fueron expulsados de nuevo por Andrés II de Hungría. Entonces se asentaron definitivamente en Prusia, donde se les otorgó un estado propio, y comenzaron las Cruzada Bálticas, contra el reino de Polonia, el ducado de Lituania y otros pueblos bálticos no cristianizados. Después de la derrota de Tanneberg, en 1410, entraron en decadencia, que culminó en 1525, con la conversión al Protestantismo del Gran Maestre Teutón. Sus tierras fueron secularizadas para formar el Gran Ducado de Prusia, y la orden siguió existiendo hasta hoy, asociada a la casa de Habsburgo hasta la Primera Guerra Mundial, y por libre posteriormente, dedicada a labores humanitarias.


ÓRDENES MILITARES EN DBA

Para el periodo de las Cruzadas, la lista a usar es la IV/17, Cruzados Tardíos. Esta lista puede hacerse tanto para representar el ejército de una sola orden, o bien, un conjunto de caballeros seculares, Templarios, Teutones y Hospitalarios. Consiste en tres peanas de Kn, una de ellos general. Éstos son los caballeros. Luego hay una peana opcional de Cv (turcopolos) o Kn (más caballeros. Luego hay cinco peanas de sargentos (lanceros a pie, Sp). Por último, tres peanas de ballesteros, tanto seculares (3 Cb) como de alguna orden (4Cb), y una peana de arqueros Bw, que son arqueros mercenarios sirios o turcos.

Los fabricantes más conocidos para este periodo son Legio Heroica, Essex, Old Glory y Minifigs, aunque hay muchos más.


Batalla de Cunaxa para BBDBA

sábado, 20 de febrero de 2010

Saludos. En el grupo de juego en el que estoy decidimos hacer una gran batalla histórica, pues todavía teníamos el buen sabor de boca que nos dejó Gaugamela. De modo que preparé el siguiente escenario:

Hay dos bandos: Artajerjes II (defensor) y Ciro, el Joven (atacante). Se usarán las reglas habituales de BBDBA, con las siguientes excepciones:
El flanco izquierdo de Artajerjes estará ocupado por un río. Se pondrá la mínima escenografía adicional que permitan las reglas, incluyendo el río.
a) Ejército de Artajerjes: Se compone de 3 mandos de la lista II/7. Persas aqueménidas tardíos.
1.Tisafernes, flanco izquierdo: Cv(gen), 2 Cv, 3Sch, 4Ax 2Ps, Campamento. El campamento se desplegará en contacto con el río.
Órdenes: detener a los mercenarios griegos y evitar que llegen al campamento persa.
2. Artajerjes II. Cv (CinC) ,4Ax, 4Sp, 2Cv. Los Ax se desplegarán a continuación de la línea de Tisafernes. Artajerjes debe quedar en el centro de la mesa.
3. Orontas. Cv (gen), 2Cv, 6 LH, 4 Ps

El dado más alto será para Tisafernes, el segundo más alto para Artajerjes y el menor para Orontas.

b)Ejército de Ciro: Un mando de II/7 Persas aqueménidas tardíos y otro de II/5(i), hoplitas tardíos, , con la opción de 1Cv y 3 Ps. Ciro será el CiC.
El mando hoplita desplegará pegado al río. El mando de Ciro, a continuación. El campamento también estará pegado al río.

Reglas especiales:
a) El Gran Ejército Real.- El ejército de Artajerjes es tan grande que apenas puede controlarlo. Todos sus generales tienen un rado de mando efectivo de 600 pasos.
b) El mejor hombre: Ciro es un gran general. Siempre tirará dos dados de PIP y elegirá el más alto. Además, su mando sólo se romperá si él muere O si pierde seis peanas, en lugar de cuatro.
c) "Si vencemos aquí, estará todo hecho...". Ciro tiene un +1 adicional al +1 por ser general cuando luche contra cualquier Cv del ejerćito contrario. Además, perseguirá automáticamente a la peana de Artajerjes II como si fuera impetuoso.

Condiciones de victoria:
Artajerjes obtiene Victoria Total si consigue romper los dos mandos enemigos.
Ciro ganará si rompe el ejército enemigo según las reglas o mata a Artajerjes en cualquier momento.
Se producirá un empate si se rompe el mando de Ciro pero el mando griego todavía no se ha roto y, además, consigue asaltar el campamento persa.


Con las minis ya preparadas, nos reunimos Fran, Fernando y yo, y sorteamos los bandos. Fran jugaría con Ciro y los griegos; Fernando, con Artajerjes y Orontas y yo, con el ladino Tisafernes. La partida se celebró en la tienda física de E-Minis.
Bueno, pues tras la lectura "obligada" de la descripción del despliegue en la "Anábasis" de Jenofonte, visiblemetne emocionados, comenzamos a desplegar. Éste fue el resultado.
Pinchad en la foto para verla más grande. En la parte derecha está el enorme ejército de Artajerjes II. En la parte inferior, Tisafernes, junto al Eúfrates. En el centro, toda la infantería, y detrás, Artajerjes en persona y su escolta de 6.000 jinetes. En el extremo superior, Orontas, con el resto de la caballería.
En el parte derecha, el ejército de Ciro, muy inferior en número. El mando griego en la parte inferior, frente a Tisafernes, y el de Ciro, en el centro, extendido al máximo para retrasar en lo posible el posible movimiento envolvente que podría iniciar el mando de Orontas.
Aquí os dejo una perspectiva de los feroces mercenarios de Ciro, ésos que, una vez acabada la batalla, comenzarían la lenta y amarga retirada que nos narra en primera persona nuestro buen amigo Jenofonte.
Bien, pronto comenzó la batalla. Los dados nos trataron muy mal, y salvo el mando de Tisafernes, el resto del ejército persa se tuvo que conformar con un único PIP. Por lo tanto, sólo hubo avances. Mi mando, el de Tisafernes, tenía todos los carros falcados. En el primer movimiento los acerqué al río para golpear el extremo de la línea de hoplitas, y luego rematar el trabajo con mi caballería. Tal que así:
Pronto vi lo difícil que lo tuvo Tisafernes. No tenía espacio para maniobrar. Estaba obligado a cargar de frente contra un muro de griegos violentos con algo de caballería y una infantería muy inferior, sin espacio para envolver su línea. Si los carros falcados no conseguían abrir un hueco que yo pudiera explotar, lo tendría muy difícil. Mientras, el resto de líneas se aproximaban cautelosamente.
Bien, en mi flanco, dos carros murieron sin efecto, pero el central eliminó una peana de hoplitas. No estaba mal, teniendo en cuenta que me enfrentaba al general en persona, apoyado por psilois. El hueco dejó aislada una peana de hoplitas cerca del río. Era la mía. Lancé a la caballería a terminar el trabajo, mientras mi infantería se batía con el resto de hoplitas para proteger a mi general. Mientras, Fernando avanzaba con sus escasos PIPs hacia Ciro. Y Fran desplegaba su línea, de manera que su infantería bárbara (Ax) quedaba frente a la de Artajerjes, mientras él, con su caballería, se situaba a medias entre el mando de Artajeres y el de Orontas, en un lugar donde la línea era delgada, y los enfrentamientos le eran favorables. Lanzó su único carro falcado intentando abrir un hueco, pero fracasó. Observad también las dos LH de Ciro, a la izquierda, en el borde superior. Con esas dos peanas intentó retrasar el mando de Orontas, que, dado que recibía siempre el dado con menos PIPs, no podía maniobrar mucho, y sólo pudo ir cargando de frente.
Bien, a continuación, en mi flanco, el más cercano de la foto, Fran destacó un Ps para pillar a mi carro y sacarlo del combate. Esto le dio mucho tiempo. Yo hubiera podido girar el carro y hacer empanadilla de hoplita con mi caballería por el frente, pero al atacar el carro con el Ps, se aseguró que acabaría persiguiéndolo hasta el final de la mesa o bien, perdería el carro. Buena jugada.
En el flanco de Orontas, éste al fin carga contra las ligeras de Ciro. Pero nada definitivo ocurre. Las LH de Ciro aguantan estoicamente, una y otra vez.
Finalmente, Ciro enseña sus colmillos. Carga a la LH de Orontas y a los Ax de Artajerjes. Como Orontas está luchando con las LH de Ciro en el extremo de la mesa, y tiene muy pocos PIPs, no puede apoyar demasiado bien la lucha, y Ciro se aprovecha. Artajerjes envía una peana de Ax para ayudar, pero no es suficiente. Mientras, en mi flanco, Tisafernes atraviesa las líneas de hoplitas por el hueco y ataca a la segunda línea, a los Ps que dan apoyo trasero. Un retroceso hubiera acabado con el general griego, pero la pendiente y los dados juegan a su favor y se mantiene en su sitio, rechazando a la caballería persa.
En mi flanco, los Ps griegos aguantan más de lo esperado. Hacen retroceder a mi general y rodean el carro falcado, pero ya estoy a un paso del campamento griego. Mientras, Ciro sigue haciendo daño en el extremo de las líneas de Artajerjes y Orontas, mientras que las LH de Ciro rechazan una y otra vez todos los ataques con flanqueo de Orontas. Eso sí que es motivación.

En el turno siguiente, Ciro se ventila dos Ax, y Artajerjes tiene que enviar a sus jinetes a cerrar el hueco. El destino conspira. Los dos hermanos están cada vez más cerca. La lentitud de Orontas en apoyar con sus tropas resulta clave. Aun así, Fernando se las apaña bien sólo con las tropas de Artajerjes. Aprieta los dientes, y lucha.Mientras, finalmente consigo ir ganando en mi flanco. Dos Ps mueren frente a mi general y aplastados contra su campamento. El mando griego está a una sola baja de romperse, y tengo caballería en la retaguardia de la línea griega. Es sólo cuestión de tiempo. ¿O no? Mientras, el tiempo se nos acaba en el centro. Ciro, aprovechando su mayor número de PIPs, consigue detener o zoquear a todas las plaquetas enemigas necesarias para no verse amenazado. Ciro, sin exponerse todavía, se dedica a solapar a un enemigo a cada lado, mientras sus fieros jinetes hacen el trabajo. ¡Así no hay manera!

Fernando decide usar otra táctica. Como vencer al escurridizo Ciro está muy difícil, comienza una fuerte ofensiva contra la infantería de éste, con la esperanza de obtener suficientes bajas para romper su mando. Dispone de más tropas, y más refuerzos. Su cambio da frutos. La infantería Ax de Ciro pierde su primera peana.
El centro de Artajerjes es un confuso y polvoriento combate. Las peanas van adelante y atrás. Ciro lleva una LH del extremo de su línea a reforzar su centro, y consigue, con éxito, matar a otra peana de Cv de Artajerjes. Ya no hay nada entre los dos hermanos, que están en contacto esquina con esquina. Sin embargo, Fernando no se amilanó. Decidió no retroceder con el Rey, sino llevar más peanas al combate de donde pudiera. El Rey de Reyes no podía huir ante su enemigo. Para colmo, la infantería de Ciro aguanta una y otra vez. Apenas pierde una peana más.
¡Los griegos se rompen! Tisafernes da buena cuenta de la última peana de hoplitas necesaria para romper a los griegos. Justo a tiempo, porque ese mismo turno había perdido a su tercera peana. Una más, y sería Tisafernes el roto. Pero los griegos desmoralizados ya no son una amenaza. El ejército rebelde se tambalea. Ahora todo depende de Ciro. Orontas consigue una buena tirada, y lleva LH a apoyar al Rey. La caprichosa Fortuna se decanta por uno u otro bando según el turno.

Fran, que estaba realizando una brillante aproximación a Artajerjes, en una maniobra difícil de imaginar, se coloca a su lado, con el mismo encaramiento, para pillar a la LH de Orontas que, contacta por una LH de Ciro, y solapada por un Ps, tras acudir al rescate del Rey, murió empujada contra el frente de Ciro.Y finalmente, Ciro, que fue más rápido en llevar apoyos al combate, pilla a Artajeres, y, cambiando la Historia, lo mata. Ciro es el nuevo Shahansha.
Asombrosa partida. Fernando se defendió con uñas y dientes y estuvo a punto al final de romper el mando de Ciro con su infantería. Sólo faltaron dos peanas más. Y los griegos, destruidos. Todo ocurrió al revés que la Historia.
Pero estamos muy contento con el escenario. Realmente pudo ganar cualquier bando. Pensamos que está muy equilibrado.
En fin, hasta la próxima.

Las Cruzadas II: Los estados cruzados y el Reino de Jerusalén.

miércoles, 20 de enero de 2010

Saludos. En el pasado artículo dejamos a los protagonistas de la Primera Cruzada reuniéndose victoriosos tras la batalla de Dorilea. Pues bien, proseguiremos la historia desde ahí.
Los ejércitos cruzados, tras inflingir la primera derrota a los turcos, prosiguieron su camino hacia Siria y Palestina atravesando Asia Menor hacia el sur. Aquél fue un largo y cálido verano para Bohemundo, Godofredo, Balduino, Raimundo y sus respectivas huestes. A la escasez de agua y comida, que fue minando las fuerzas y los ejércitos, cobrándose numerosas almas en su avance, los cruzados sumaron también su tácita rivalidad por ser el verdadero líder de la expedición. Ni siquiera sabían a ciencia cierta si tendrían éxito, o si al menos podrían llegar a Siria, y ya estaban conspirando para el reparto de un botín todavía inexistente. Y todavía quedaba el feo asunto de la promesa que se vieron obligados a hacer al emperador Alejo Conmeno de restablecer las tierras conquistadas al imperio romano oriental. Todo aquello apestaba enormemente.
Por el camino, los cruzados todavía tuvieron tiempo de tomar algunas pequeñas ciudades, que sólo mantuvieron unos años, e incluso lucharon otra batalla contra los turcos, que también les fue bien. De hecho, sólo el combate les iba bien, pues todo lo demás eran hambre, sed, saqueos, robos, violaciones y todos los males que portan la guerra y sus tareas, y las luchas internas.
¿Y los turcos? Pues nada. Mientras los cruzados avanzaban hacia el sur, el sultanato de Rum adoptó la táctica de “a enemigo que huye, puente de plata”. Los cruzados iban hacia Siria, que pertenecía a otro reino seljuk, resultante de la división del gran imperio turco Seljuk. Por lo tanto, el sultanato de Rum no presentó una resistencia organizada a la marcha de los cristianos hacia el sur.
Dado que los generales cristianos eran conscientes de que carecían de poder individualmente para imponerse sobre los demás, los más previsores comenzaron a mirar hacia otro lado, buscando botín, tierras y fortuna más fáciles de conquistar. De ese modo, Balduino, el hermano de Godofredo, fue el primer en poner tierra de por medio, y deseando suerte a los demás, se separó de la expedición una vez cruzaron las puertas cilicias, el mismo sitio por que ya pasaron Jenofonte y Alejandro Magno, siglos antes.

BALDUINO Y EL CONDADO DE EDESA.
Balduino se dirigió hacia el este, hacia Armenia. Bien, en aquel momento, era una provincia turca, con capital en Edesa. El gobernador de la provincia se llamaba Teodoro de Edesa, había sido mantenido por los turcos en su lugar, y era cristiano ortodoxo griego. Puede que os sorprenda, pero Armenia fue uno de los primeros territorios verdaderamente cristianos de la Historia, y ya tenían su propia iglesia ortodoxa armenia, y no les gustaban un pelo los ortodoxos griegos. El tal Teodoro debió ser un tipo de cuidado, porque tan pronto como los turcos le permitieron mantener su puesto en 1094, se rebeló y trató de hacer de su ciudad un estado independiente. Aisló a la guarnición turca del interior mientras soportaba el asedio exterior. Y, aunque éstos lograron irrumpir en la ciudad, Teodoro se las apañó para expulsarlos de nuevo, de modo que la guarnición interior tuvo que capitular, y así, el ortodoxo griego fue reconocido como Señor de Edesa a regañadientes por sus habitantes.
Pues bien, los turcos no tardaron en volver a la carga, Teodoro de Edesa tuvo noticias del ejército cruzado que se dirigía a Antioquía. Les envió un mensaje pidiendo ayuda, y, como ya hemos dicho, Balduino decidió acudir en su ayuda, pues siendo normando, y por lo tanto, vikingo, se olió el negocio rápidamente. Y para hacer una entrada triunfal, conquistó la fortaleza de Turbessel, el lugar desde el que se gobernaba la provincia al otro lado del Eúfrates.
Balduino interpretó el papel de su vida, y causó una profunda impresión en Teodoro. El viejo ortodoxo griego no tenía descendencia, y el normando, ejerciendo todo el encanto que pudo, convenció a Teodoro para que lo convirtiera en su heredero, y así la ciudad no cayera en manos turcas fácilmente si “por desgracia” le pasaba algo. ¿Adivináis qué pasó? Pues que no mucho después de le adoptara como heredero a Balduino, “casualmente”, una oscura conspiración cristiana ortodoxa armenia consigue tener éxito, y Teodoro es asesinado, lo que convierte a Balduino directamente en Señor de la Ciudad. De modo que, adoptando el título de Conde de Edesa, Balduino es el primero en crear un estado cruzado en tierra de infieles, en el año 1098.

ANTIOQUÍA Y JERUSALÉN.
Mientras Balduino marchaba a Armenia, el resto de los cruzados siguió su camino. Su primer objetivo era conquistar Antioquía, la riquísima y enorme ciudad fundada por los reyes de la casa de los Seleúcias. A finales del 1097 llegan a Antioquía y establecen el sitio. Pero la ciudad era tan grande que el ejército cruzado, bastante menguado por las penurias, no podía rodearla completamente. Antioquía podía seguir recibiendo ayuda del exterior. Nada hacía pensar que la ciudad fuera a caer. Pero resultó que no había tal ayuda que pudiera llegar a tiempo.
La ciudad estaba gobernada por el turco Yaghi-Siyan. Recordemos que Siria estaba dividida en pequeñas ciudades estados independientes, casi todas gobernadas por dinastías turcas, aunque algunas seguían en poder de dinastías beduinas. Pero no había un poder centralizado que organizara una expedición de rescate del tamaño necesario. Cada ciudad mantenía su propio ejército, y ninguna estaba dispuesto a enviar muchas fuerzas a socorrer a otra ciudad, pues esto podría debilitarlas frente a sus vecinas. La estrategia de Yaghi-Siyan consistió en pedir ayuda ciudades como Alepo y Mosul, mientras con sus propias fuerzas dificultaba las operaciones de abastecimiento de los cruzados.
Sin embargo, la situación para los cristianos tampoco era muy favorable. Sin apenas sustento, acosados en sus movimientos por los turcos, el asedio se mantuvo a duras penas. A costa de mucho sufrimiento y sacrificio, los cruzados consiguieron rechazar todas las expediciones de socorro que se acercaron desde el exterior, pero no tenían fuerzas para tomar la ciudad por sí mismos. Además, Raimundo y Bohemundo enconaron su enemistad personal, pues ambos ansiaban conquistar Antioquía para sí mismos, y no para devolverla a los bizantinos. La ciudad sería un fabuloso trofeo para el que la tomara.
Finalmente, tras ocho meses de asedio, en los primeros días junio de 1098, Bohemundo consiguió contactar con alguien dispuesto a entregar la ciudad por traición. Se trataba de un armenio, guardia personal de Yaghi-Siyan. La maniobra salió bien, y los cruzados se colaron en el interior de la ciudad. La guarnición del gobernador se replegó al interior de la ciudadela, dispuestos a resistir. Y fue justo a tiempo, porque en ese momento, una coalición de tropas de Kherboga, el gobernador de Mosul, y un ejército enviado por los fatimíes, se dirigía a Antioquía para resolver la situación.
De modo que los cruzado se vieron asediando la ciudadela de Antioquía mientras turcos y fatimíes les asediaban desde el exterior de la ciudad. La desesperación de los hombres iba en aumento conforme su situación empeoraba. Sólo un milagro podría salvarles. Y parece que eso fue lo que ocurrió.
“¡La Lanza de Longinus!”, proclamo un monje de la expedición cuando mostró su hallazgo en la ciudad a los generales. “¡Aquí está la Lanza Sagrada!”. El rumor se corrió por todo el ejército. Habían encontrado la Lanza Sagrada, y eso era una señal inequívoca del Cielo. Vencerían a los infieles. De modo que, sacando fuerzas de flaqueza, el ejército cruzado salió al combate dispuesto a todo. Y vencieron.

Kherboga no pudo resisitir la salida de los cruzados. Para su sorpresa, los fatimíes, en el último momento, pensaron que si desaparecían los cruzados, los turcos se harían demasiado fuertes, y se retiraron de la batalla. Los turcos no pudieron recuperarse de la sorpresa, y los cruzados les derrotaron aplastantemente.
Eran apenas la mitad de los que habían partido de Europa cuando conquistaron Antioquía. Rápidamente, Bohemundo se proclamó gobernador. Y tras la retirada del ejército bizantino que les había apoyado, Bohemundo vio la oportunidad para romper la promesa hecha al emperador Alejo. Acusó a sus tropas de deserción, y proclamó que, por lo tanto, estaba liberado de dicha promesa. Y así nació el segundo estado cruzado, el Princiado de Antioquía, gobernado por Bohemundo de Tarento, para disgusto de Raimundo de Tolosa.
En ese momento, la expedición pareció estancarse. Hubo una epidemia que se cebó en las tropas, y se llevó por delante a Le Puy, el líder espiritual de los cruzados. Siguieron pasando necesidades y penurias, y otros nobles, como Hugo de Vermandois, decidieron abandonar la cruzada al entender cuáles eran las verdaderas intenciones de los líderes normandos.
Fueron las mismas tropas las que se mostraron reacias a seguir sin hacer nada. Protestaron ante sus jefes, porque su misión era reconquistar Jerusalén. Exigieron la reanudación de la expedición, y Bohemundo y Godofredo se pusieron al frente de sus tropas una vez más.
Sin comida ni agua suficiente, los poco más de diez mil supervivientes siguieron hacia el sur. Sólo la fe les daba fuerzas. Bueno, la fe, y las ciudades sirias y palestinas que, viendo que los cruzados únicamente deseaban el control de algunas ciudades para formar pequeños estados, vieron en los cristianos el contrapeso ideal al poder seljuk, que luchaba por organizar un reino turco en Siria. Así fueron avanzando y tomando posición tras posición. La situación era tan desesperada que hay testimonios de actos de canibalismo tras la conquista de algunas fortalezas.

Así, al fin, llegaron a Jerusalén, que en 1098 estaba en poder de los fatimíes. De nuevo, eran demasiado pocos para establecer un asedio efectivo, de modo que optaron por la vía rápida: asaltos repetidos contra las murallas. Los fanáticos cristianos subían enfervorecidos a las murallas con ganchos y escalas, felices de poder entrar en Jerusalén, o morir en el intento y llegar la paraíso. Pero cada nuevo asalto era rechazado. Pero la fe obró lo que el poder de las armas no pudo. Guiados por un monje, en el mes de Julio, comenzó a correr el rumor de que desde el Cielo se les había comunicado que en nueve días la ciudad caería.
Casualmente, había partido desde Génova una expedición privada al mando de Guillermo Embriaco. Se habían dirigido inicialmente a Ascalón, pero la lucha con los fatimíes les había obligado a dirigirse al interior, y pasaron cerca de Jerusalén. Los genoveses habían desmontado sus barcos, y tenían materiales suficientes para hacer torres de asedio. De modo que, ante la sorpresa de los fatimíes, en pocos días tenían dos torres de asedio, cargadas de violentos y desesperados cruzados, enfervorizados hasta el fanatismo, acercándose a las almenas. Y contra esto no pudieron resistir más tiempo. Jerusalén fue tomada al asalto, y entonces se desataron los infiernos.
Los cruzados desataron una matanza en el interior como nunca se había visto. Hombres, ancianos, mujeres y niños, musulmanes, judíos o cristianos, todos sin distinción fueron masacrados cuando la ciudad se rindió. “Dios distinguirá a los suyos”- parecieron pensar los líderes cruzados. De nada sirvieron los esfuerzos de Tancredo, hermano de Godofredo, de frenar la matanza de los musulmanes refugiados en el Templo de Jerusalén, o los de Raimundo de Tolosa. Los soldados cruzados sacaron lo pero de ellos. Después de miles de kilómetros y meses de penurias, dieron rienda suelta a sus ansias de venganza.
De la matanza de Jerusalén se diría que los cristianos caminaban por las calles y la sangre les llegaba a los tobillos. Así nació el Reino de Jerusalén, el último estado cruzado: sobre un mar de sangre de sus habitantes.
Godofredo se erigió como primer gobernante de la ciudad, pero rechazó el título de Rey. En su “infinita piedad”, renunció a lucir corona de oro “donde el Señor había llevado una de espinas”. Pero sólo tuvo unos días de paz. Dos semanas después tuvo que sacar a su ejército y luchar contra los fatimíes, que si bien estaban dispuestos a renunciar a Siria, no querían hacer lo mismo en Palestina. La batalla de Ascalón fue una gran victoria cruzada. Tal vez la reliquia de la “Vera Cruz” tuviera algo que ver.
Dos años después, Godofredo murió, y su hermano Balduino se convirtió en el primer Rey de Jerusalén. Éste sería el tercer estado cruzado.

Mientras, la noticia de la toma de Jerusalén llegó rápidamente a Europa, donde ya habían regresado los primeros cruzados que habían abandonado la expedición. Ante la vergüenza, organizaron rápidamente una segunda expedición en 1101, pero fueron derrotados por los turcos, aunque los supervivientes llegaron a los estados cruzados, y sirvieron para aumentar su poder bélico. Tampoco se hicieron esperar los mercaderes europeos, que por fin tenían abiertos los puertos de Siria. También sacarían éstos gran tajada, pues era el momento de cobrarse la ayuda prestada con sus barcos.
Y así acabó la Primera Cruzada, la única que realmente tuvo éxito. Los estados cruzados, y en especial, el Reino de Jerusalén, pronto se convirtieron en el destino de muchos peregrinos y soldados en busca de fortuna. También fue el lugar donde, al poco de convertirse en reino, nacieron las órdenes militares del Temple y los Hospitalarios, cuyo potencial bélico sería de mucha utilidad en los años siguientes. Pero dejaremos eso para los siguientes artículos.

EJÉRCITOS PARA DBA
IV/7.- Cruzados temprano. Éste es el ejército de la primera cruzada. Se compone de una peana de caballeros como general, y luego tres peanas de Kn o Bd, a gusto del general. Éstos son los nobles, a caballo o desmontados. Luego hay cinco peanas de lanzas, que representan a los plebeyos enrolados en la misión, bajo el mando de sus respectivos nobles. Por último, hay opciones para una peana de Ps o Bw, que representa arqueros hostigadores o en formación; Ps o Cb, que representan ballesteros hostigadores o en formación, y Ps o Wb. Los Ps con más arqueros o ballesteros hostigadores, y la Wb representa una horda de fanáticos religiosos. Puede elegir Ag4 ó Ag 1, según el año. Dado que es un ejército rodillo, la Ag1 es una opción muy interesante, ya que con mucho terreno difícil no es difícil hacer le la puñeta. El terreno abierto le viene muy bien, y puede contar con muchos arqueros para protegerse de montados más rápidos que los Kn en dicho tipo de terreno.

III/73.- Turcos seljuk. De esta lista, nos es válida la opción b. Se trata del típico ejército de las estepas. Una o dos peanas de Cv, siendo una de ellas el general, y luego hasta 10 peanas de LH. Sólo tres de ellas pueden cambiarse: una por la segunda Cv, otra por Ax, Ps o Bw, que representa a la infantería de los turcos: guerreros equipados a la ligera o arqueros.

Las Cruzadas I. El largo camino a Tierra Santa.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Saludos. Con éste artículo inauguramos una nueva serie sobre una serie de campañas organizadas, a partir del siglo XI, por diferentes estados europeos, en las tierras de Siria y Palestina, que estaban por entonces en manos musulmanas. Las Cruzadas tendrían una gran repercusión en la historia de las relaciones entre Oriente y Occidente, y, todavía hoy, su legado sigue atrayendo y atrapando la imaginación de muchos.
Bien, vamos “al turrón”. En primer lugar, echaremos un rápido vistazo a los protagonistas de esta historia. Comenzaremos por Europa.

EUROPA A FINALES DEL SIGLO XI
Recordemos que el imperio carolingio se había dividido en varios estados tras la muerte de Carlomagno en varios estados. El de los francos orientales, un siglo después de la muerte del gran monarca, y bajo el gobierno de Otón I, se convirtió en el Sacro Imperio Romano Germánico. Bien, algún día hablaremos con más detalle de Otón y los suyos, pero, a modo de resumen, podemos decir que el Sacro Imperio era en realidad un mosaico de estados con diferentes lenguas, gobernantes y naciones, y que englobaba los territorios de Alemana, Austria, Lienchenstein, Bélgica, Países Bajos, Suiza, norte de Italia, algo de Polonia y Francia, Bohemia alguno más. Este dispar conjunto estaba unido por una base común de cristianismo y legado romano. La coronación de Carlomagno, en el 800, inauguró la tradición de que el emperador del Sacro Imperio fuera coronado por el Papa. De hecho, hasta el siglo XI, los reyes del Sacro Imperio llegaron a elevar al papado a quienes ellos querían.
Unos lazos internos tan vagos tal vez fueran la clave de que la figura del Emperador del Sacro Imperio existiera hasta el siglo XIX. El Emperador no tenía mucho poder real sobre los territorios que gobernaba. Entre estos emperadores, se cuenta nuestro Carlos I de España, y V en el Sacro Imperio.
Además, estaba el reino de los francos occidentales (germen de la Francia actual), los normandos (vikingos “afrancesados”) en la costa norte de éstos, el reino normando de Inglaterra, fundado por Guillermo el Conquistador en 1066, también cristiano. Y más allá de los Pirineos, un conjunto de pequeños reinos cristianos que luchaban duramente, tanto entre ellos como con los musulmanes de Al-Ándalus.
Y en Europa oriental y nórdica, muchos nuevos reinos se incorporaron a la órbita cristiana. Pues a finales del siglo XI, los territorios , habitados por los llamados vikingos, de Dinamarca, Noruega y Suecia, tras unificarse cada uno por su cuenta, tienen reyes que se convierten al cristianismo. Y también lo hacen los eslavos de Bohemia, Moravia, los eslovacos, etc., quedando dentro de la iglesia occidental. Hungría fue el último país, gobernado por el que sería conocido como San Esteban, que se incorporó a este grupo. Sus magyares aseguraron el territorio, y por fin hubo una ruta completa y segura por tierra hasta el Bósforo. Más al este, la cristianización es llevada a cabo por misioneros ortodoxos.
Bien, como decíamos, hasta fines del siglo XI, los emperadores dominan a los Papas de Roma. El Emperador, el Protector de la Iglesia, cobraba cara esta “protección”. El papa Gregorio VII intentó sacudirse el yugo del Emperador, pero esto le acabó costando el pontificado. Sustituido por Clemente III, y luego éste sucedido por Urbano II, los papas mantuvieron aun así la intención de liberarse del poder secular y gobernar de forma efectiva sobre la cristiandad. Esta tensión sería uno de los ingredientes que dieron lugar a las Cruzadas.
Por otro lado, Venecia y Génova se habían hecho con el control del tráfico de mercancías hacia el Mediterráneo oriental, pero no podían competir con los mercaderes bizantinos. Deseaban abrir nuevos mercados y rutas alternativas. Tenían dinero, y barcos para transportar un ejército si llegara el caso.
Por lo tanto, se puede decir que en aquellos momentos, con toda una Europa “unida” bajo es estandarte de la cristiandad, había un enorme poder militar en relativa calma. Todo ello unido a una mejora en el clima y las cosechas, que permitió un importante aumento de población, provocó que ésta se concentrara en las ciudades, creando un capital humano, ocioso y sin herencia (sólo los primogénitos heredaban para evitar la división de las propiedades), sin oficio ni beneficio.

EL IMPERIO ROMANO ORIENTAL.
Ya vimos en los artículos sobre el Imperio Bizantino cómo llegaron al siglo XI. En 1071, Anatolia fue perdida casi en su totalidad tras la desastrosa batalla de Manzikert. Los turcos Selyúcidas estaban a las puertas de Europa, y el emperador bizantino no dudó en pedir ayuda al Papa de Roma, a pesar del cisma entre las dos iglesias de 1054. Aunque esta petición no tuvo mucho efecto, sentó un precedente. Nótese sin embargo que la lucha de los romanos orientales no era contra el Islam como concepto, sino contra el imperio turco selyúcida. Los emperadores bizantinos no dudarían en aliarse con los califas fatimíes de Egipto, con los que tenían excelentes relaciones, para luchar contra los selyúcidas. Por ello, toda la parafernalia religiosa de los Cruzados les causó sorpresa en un primer momento, y luego preocupación, como veremos más adelante.

SIRIA, PALESTINA Y EGIPTO.
Los califas fatimíes(recordemos que “califa” significa “sucesor”. Los fatimíes reclaman el poder del califato sobre todos los musulmanes, por razón de parentesco directo con el Profeta) procedían del norte de África. Desde Túnez conquistaron el Magreb, y luego se extendieron hacia Oriente. Tomaron Egipto en el 972, fundando El Cairo, y siguieron por el Levante, conquistando Siria y Palestina. A pesar de su tolerancia política y religiosa, el califa Al-Hakim, que fue enloqueciendo en el paso de los años, quemó la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en 1009. Esta iglesia era objeto de peregrinación de los cristianos, y su destrucción terminó generando una visión muy hostil del Islam en Occidente. Aunque su nieto ordenó reconstruir esta iglesia, su destrucción previa hecho será mencionado en la proclamación de la Primera Cruzada, casi noventa años después.
Siria y Palestina había sido rápidamente conquistada por los árabes en el siglo VII, como ya vimos. En el siglo X, tras el declive de los abásidas y la aparición de numerosas dinastías locales, eran las dinastías beduinas las que se habían quedado en esta región, gobernando ciudades como Damasco, Aleppo, etc. Tuvieron que luchar contra el expansionismo fatimí, que tuvo cierto éxito, controlando finalmente la zona hacia la mitad del siglo XI.
Sin embargo, en aquel momento, el califato abasí, que desde hacía un siglo era una institución meramente formal, dominado por los reyes dailami de la dinastia Búyida, hizo un pacto con el sultán de los turcos selyúcidas, Toghrïl Beg. Los selyúcidas venían de las regiones orientales de Irán. Habían vencido a los turcos gaznávidas (que a su vez habían tomado el poder de los persas samánidas), que gobernaban desde La India e Irán, y se habían extendido hacia el oeste. Beg puso fin al gobierno de los búyidas, y salvó momentáneamente a los abásidas, incluso cuando en la propia Bagdad se empezó a hacer propaganda a favor de los fatimíes desde las mezquitas.
A la muerte de Toghrïl Beg, Alp Arslan le sucedió como sultán. Éste fue el que venció en la batalla de Manzikert. Finalmente fue sucedido por Malik Shah, que terminó la conquista de Anatolia y disputó por la Siria conquistada por los fatimíes. Tras su muerte, en el 1092, el enorme imperio selyúcida se dividió en cuatro partes. La de Anatolia se convertiría en el Sultanato de Rum. Siria sería otro reino Selyúcida, y las ciudades sirias serían gobernadas en su mayoría por dinastías turcas (Damasco, Aleppo, Antioquía y Jerusalén) , aunque todavía quedaron algunas dinastías beduinas, como Hama o Trípoli. Estas ciudades consiguieron rápidamente cierta independencia, pues el reino selyúcida de Siria no iba a perdurar mucho tiempo. De esta falta de unidad y de las disputas entre fatimíes y turcos se aprovecharon sin duda los participantes de la Primera Cruzada.

Bien, ya tenemos, a grandes rasgos, la información que necesitábamos. Ahora, vayamos a los hechos. Se sabe que la lucha contra los musulmanes, “motivadas” por la fe, no eran nuevas. En España, estaba en marcha la Reconquista, y ya los normandos habían conquistado la Sicilia musulmana. A mitad del siglo XI, los papas habían dado un matiz “sagrado” a estas luchas, y las llamaban abiertamente cruzadas.
Tras la deposición de Gregorio VII como Papa de mano del excomulgado Enrique IV, los papas se vieron en la necesidad de independizarse completamente de los poderes seculares. Como decíamos, la llamada de socorro del Imperio Romano de Oriente en 1074 dio la idea a Gregorio VII. Podría ponerse a la cabeza de la Cristiandad haciendo un llamamiento a las armas contra un enemigo común: el Islam, que, para colmo, habían quemado la Iglesia del Santo Sepulcro, y habían convertido la ruta de los peregrinos cristianos a Jerusalén en una aventura muy peligrosa (todo ello sin tener en cuenta que numerosos cristianos seguían viviendo tranquilamente en Siria y Palestina, pues para los musulmanes, eran “pueblo del libro”, y, por lo tanto, tenían un lugar en su sociedad). Gregorio VII fracasó en su llamamiento, pero entonces, cuando el nuevo Emperador Romano, Alejandro Conmeno, volvió a insistir en su petición de ayuda a Urbano II, en 1095, éste sí realizó una proclama más convincente. Los nobles europeos y el pueblo estaba más receptivo. Los turcos estaban en las puertas de Europa, y su imperio parecía amenazar a la religión cristiana. En el concilio de Clermont, convocado por Urbano II, su discurso terminó con un rugido que removió cielo y tierra: “¡Dios lo quiere!”. Ya nada podría parar aquel movimiento. Los que murieran luchando contra los musulmanes para liberar Jerusalén tendrían una entrada directa al Paraíso (tal vez esto os suene). Tierra Santa era “la tierra de la leche y la miel”. En Europa, sólo tenían hambre. En Tierra Santa, todos tendrían la oportunidad de ser algo más.
Pero también había un trasfondo económico. Como decíamos, había mucha población sin propiedades, muchos nobles no primogénitos que querían nuevos territorios, y, por supuesto, intereses mercantiles por parte de Génova y Venecia.

La primera respuesta al llamamiento papal no provino precisamente de la nobleza, sino del pueblo llano. En efecto, en marzo de 1096, seis meses antes de que la que sería conocida como Primera Cruzada se pusiera en marcha, un estrambótico ejército de pobres y vagabundos, capitaneados por nobles francos arruinados y el predicador Pedro el Ermitaño, se puso en marcha sin ninguna preparación. Por su camino causaron numerosas matanzas de judíos , un efecto colateral de la llamada a la Guerra Santa (los judíos eran enemigos de Cristo. “Casualmente”, los que vivían en Europa eran ricos), y al llegar a Hungría, ya sin provisiones ni orden ninguno, provocaron más matanzas y saqueos. La vanguardia de caballeros francos tuvo que ser repelida por Colomán de Hungría, y cuando llegó Pedro con el resto de las fuerzas, Colomán les asignó una escolta para “quitarles” las ganas de salirse del camino. Sin embargo, esta escolta fue atacada y destruida por estos cruzados. En una segunda oleada de caballeros de Lorena y Flandes, que sí participarían en la verdadera Primera Cruzada, viajaba Godofredo de Bouillon. Colomán pactó con él el paso de los restos de esta cruzada, y así siguieron viaje a Constantinopla.
Una vez allí, los bizantinos, teniendo noticia de sus actividades, les ayudaron a cruzar el Bósforo, y se internaron en territorio turco. De los 40.000 que se habían puesto en camino, sólo 30.000 llegaron a Anatolia. Pero allí fueron presa fácil de los turcos, que los derrotaron en pocas semanas. Pedro el Ermitaño, fue de los pocos que pudieron regresar a Constantinopla, donde se unió a la verdadera Primera Cruzada.

PRIMERA CRUZADA.
Fue llamada la Cruzada de los Nobles. Se componía de diversos contigentes. Godofredo de Bouillon, que comandaba el primero, y estaba acompañado por sus hermanos Balduino y Eustaquio, fue por tierra, como ya hemos dicho, y alcanzó en Hungría a los tumultuosos cruzados de Pedro. Pero Godofredo, no cruzó el Bósforo con ellos, si no que esperó a los demás contingentes.
El segundo contingente estaba compuestos por caballeros normandos al mando de Hugo de Vermandois, hermano del rey Felipe I de Francia, y que portaba el estandarte papal. Le acompañaban Estefano de Blois, Roberto II de Normandía y Roberto II de Flandes. Fueron por tierra hasta Bari y allí embarcaron a Constantinopla.
El tercer grupo eran normandos también, pero de Sicilia y sur de Italia. Viajaron con la misma flota de Hugo de Vermandois. Los comandaba Bohemundo de Tarento.
Finalmente, el cuarto grupo era de caballeros occitanos, comandados por Raimundo de Tolosa, acompañado del legado pontificio de Ademar de Le Puy, líder espiritual de la expedición. Éstos marcharon por tierra, por la ruta mediterránea, cruzando Eslovenia y Croacia, hasta Constantinopla.
En total, los cuatro grupos sumaban unos 30.000 hombres, de los cuales, unos 5.000 era caballeros medievales. Como dicen en el Discovery, con ese deje sensacionalista: “El equivalente medieval a un Abrhams M1. Diseñados para matarrrrrrr”.
Una vez allí, los cruzados y los bizantinos comenzaron a conocerse mejor. El emperador Alejo I, que desconfiaba enormemente de los normandos, y que era enemigo personal de Bohemundo de Tarento, aprovechó su necesidad de agua y comida para obligarles a hacer un juramento: lucharían para devolver las tierras conquistadas al Imperio Romano de Oriente. Los caballeros se miraron de reojo unos a otros. ¿Qué demonios era aquello? Se habían puesto en marcha para arrebatar los Santos Lugares a los musulmanes, pero no estaban dispuestos a arriesgar sus vidas para devolver las conquistas al Emperador, que, para colmo, era ortodoxo, es decir, casi un hereje, según su punto de vista. Sin embargo, la necesidad les obligó a aceptar a regañadientes el juramento (aunque con los dedos “cruzados”, claro). Sólo Raimundo eludió el juramento, pactando con Alejo de otra manera, pues también era enemigo de Bohemundo.
Bien, así comenzó el viaje por tierra hasta Jerusalén. Acompañados por un ejército bizantino, los cruzados se dirigieron a Nicea, antigua ciudad del imperio, convertida por los turcos en la capital del Sultanato de Rum. Comenzó el asedio, y los turcos intentaron romperlo sin éxito. Finalmente, ante la inminente rendición, el general bizantino Tatikios pactó la entrega en secreto con los turcos, pues temía que los avariciosos normandos y francos saquearan la ciudad. De modo que una mañana, los cruzados se despertaron para su sorpresa con la bandera imperial ondeando sobre Nicea, donde sólo se les permitiría entrar en grupos pequeños, para que no fueran capaces de armar jaleo.
Tras el subsiguiente cabreo, la desconfianza entre bizantinos y cruzados fue en aumento. Siguieron ruta hacia el sur, y se separaron en cuatro grupos para poder aprovisionarse adecuadamente. Era verano, y no tenían ni agua ni alimentos en abundancia, de modo que frecuentemente recurrían al saqueo, aunque a veces, eran aprovisionados por cristianos residentes en Anatolia. Y entonces, el 1 de julio de 1097, tuvo lugar la primera gran batalla de las cruzadas. El sultán de Rum, Kilij Arslan, se lanzó por sorpresa contra los cruzados de Bohemundo cerca de Dorilea. Rodeados por la caballería turca, y bajo una lluvia constante de flechas provenientes de los arqueros turcos y sus terribles arcos, Bohemundo comenzó a perder muchos hombres. Afortunadamente para él, Godofredo de Bouillón pudo acudir al rescate, y cayó por sorpresa sobre los arqueros a pie turcos. Ante la llegad de las fuerzas de Godofredo, los turcos, que no pensaban presentar batalla frontal, se retiraron rápidamente. Y así, unidos en un fraternal abrazo, las diferencias entre los líderes cruzados parecieron apaciguarse temporalmente, y siguieron su ruta hacia Tierra Santa, que será narrada en el siguiente artículo.

CRUZADAS EN DBA.
Comentaremos sólo algunos, y dejaremos el resto para los siguientes artículos.

III/65 Egipcios fatimíes. Sus ejércitos contenían tres etnias muy diferenciadas y rivales entre sí: los bereberes, los sudaneses, y los árabes y kurdos del este. Esta lista tiene cuatro peanas de Cv, siendo una de ellas el general. Representan a lanceros tipo Jund, muchos de ellos protegidos con armaduras, y étnicamente aŕabes, bereberes o kurdos. Luego hay una peana de LH, caballería ligera bereber equipada con jabalina, y tres peanas de 8Bw, que representan arqueros sudaneses protegidos por una primera fila de tropas equipadas con grandes escudos y lanzas cortas. La siguiente peana es opcional entre 4Ax (mercenarios dailami); 4Bd, que representan a sudaneses equipados con un pesado martillo-hacha, empleado para abatir específicamente caballeros cruzados, y entre 3/5 Wb, que representan a los Zanj sudaneses, feroces tropas equipadas con escudo y espada, o espada y daga. Luego hay dos peanas opcionales entre Cv, que representan a ghilmen mercenarios turcos, o bien Bw, que son más arqueros sudaneses, y una última peana de Ps, que puede ser tropas bereberes o arqueros sudaneses en formación abierta.

IV/1.- Bizantinos de Alejo Conmeno.
Tras perder Anatolia, los bizantinos tuvieron muchos problemas para reclutar tropas suficientes, y tuvieron que ir incorporando mercenarios occidentales. En la época de la Primera Cruzada, el ejército de Alejo se compone de una peana de 3Cv o 3Kn como general. Alejo debe usar la peana de Cv. Ésta y tres peanas más son lo que queda de la caballería étnicamente bizantina, los kavallaroi, equipados con lanza y escudo. Luego hay una peana de 4Bd, que representa a la Guardia Varega, ahora complementada con tropas de la Rus. Luego hay tres peanas de LH, que son turcopolos (turcos cristianizados en los límites del imperio) y Skythicon, que son pechenegos y cumanos (también pueblos turcos esteparios) contratados, y que luchan con sus tácticas tradicionales como arqueros ligeros a caballo. La siguiente peana es opcional entre LH (arqueros montados alanos) o 3Kn (caballeros mercenarios francos). Las últimas peanas son: dos de arqueros, opcionales entre Ps o Bw, y una última peana de Bw, que puede ser sustituida por una Sp (lanceros Kontaroi) o bien 3Ax, que representan a los herejes eslavos maniqueos, que lucharon con fanática devoción para Anna Conmeno.

Estos ejércitos pueden hacerse con multitud de marcas, ya que las Cruzadas con uno de los periodos más atrayentes de DBA. Que yo sepa, está Essex, Minifigs y Old Glory, pero seguro que hay muchos más.

La Rus de Kíev

viernes, 6 de noviembre de 2009

Saludos. En el artículo de esta semana hablaremos del origen de las actuales Rusia, Ucrania y Bielorrusia. La historia de estos países comenzó hace mucho tiempo, con el movimiento de las tribus eslavas. Recordemos que los eslavos se habían puesto en movimiento desde su región de origen, y sus migraciones, producidas entre los siglos V y VIII, causaron profundos cambios étnicos en la parte oriental de Europa. Finalmente se distinguieron tres grandes grupos: los eslavos meridionales, que llegaron hasta las Balcanes, y cuyas relaciones con Bizancio ya vimos en su día; los occidentales, que se quedaron en el centro de Europa, en las actuales Chequia, Polonia, etc. y los orientales. Éstos últimos son la base de la Rus, y se asentaron en las extensas llanuras de Ucrania, Bielorrusia y Rusia, y continuaron expandiéndose hacia el este.
Hay que tener en cuenta, también que todos estos grupos terminaron absorbiendo a otros pueblos, que terminaron adoptando su idioma como propio. En el caso de los eslavos orientales, estos pueblos fueron tribus finesas, bálticas e incluso, a través de las estepas, pueblos iranios. Pues bien, durante el siglo VIII y la primera mitad del siglo IX comenzaron a aparecer las primeras unidades políticas de estos eslavos, que tomaron la forma de principados. Destacaron por su importancia el principado de Kíev, el principado del Norte (con capital en la hermosa Novgorod) y el principado de Polotsk.

Pues bien, a mediados del siglo IX, los varegos, o vikingos procedentes de Suecia, comenzaron a cruzar el Báltico y a remontar los grandes ríos procedentes de estas tierras. Realizando feroces incursiones, contactaron así con los principados eslavos, a quien pronto sometieron a tributo. Según la “Crónica de Néstor”, sus tierras eran fértiles, y disponían de abundante caza, y miel, y maderas. Sin embargo, los eslavos, en el año 862, consiguieron una precaria alianza y desafiaron a los varegos, rechazando el pago de los tributos. Al principio les fue bien, pero ante el éxito parcial de su alianza, pronto los principados comenzaron a luchar entre ellas por la hegemonía. Además, también los jázaros, desde la estepas, tenían a sometidos a tributos a otros principados. Algunos de ellos, los que estaban a orillas del Báltico, decidieron que buscarían unos reyes fuertes que gobernaran sobre ellos. De este modo, en lugar de estar sometidos a los tributos de dos enemigos, se aliarían con uno de ellos para luchar contra el otro. Así fue como decidieron ir a buscar a los varegos a su tierra a hacerles una oferta que no podían rechazar, y se inició la dinastía de reyes varegos entre los eslavos, llamada dinastía Rúrika.
Bien, a estas alturas, podéis observar que esta historia hace aguas. La “Crónica de Néstor”, un texto de la época, toma partido claramente por los varegos. La historia de que un pueblo se busca reyes extranjeros a los que someterse voluntariamente parece poco probable. Una versión, más acorde con otros hechos históricos anteriores y posteriores en el tiempo, es que, probablemente, algún príncipe eslavo pediría ayuda a los varegos contra sus rivales, y éstos, llegaron, vieron y decidieron que, ya que estaban allí, lo mejor era quedarse a gobernar, o bien, simplemente, Rúrik se quedó en Kíev, camino de Constantinopla. La “Crónica” serviría para legitimar el derecho de los varegos a gobernar a los eslavos.

El pueblo varego comenzó asentándose en Novgorod, pero pronto se extendieron hacia el sur. En el 880, el príncipe Oleg fundo la Rus de Kíev, y desde allí siguió lanzando importantes ataques e incursiones, una de las cuales le llevó hasta Bizancio, con quienes comenzaron una provechosa relación comercial.
Pues bien, “rus” era el nombre que los eslavos daban a los varegos, sin distinguir entre ellos a normandos, anglos, suecos o godos. De ahí que, bajo el gobierno de los rus, los principados eslavos terminaran denominándose Rus, aunque, en realidad, los varegos se integraron en poco tiempo con los eslavos. No obstante, las tropas de los príncipes eran reclutadas entre los escandinavos en su mayor parte, es decir, feroces, arrojados e intrépidos vikingos. De entre todos los principados, el de Kíev fue el más poderoso. Desde el siglo X dominó a otros principados eslavos, o bien consiguió su sumisión política, según el caso. Se aproximó a la cima de su poder bajo el gobierno de Sviatoslav Igorevich (945-972). Este príncipe implantó algunas reformas que reforzaron el papel del estado, como, sobre todo, un nuevo sistema de tributación. Hasta entonces, los impuestos se pagaban casi como los tributos que se pagaban antiguamente a los varegos. Sin embargo, con él se implantó un sistema que garantizaba un pago más regular. Además, la política exterior quedó fijada por él: se buscaría la amistad del imperio Bizantino, y se atacaría a todos los demás, sobre todo a los jázaros, pero también a otras tribus turcas, como los pechenegos, o bien baltos, como el pueblo lituano.

Gran parte de las relaciones entre Bizancio y Kíev se basaron en la cristianización de la Rus. Hasta entonces, los eslavos y varegos habían mantenido sus cultos paganos: Perun, el dios del Trueno, y todo el panteón vikingo, y también Jors, que era una deidad irania. El proceso de cristianización había comenzado en el siglo IX (con san Cirilo y san Metodio), pero se completó en el reinado del sucesor e hijo Vladimir Sviatoslavich (es decir, Vladimir, hijo de Sviatoslav), también conocido como Vladimir el Grande, o san Vladimir, ya que fue santificado. Desde ese momento, los altos cargos serían enviados por Bizancio, aunque el papel de la Iglesia en la Rus sería separado totalmente del gobierno. Y durante mucho tiempo, la nobleza mantendría también cultos paganos, sobre todo a Perun y Jors.
Los príncipes de la Rus fueron muy ricos, y en sus cortes podían encontrarse exquisitas mercancías, vinos y aguamiel, etc. Como ya hemos dicho, la riqueza provenía del comercio entre el Báltico y Constantinopla: ámbar, miel y cera de abejas de los bosques rusos, pieles y, sobre todo, maderas.

Vladimir unificó finalmente a todos los principados, y colocó a sus descendientes al frente de las nuevas “provincias”-principados. Desde ese momento, el príncipe de Kíev ostentaría el título de “Gran Príncipe”, para diferenciarse de los demás. Sin embargo, tras su muerte, el proceso de descomposición de la Rus dio comienzo. El principado fue dividido entre los hijos de Vladimir, Iaroslav el Sabio y Mstislav. Cuando éste murió, Iaroslav unificó de nuevo el territorio. Sin embargo, a su muerte, sus hijos disputaron duramente, e hizo aparición el pueblo de los cumanos, o “kypchaks”, otro pueblo turco, desde las estepas del sur, que habían desplazado a los pechenegos. Desde ese momentos, los príncipes lucharon a menudo entre ellos, o bien lucharon unidos contra los cumanos, o bien con los cumanos contra el resto de los príncipes.
Durante la segunda mitad del siglo XI y el primer tercio del XII, la Rus se mantuvo a duras penas unida, aunque sus príncipes locales tenían cada vez más independencia. Este periodo terminaría con el reinado de Vladimir II Monómaco, entre los años 1113 y 1125. A Vladimir II debemos dos de los primeros exponentes de la literatura de los rus: la “Instrucción”, y su “Homilía”, obra en la que él, consciente de los peligros que acechaban a la Rus en descomposición, trató de plasmar su experiencia y sus recomendaciones a los futuros príncipes. También, durante su reinado, tuvo el poder y la iniciativa suficiente como para construir un largo muro en la estepa para protegerse de los cumanos, vigilada por sus valientes boyardos.

Tras la muerte del Gran Príncipe Vladimir II, la nobleza, que eran denominados “bogatires” o “boyardos”, llevaba ya un siglo ampliando sus parcelas de poder. Este proceso provocó una “feudalización”, y los príncipes tuvieron que apoyarse cada vez más en sus boyardos. Esto puede apreciarse, a modo de anécdota, en el papel que los boyardos tienen en los cuentos tradicionales rusos de temática heroica, o “bilinas”, en los que casi siempre los protagonistas son boyardos que, leales a algún príncipe, cumplen arriesgadas misiones en defensa de la tierra rusa. Curiosamente, los príncipes de estos cuentos están siempre en sus palacios, y rara vez se ponen al frente de sus ejércitos o se exponen a algún peligro. Yo crecí leyendo estas historias, que conocí incluso antes de la mitología griega: Ilyá Múrometz, Dobrinia, Aliosha Popóvich, Dunai y Nastasia...
Pues bien, la Rus unificada se dividió en tres estados principales: Rus de Vladimir Suzdal en el norte, la de Volinia-Galitzia en el sur, y el principado independiente de Novgorod, ciudad dedicada al comercio, próspera y opulenta, y que daría origen a un personaje de cuento maravilloso llamado Sadkó de Novgorod: astuto y afortunado mercader, y maestro en el arte de tocar el salterio. Ya en la segunda mitad del siglo XII Kíev fue perdiendo importancia, al tiempo que los cumanos aumentaban la presión sobre las tierras rusas.

Las divisiones aumentaron tanto que cuando, los mongoles invadieron la Rus, en el 1220, no había fuerza capaz de hacerles frente. Fue Batu Kan, al frente de la Horda de Oro, quien arrasó el país. La llegada de los tártaros fue tan terrorífica para los rusos que muchos huyeron a las tierras boscosas, a la espesura, donde los mongoles no se atrevían a penetrar. Muchas bilinas, como la de Aliosha y el tártaro Tugarin, muestran a los tártaros como seres monstruosos, deformes y gigantescos.
La conquista mongola tuvo graves repercusiones. En el futuro haré una serie de artículos sobre el imperio mongol, en los que trataré esto con más detalle, pero por ahora basta decir que los mongoles no se anexionaron esta región, pero sí sometieron a sus príncipes a un duro vasallaje (os recomiendo leer la historia de Aliosha Popovich). Favorecieron la preminencia de Moscú, situada más al este que Kíev, como nueva sede de poder de los gobernantes rusos, mientras la antigua capital de la Rus era aislada y caía en el olvido. No fue hasta Ivan el Terrible cuando los rusos recuperaron su independencia. Por lo tanto, detendremos aquí el relato de los hechos históricos.


LOS EJÉRCITOS DE LA RUS EN DBA
En DBA, encontramos dos listas distintas para el periodo descrito en este artículo. Aunque la composición de los ejércitos cambia, la organización de los ejércitos se basa en lo siguiente: el Príncipe poseía un ejército propio, denominado “druzhina”. A este contingente, los príncipes podían unir tropas locales, aportadas por las ciudades, en caso de necesidad, o incluso mercenarios provenientes de pueblos esteparios con los que a veces se estaba en guerra, y a veces, se colaboraba. Con este esquema en la cabeza, veamos ahora los ejércitos.
III/48, Rus.- Esta lista representa a los ejeŕcitos de los príncipes de la Rus desde la llegada de los reyes vikingos hasta la feudalización de los principados. Encontramos pues la peana del general como Cv o bien como Bd. Ésta peana es la “druzhina”, y son vikingos. Luego hay siete peanas de lanzas, obligatorias. Los lanceros rus, es decir, autóctonos, usaban largas, al modo escandinavo, lanzas y escudos. Inicialmente eran redondos, también como el de los vikingos, pero fueron cambiando al diseño cuadrado. También estaban equipados con hachas. Eran conocidos por su ferocidad y por la fuerza de sus formaciones cerradas. Luego hay dos peanas con opción de ser lanceros rus o bien, arqueros hostigadores, Ps, que solían disparar desde detrás de las formaciones de lanzas. Por último, otras dos peanas que pueden ser más lanceros rus, o Bd, que representan a mercenarios varengos, o bien LH, que pueden ser búlgaros del Volga, magiares, polacos o pechenegos: arqueros a caballo, vamos.
III/78 Rusos tempranos. Esta lista representa ya a los ejércitos en los que participan los boyardos. El general y cuatro peanas más son Cv. Ésta es la nueva “druzhina”, conformada por los jinetes bogatires: equipados con arcos, mazas y espadas, y equipados con hermosos armaduras y arreos. Luego hay dos peanas de caballería ligera, que eran tropas aportadas por las ciudades, formadas por boyardos empobrecidos o campesinos pudientes, y que tenía funciones de exploración, pero también puede representar a mercenarios húngaros, pechenegos o cumanos, o bien “kazak”, que eran turcos asentados en las fronteras de la Rus. Siguen dos peanas de lanceros rus, dos de arqueros y la última, que tiene tres opciones: una Hd, representando a milicias locales; Ax, representando a tropas rusas procedentes de los bosques, y una extraña peana de 3 ó 6 Kn, que son caballeros mercenarios germanos, en formación estándar (3Kn) o bien en cuña (6Kn).

Las gamas de rus, sobre todo los boyardos, suelen ser muy atractivas visualmente. Que yo conozca, Essex y Old Glory tienen una bonita gama, aunque mi favorita es la de Mirliton.