Cayo Mario II. La amenaza perfecta.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Antes de seguir con nuestra narración, es preciso presentar a un importante personaje de esta historia. Se trata de Lucio Cornelio sila. Años después a los sucesos aquí narrados, Sila se erigiría dictador de Roma, entraría con su ejército en Roma y dirigiría la guerra contra Mitrídates del Ponto, pero, en estos momentos, era un joven senador patricio, con un pasado de pobreza y exceso, pero que había recibido por herencia la fortuna suficiente para llegar a senador. Sila se casó con otra nieta de Cayo Julio César “abuelo”, por lo que era cuñado de Mario. Éste lo atrajo a su bando, y Sila aprovechó la oportunidad para aprender sobre el poder y la guerra de un gran maestro como Mario. Además, Sila demostró estar a la altura. Fue Sila quien negoció la traición de Boco que permitió la captura de Yugurta, por ejemplo. En combate, Sila también demostró ser un líder valeroso e intuitivo, actuando con eficiencia bajo las órdenes de Mario. Tomará un papel muy relevante conforme avance esta narración.

Es necesario también resumir lo acontecido en Roma mientras Mario estaba en Numidia. Si recordáis, Quinto Cecilio Metelo, que en un arranque de desfachatez se había asignado el sobrenombre de “El Numídico”, como victorioso en esa tierra, había sacado su legión de estilo antiguo de Numidia, y la había mandado a la Galia, para enfrentarse a los germanos. Metelo perdió los poderes proconsulares y fue Quinto Cepio, otro patricio de rancio abolengo, el cónsul del año y el que tomó el mando de este ejército. Cuando terminó su año de consulado, Mario seguía en Numidia, y fueron elegidos dos nuevos senadores: Publio Rutilio Rufo, amigo y aliado de Mario, y Cneo Malio, del bando patricio, aunque de menor categoría que Cepio. Se supo entonces que los germanos volvían hacia el sur, así que el senado autorizó a Cneo Malio para que reclutara diez legiones del censo por cabezas, al nuevo estilo, y marchara al norte. Como Cneo Malio carecía de experiencia, el senado ordenó a Quinto Cepio que se pusiera a sus órdenes para asistirle, y entones comenzó el desastre…

Quinto Cepio se negó a subordinarse a alguien de inferior categoría, aunque ese alguien fuera el cónsul del año. Cepio no respondió a Cneo cuando éste le ordenó reunirse con él en la margen izquierda del Ródano. Por el contrario, Cepio subió al curso 20 millas y lo vadeó, acampando en una posición más adelantada que Cneo. Además, se había enviado una avanzadilla de caballería aun más adelantada, de manera que los romanos se dividieron en tres campamentos, uno detrás del otro, y demasiado separados como para apoyarse mutuamente. Mientras Cepio y Cneo se peleaban mediante mensajeros, los germanos aparecieron en el horizonte. Cepio quería toda la gloria de la victoria para él, y no se coordinó en ningún momento con Cneo. Tal vez os asombre, pero no fue la primera, ni sería la última vez, que la búsqueda de honor y privilegio personales causaron la muerte de miles de soldados y un gran daño a la causa a la que debían servir.
Alrededor de cien mil germanos pasaron por encima de la avanzadilla de caballería primero, del campamento de Cepio después (que estaba en franca inferioridad numérica) y llegaron al frente de batalla que sí había desplegado en campo abierto. No obstante, sus legiones eran muy inexpertas, y los gigantescos y brutales bárbaros los aplastaron con sus fieras cargas. Y luego, tan misteriosamente como vinieron, se giraron al norte y volvieron a desaparecer. En un par de días los romanos perdieron ochenta mil soldados.

Entre tanto, Mario había vuelto a Roma desde África con sus legiones, ahora convertidos en curtidos veteranos. Fue reelegido cónsul y marchó con ellas hacia las Galias, recorriendo la península itálica hacia el norte, estudiando mientras el estado de las carreteras y puentes que usaban, hasta llegar a la provincia de la Galia Transalpina. Acamparon cerca de Aquae Sextae, en una magnífica posición. Los germanos habían desaparecido, pero Mario se dispuso a esperarles hasta que volvieran, porque sabía que lo harían tarde o temprano, lo que ocurriría tres años más tarde. Durante ese periodo, Mario, conocedor de la naturaleza humana, sabiendo lo que el ocio podía hacer con sus soldados, procedentes de las capas más conflictivas de la socidad y entrenados para matar, dedicó sus tropas a arreglar carreteras y puentes, y a realizar algunas obras hidráulicas, y a entrenar, por supuesto. También rediseñó el pilum, aportándole una unión débil entre el asta metálica y el mango de madera. Esta unión se rompía tras el impacto, de manera que, una vez lanzada, ningún enemigo podía capturarla y lanzarla contra los propios romanos.
Nota: El pilum ya era anteriormente un arma magnífica. Su principales características eran el cuidado equilibrio, que permitía un lanzamiento muy efectivo, y la punta piramidal, de mayor sección que el asta metálica. Esta punta podía abrir un agujero en un escudo, por el que se colaría la fina asta metálica, permitiendo que la punta llegara incluso al cuerpo del enemigo a pesar de haber tropezado antes con el escudo.

Dicen que el aleteo de una mariposa en una isla del Pacífico puede provocar un ciclón en Europa. Tal vez fuera ése el motivo para que, veinte años atrás, los pueblos germánicos que habitaban las tierras bajas y llanas de la península de Jutlandia (la actual Dinamarca), viviendo del ganado que pastaba la fresca y nutritiva hierba que crecía allí, tuviera que abandonar sus tierras. Y es que una de las hipótesis que explica la súbita aparición de las caravanas de germanos apunta a un año de terribles tormentas e inundaciones, que elevó el nivel del mar, que invadió las llanuras, contaminando con sal la tierra donde la hierba dejó de crecer. Las tribus se pusieron en marcha con sus familias y los restos de sus ganados, con carros tirados por bueyes, y comenzaron a vagabundear durante al menos una generación. Marcharon al sureste, hasta el Danubio, y luego volvieron al suroeste, hasta que penetraron por primera vez en tierras romanas, hacía ya algunos años, y vencieron a los romanos. Y entonces descubrieron cosas nunca vistas por ellos: armas y armaduras magníficas, adornos, un pan blanco y tierno, vino… como pasó antes a los persas con los lidios, a los griegos con los persas, etc, los bárbaros comenzaron a admirar, envidiar y codiciar lo que sus nuevos enemigos poseían.

Sin embargo, los germanos no tenían en aquellos momentos iniciales ningún plan establecido. No se quedaban en un sitio si habían tenido que luchar por él. Por ello, aunque habían vencido varias veces a los romanos, siempre se volvían sobre sus pasos. Pero esto, en la época de Mario, iba a cambiar. Mario y sus tropas se estuvieron preparando durante tres años. Durante este tiempo, aunque no he podido contrastar este dato ni he encontrado referencias en otras fuentes, uno de los libros que he usado en este artículo, “El primer hombre de Roma”, de Coleen McCulough, propone que Sila se marcha a vivir con los germanos disfrazado de celta, para espiarlos y aprender cosas de ellos. Esto, insisto, no he podido encontrarlo en ninguna de las biografías de Sila que he hojeado, pero si es una licencia de la autora, debo decir que el relato de Sila a Mario de sus experiencias entre los germanos conforma algunas de las mejores páginas del libro. Mediante esta presunta “licencia”, la autora explica algunos aspectos de estas misteriosas tribus.

La invasión que se avecinaba estaba formada por cinco tribus: teutones y cimbrios, que son los germanos que habitaban originariamente el territorio de Dinamarca; queruscos, también germanos pero de la zona de la actual Alemania, que se unieron posteriormente, y marcomanos y tugurios, celtas, pero muy germanizados, también incorporados a la larga marcha recientemente. Habían avanzado todos hasta el Danubio, donde fueron rechazados por los celtas de la zona. Sus condiciones de vida eran muy duras, y no dudaban en eliminar a débiles, enfermos y mujeres sin compañero ni hijos adultos que las protegieran si no conseguían uno en el plazo de una estación. En combate eran terriblemente fieros, lanzándose casi sin protección contra las filas enemigas, formados en compactas filas de vociferantes guerreros, buscando romper al enemigo con el ímpetu de sus cargas. Habían vagado sin plan hasta que surgió de entre ellos un cimbro, Boiorix, que se erigió rey de todas las tribus de la caravana.
Boiorix era distinto: aprendió latín, estudió a los romanos torturando a los prisioneros, pactó con distintas tribus celtas un paso franco por sus tierras, y estaba convencido de que los romanos no podrían hacerles frente. Había elaborado un plan brillante. Sus efectivos llegaban ya al millón de personas, de modo que dividió el grupo en tres y cada uno tomó una ruta distinta a través de los Alpes para entrar en Italia. Así se abastecerían mejor del territorio, y también, obligarían a los romanos a dividir esfuerzos. Cada grupo tenía el tamaño justo para ser una amenaza terrible para un ejército romano, pero no tan grande que no pudieran aprovechar su superioridad numérica, ya que todos los pasos hacia Italia eran estrechos y dificultosos.

El efecto es que Roma debía mantener más de un ejército, en un esfuerzo supremo de supervivencia, para no desaparecer. Boiorix envió a los Teutones hacia el paso el oeste, de Italia, por Aquae Sextae, donde aguardaba Mario. Él mismo, dirigiendo a los cimbros, entraría en Italia por el norte, cerca de la actual Verona. El resto de tribus entraría por el paso de Tergeste, por las estribaciones orientales de los Alpes. En el año en que Mario era elegido por quinta vez Primer Cónsul, Quinto Lutacio Catulo, otro patricio, era elegido segundo cónsul. Mario le ordenó formar un nuevo ejército con el nuevo estilo de legiones, y marchar al norte para interceptar a los cimbros. Mario se quedaría a luchar contra los teutones. La esperanza romana era eliminar estas dos invasiones y luego marchar juntos a por la tercera, la más oriental. Además, Mario dudaba de la capacidad militar de Catulo, así que ordenó a Sila que lo acompañara, y que no dudara en tomar el mando si Catulo ponía en peligro el ejército.

El primer enfrentamiento fue con los cimbros. Catulo, como había previsto Mario, había llevado a su ejército a un enclavamiento pésimo: un estrecho valle, en Tridentum, donde sólo era cuestión de tiempo que los germanos pudieran rodearles por las estrechas veredas de las montañas. Cruzaron el río que recorría el valle por su único puente, y montaron el campamento. Sila promovió un motín entre los oficiales, y al final, Catulo entró en razón, y cedió, dando la orden de repliegue, justo cuando los exploradores daban aviso de la cercanía de los germanos. El ejército consular de Catulo bajo el mando de Sila hizo un repliegue impecable, cerrando huecos, cruzando el puente mientras los ingenieros serraban los maderos para dejarlo caer. Cuando sólo quedaba una legión de samnitas (aliados itálicos, antiguos y temibles oponentes de Roma antes de que conquistaran la península), los valientes jinetes cimbros de vanguardia irrumpieron en el valle, vociferantes, y cargaron contra el campamento a medio terminar donde estaban los samnitas. El ímpetu inicial les llevó a atravesar sus líneas, pero los samnitas se reagruparon al mismo tiempo que los jinetes germanos también se reorganizaban. En ese momento, la infantería de los cimbros entró en el valle. Los samnitas quedaron atrapados entre los jinetes, que obstaculizaban su paso hasta el puente, y los guerreros. Sin embargo, no se arredraron. Los jinetes cargaron de nuevo contra ellos para empujarles hacia los guerreros. Pero los samnitas, escudos en alto, lanzaron una brutal carga y terribles andanadas de jabalinas y pilums. Hay que tener en cuenta que los samnitas eran tradicionalmente los mejores lanzadores de toda Italia. Los jinetes cimbros retrocedieron, se reagruparon y cargaron de nuevo, pero los samnitas estaban decididos a vender caro su pellejo. Nuevas andanadas de proyectiles pusieron en fuga a la caballería cimbra, y los samnitas cerraron más su formación para, siguiendo a la carrera, cruzar el puente, con los guerreros pisándoles los talones. Cuando cruzaron, los bueyes atados a los pilares del puente tiraron y lo derribaron, dejando a los germanos momentáneamente aislados.

Tridentum estaba perdido, pero los romanos tuvieron muy pocas bajas, salvándose del desastre. Los cimbros habían conseguido colarse en Italia. Pero Sila tenía un plan muy astuto. Mientras los germanos seguían descendiendo por el valle hacia los llanos del Padus, Sila ordenó la evacuación del territorio. Los romanos cedieron terreno a los germanos, pero con la intención de que las tribus se sintieran tentadas de quedarse en aquellas fértiles tierras, y así, ganar tiempo. Tiempo para que Mario aplastara a los teutones en el oeste y se reuniera con ellos, para vencer a los cimbros. Y el plan funcionó inicialmente. Los cimbros se detuvieron. De cómo Mario se enfrentó a los teutones y de la lucha final contra los cimbros, tratará el próximo y último capítulo de esta historia.

La lista de DBA para representar las invasiones germanas es la II/47, en su variante a), Cimbros y Teutones. Esta lista dura además hasta la victoria de Mario sobre ellos, en el 102, con lo que es especialmente fiel. Vemos dos elementos de Cv, uno de ellos como general, como los que aparecieron en Tridentum. Luego hay una plaqueta de Ps, que representan a los exploradores germanos, y el resto de ejército, formado por temibles Wb. Las Wb matan al simple a toda la infantería pesada, aunque para que sea más efectiva deben formarse con dos peanas de profundidad. Son un terrible ejército de choque, y si no hay espacio para maniobrar, las Wb son muy rápidas y pueden efectuar terribles ataques en puntos débiles de la línea enemiga. Recuerda que las Wb pueden mover dos veces si la segunda acaban en contacto con el enemigo. Sin embargo, si el combate se prolonga, pueden ser eliminadas. Tienes que elegir bien dónde van a atacar, y protegerles de la caballería enemiga con tu propia Cv. Yo he visto germanos de Essex y están francamente bien. También podrías usar, con menos rigor, celtas de Corvus Belli, por ejemplo, pintando los ropajes con colores oscuros, no como los brillantes tejidos de los celtas
Nota de Endakil: Las miniaturas de la imagen pertenecen a la colección particular de Michael Sng Woei Shyong. Son una mezcla de modelos de Essex, Charito y Corvus Belli. Podéis ver la galería al completo en su página personal.