La conquista árabe y el califato Omeya (622-750)

domingo, 15 de marzo de 2009

Saludos. Esta semana trataremos la aparición del Islam y la consecuente y fulgurante expansión árabe por Oriente Medio y el Mediterráneo. Para ello, empezaremos por analizar quiénes eran los árabes antes de la llegada de Muhammad.
La península arábiga estaba habitada por numerosas tribus semitas, que carecían de una organización superior. Sin embargo, el continuo tráfico de caravanas que transportaban materias preciosas desde el extremo sur de la península arábiga (como el incienso) tráfico mencionado ya por historiadores clásicos como Herodoto o Diodoro, había permitido la expansión el árabe como lenguaje comercial allá por el siglo VI, arabizándose el curso bajo del Eúfrates y buena parte de Siria. De hecho, ya los bizantinos habían pactado con tribus árabes ( tanujíes, salihíes y gasaníes) para que, como “federados”, defendieran la frontera sur del imperio. También el imperio sasánidas contaban con tropas árabes aliadas, aunque éstas también operaban por su cuenta cuando les interesaba.
Ocasionalmente, algunos líderes tribales árabes conseguían federar algunas otras tribus e intentaban dominar a otras tribus. Esto implica que ya en el siglo VI existía cierta inquietud por formar entidades políticas superiores al de “tribu”, aunque no habían tenido éxito. Por otro lado, el comercio había atraído a población judía y cristiana (los pueblos del “Libro”) a territorios árabes, por lo que los árabes preislámicos, básicamente politeístas, entraron en contacto así con conceptos religiosos monoteístas, así como con sistemas éticos diferentes a los conceptos asumidos por cada tribu, que respondían a una concepción más “universal” de los pueblos.

En este “caldo” preislámico sobresalía la ciudad de La Meca, que desde el siglo V había ganado gran preminencia bajo el gobierno de los qurasaisíes. La Meca era un centro caravanero, escala casi obligada de la ruta del inicienso. Se decía también que los quraisíes eran descendientes directos de Isma'il (Ismael, hijo de Abraham, el de la Biblia. Recordemos que los árabes eran semitas), y se erigieron como protectores de la Kaaba, el centro de adoración de los ídolos politeístas preislámicos, que era el centro de La Meca. Las guerras entre Bizancio e Irán favorecieron que la ruta de esta ciudad, alejada de las zonas en conflicto, ganara cada vez más importancia, simultánemante con su prestigio como centro religioso.
En La Meca creció el joven Muhammad. No se sabe mucho de su infancia, pero sí se sabe que viajaba por negocios con su tío a Siria con cierta frecuencia. A los veinticinco años se casó con una rica viuda llamada Jadiya. Muhammad se puso al frente de sus asuntos con mucho éxito, y pronto comenzó a tener fama de honesto. Durante estos años, Muhammad se sometía a largos periodos de retiro y meditación. Durante estos periodos, según el Corán, Muhammad comenzaría a recibir sus visiones sagradas y la Revelación.

Muhammad comenzó a propagar su nueva religión monoteísta, el islam, entre los más cercanos a él. En realidad no tuvo oposición hasta que, teniendo ya algunos seguidores, denunció públicamente el culto de los ídolos paganos. Obviamente, la peregrinación a La Meca para la adoración de estos ídolos era una importante fuente de ingresos para los quraisíes, y comenzaron a ver con cierta inquietud las actividades de Muhammad. Por ello, le acusaron y hubo numerosas intrigas contra él, aunque contó con la protección del clan Bani Hashim. Sin embargo, como no podía proteger a sus discípulos, les recomendó que se marcharan a Abisinia.
Mientras, el clan Bani Hashim fue expulsado de la ciudad, y Muhammad se quedó sin apoyos. Sin embargo, durante la época de las peregrinaciones a la Meca, entró en contacto con gente de la ciudad de Medina. Convirtió a seis de ellos. Al año siguiente, convirtió a otros doce. Al tercer año, Muhammad y sus seguidores, consiguiendo evitar a los quraisíes, abandonó La Meca en dirección a Medina. Esto, que sería conocido como la Hégira, ocurrió en el 622, y es el inicio del calendario islámico. De este modo comenzó a formarse el primer estado musulmán.
A su llegada a Medina, Muhammad da forma a su política: los seguidores del Islam estarían unidos por la fe, y este vínculo sería más importante que el tribal. Esto no era una novedad entre cristianos y judíos, pero sí entre los árabes. Aunque el vínculo tribal seguiría existiendo para determinadas funciones sociales, quedaría relegado a un segundo plano. Este sencillo concepto es fundamental para entender lo que ocurriría en los años siguientes. Además, se tenderían lazos de amistad a los restantes pueblos del Libro: judíos y cristianos. La yihad, o Guerra Santa es contra los cultos preislámicos árabes.
Desde Medina, donde el Islam se propagó rápidamente, Muhammad organizó la guerra contra los quraisíes. Pactó con otras tribus su alianza o su neutralidad, y comenzó la guerra. La estrategia era sencilla: atacar a las caravanas que iban a La Meca para destruir el prestigio de los quraisíes, que estaban a cargo de la seguridad de la misma. La guerra duró ocho largos y sangrientos años, en los que Muhammad incluso contó con la ayuda de mercenarios judíos, que le fallaron en alguna ocasión (hecho por el que el Corán recomienda no aliarse con este pueblo). Hubo batallas, asedios, treguas... Finalmente, en el año 630, después de los quraisíes rompieran la tregua y Muhammad saliera de Medina con un gran ejército en apoyo de sus aliados juza'a. Los quraisíes ya no pudieron eludir la derrota, de modo que se convirtieron. La tribu árabe más prestigiosa abrazó el Islam, y así la nueva religión se expandiría rápidamente. Dos importantes tribus beduínas (árabes nómadas del desierto) se rebelaron, pero también terminaron rindiéndose. La voz se extendió, y a lo largo del 630, diferentes delegaciones tribales se presentaron ante Muhammad, aceptando el Islam.

Muhammad murió en el año 632, tras su último peregrinaje a La Meca. En ese momento comienza el periodo de los Sucesores (es decir, Califas) “Ortodoxos”: Abú Bakr, Omar I, Otman y Alí, primo y yerno del Profeta. En estos primeros años, la sucesión no estaba establecida de padres a hijos, y los califas fueron elegidos de entre los allegados a Muhammad dentro de la tribu quraisí. Tras sofocar algunas rebeliones internas que siguieron a la muerte del Profeta, fueron los años (632-661) de la fulgurante expansión árabe por las tierras de bizantinos y persas sasánidas. Los ejércitos de guerreros fieles se batieron con una fiereza alimentada por su fe que les hizo ganar increíbles victorias allí donde parecía que iban a ser derrotados. Sus líderes (tanto los califas en persona como otros grandes caudillos tribales como Jalid ibn Al-Walid) los guiaron con audacia, valor y confianza absoluta en la victoria. Muhammad había concebido un sistema político que aspiraba a la universalidad, en el que reinara la palabra de Dios. Otros sistemas eran admitidos mientras no entraran en conflicto con los principios del Islam. De dicha concepción surgió el impulso inicial de la conquista. Además, pudieron aprovechar un momento crítico: Constantinopla todavía se recueperaba del gran asedio del 626 y su posterior contraataque a los sasánidas, y éstos hacían frente a sus guerras contra los bizantinos, que había llegado a agotar sus ejércitos. Los que les quedaban estaban concentrados al norte, a lo largo de la frontera común. Ninguno de los dos esperaba un ataque tan feroz y repentino desde Arabia.


La conquista comenzó por Irak, la provincia sasánida más rica, y que limitaba con Arabia. Jalid conquistó Hira y las zonas al oeste del Eúfrates, y luego siguió hacia el norte, hacia tierras controladas por los bizantinos. Cuando estalló la guerra en la Siria bizantina, Jalid logró algo que se juzgó como milagroso: transfirió cientos de soldados árabes desde el frente persa hasta Siria cruzando el desierto. Llevó camellos a los que fue matando para dar sus reservas de agua a los caballos y su sangre a los soldados.
El segundo Califa, Omar, admitió en el ejército a antiguos tribus disidentes, consiguiendo de golpe un gran número de guerreros. Apartó a Jalid de Irak, sustituyéndolo por Ubayda, que fue derrotado por los sasánidas en Yisr, y luego por Abi Waqqas, que organizó mejor sus tropas y se enfrento al gran ejército sasánida de Rostán (sí, como el héroe del "Shanameh"). La batalla duró tres días, pero por fin los sasánidas fueron derrotados, y los árabes siguieron hacia Ctesifonte, que cayó rápidamente. Las restantes fuerzas persas se retiraron a los montes Zagros, y se enfrentaron en una última y desesperada batalla con los árabes en Nihawand, en el 641. Fueron derrotados y expulsados de Irak definitivamente.
Mientras, Siria, tierra que el Profeta conocía bien, también fue uno de los objetivos principales de los árabes. Abu Bakr sólo tuvo éxitos parciales, y sería el segundo Califa, Omar, el que vencería definitivamente a los bizantinos en la batalla de Yarmuk (con la ayuda, a su pesar, de su odiado Jalid, por entonces degradado a ser sólo jefe de la caballería). Después, sin resistencia, los árabes se dirigieron a Palestina. Entre el 636 y el 640 cayeron Damasco, Jerusalén y Cesárea. La caída de Jerusalén tendría una larguísima lista de consecuencias, algunas de las cuales se extienden hasta nuestros días.

Tras la caída de Siria, Omar se dirigió a Egipto. Allí, el general Amr derrotó a los bizantinos en Ayn Shams y en Babilonia de Egipto. En el 642, la provincia estaba totalmente ocupada. Mientras, los ejércitos situados en Irak avanzaban hacia el norte de Mesopotamia, provincia actualmente conocida como Jazira. Esta región era fundamental para el comercio. Harran, Edessa y Nisibis cayeron también en el 642. Entonces, siguieron hacia el norte, hacia Armenia, pero este territorio les costaría diez larguísimos años de duros y costosos combates.
Mientras se avanzaba por Armenia, el sucesor de Omar, Otmán, comenzó la persecución de los últimos sasánidas en la meseta iraní. Sin embargo, esta región fue más difícil. La población tenía un gran sentido de la identidad nacional. No estaban acostumbrados a la presencia árabe, como en los lugares previamente conquistados, y no deseaban ser gobernados por ellos. Para los árabes, la meseta iraní era un territorio nuevo y hostil. No obstante, en el 649, la meseta cayó, pero hasta el 654 no controlarían completamente el noreste, la región llamada Khurasán.
En el año 656, tras dos años de gobierno poco beligerante por parte del último Califa Ortodoxo, Alí, comenzó una guerra civil entre clanes de la tribu qurasaní. Uno de estos clanes, los Ummayad (Omeyas), que había aportados grandísimos generales a la expansión, como Muawiyya, no estaba de acuerdo con esta política. Muawiyya ya era un veterano militar y no estaba dispuesto a detener la expansión, de modo que se rebeló y consiguió, tras la muerte de Alí en el 661, establecer la primera línea dinástica hereditaria de los musulmanes. Esta dinastía gobernaría 90 años, pero la muerte de Alí abrió la caja de los truenos. Si un Sucesor directo del Profeta podía ser reemplazado “legítimamente”, entonces, ya no tenía sentido la norma consuetudinaria de que los Califas debían ser únicamente quraisíes. Esto fue el argumento que ocasionó el nacimiento de la secta jariyí, extremadamente radical en lo que a la interpretación del Corán se refiere. Por otro lado, surgió otra corriente de pensamiento entre algunos clanes que opinaba que debía ser un descendiente de Alí el que gobernara como Califa, ya que era el último de los sucesores ortodoxos. Éstos serían conocidos como chiítas. Sus ideas irían calando poco a poco durante el gobierno de los Ummayad, y al fuerza de estos chiíes sería utilizada para derrotarlos por la revuelta abbasí, pero esto lo contaremos en otro artículo.
La expansión árabe había sido tan rápida que los califas no tenían herramientas para gobernar tantos territorios. Tuvieron que improvisar muchas leyes, y en esta época se establecieron las costumbres del trato de prisioneros, relación con los conquistados, relación con los conversos, sistemas de fiscalidad. Por ello, las enormes riquezas que habían sido de repente puestas a disposición de las tribus árabes también provocó que muchas, ya en el periodo Omeya, intentaran acotar parcelas de poder. Por lo tanto, los Ummayad también tuvieron que hacer frente a estas cuestiones internas. Una de sus respuestas más interesantes fue renunciar a la base tribal para la organización de los ejércitos, y la estructuración de los mismos en cuerpos más profesionales. Así fue cómo tomó forma el ejército árabe clásico. Tuvieron mucho éxito y así continuó la expansión, tras controlar todos los problemas internos.

Las conquistas las inició el mismo Muawiyya. En el 663 invadió Anatolia, y en el 668, asedió Constantinopla, aunque tuvo que retirarse. Mientras, se envió al general Uqbá ibn Nafí a que tomara todo el norte de África. Aquí tuvieron muchos problemas, porque los bereberes se aliaban indistintamente con bizantinos y árabes. Cuando finalmente se sometieron a éstos, los árabes controlaron por fin toda la costa africana del Mediterráneo. Musa ibn Nusayr consolidó el dominio árabe del Magreb, y Tariq ibn Ziyad, su lugarteniente, ocupó Tánger, Ceuta (con la ayuda del propio gobernador Don Julián) y cruzó el Estrecho. En realidad, el año anterior, Tarif ya había explorado la zona (dando nombre a Tarifa). Tariq dio nombre a la enorme roca que veo mientras desayuno en mi cocina todos los días: Gib-al-Tariq, el monte (¿o la roca?) de Tariq. Gibraltar. Los musulmanes llegaron a la tierra que conocían como Al-Ándalus en el 710. Poco después derrotaron al rey Rodrigo en la batalla de Guadalete. En el 721, las tierras controladas por los árabes llegaban hasta más allá de los Pirineos, pero en el 732 fueron derrotados por Carlos Martel, estableciéndose así la frontera con los francos.
Mientras, en el Lejano Oriente, los Ummayad conquistaron Transoxiana y el Turkestán, así como tierras alrededor del Mar Caspio.
Sin embargo, entre el 740 y el 750 se produjeron numerosas revueltas en las fronteras: los bereberes abrazaron el jariyismo, mientras en Oriente, los gobernadores locales de Fergana y Kush se rebelaron contra los musulmanes. El descontento creció. En ese momento surgiría una nueva dinastía, la abbasí, que conseguiría englobar a todos los descontentos con los gobernantes, que depondría al los Ummayad, pero eso lo contaremos en otro artículo.

Un aspecto muy interesante de las conquistas árabes es cómo tuvieron que establecer numerosas costumbres en cuanto a la relación con los conquistados, como hemos mencionado antes. Durante la época de los Califas Ortodoxos, dado que los árabes eran tolerantes con las religiones de los no árabes, éstos sólo sufrieron la imposición de impuestos. Sin embargo, los musulmanes no estaban obligados a pagarlos, por lo que se produjo un enorme número de conversiones por doquier. Estas conversiones no encontraron oposición, ya que del Islam aspiraba a ello precisamente. Sin embargo, los árabes formaban una aristocracia que, socialmente, tenía ventajas sobre los nuevos musulmanes. Pero eran éstos lo que tenían experiencia y conocimientos para gobernar y hacer funcionar a un estado tan ingente, ya que los árabes eran ajenos a este nuevo tipo de estado. Por lo tanto, los nuevos musulmanes debían convertirse en clientes de las tribus árabes para ejercer sus profesiones y disfrutar de ciertos privilegios.
La ocupación de los territorios por parte de los árabes tuvo lugar en forma de ciudades fortificadas, cercanas siempre a ciudades existentes importantes. Lo que en primer lugar en campamentos, atrajo a mucha población recién convertida. Sobre todo campesinos, que abandonaron sus campos y se fueron a las ciudades. Como esto redujo la recaudación de impuestos, por lo que los Ummayad crearon leyes para expulsar a estas gentes de vuelta a los campos. Necesitaban dinero para mantener los ejércitos profesionales, para las infraestructuras de riegos, etc. Sin embargo, sus rivales políticos consiguieron que se extendiera el rumor de que los Ummayad estaban cerrando las puertas del Islam a nuevos fieles, y esto contradecía los principios del Profeta. Esto, sin que se dieran cuenta, fue el principio de su fin.

Los ejércitos que en DBA representan época de la expansión son:
III/25.- Conquista árabe. Esta lista presenta dos variantes.
a) Se trata de los ejércitos iniciales del Profeta. Sorprendentemente, son ejércitos de infantería casi en su totalidad. En esta época, los árabes no disponían de mucha caballería (sólo los caudillos tribales), mientras que el grueso de la tribu combatía a pie. Estos guerreros eran tan fieros y luchaban de un modo tan fanático que en DBA, se representan como Wb. Por lo tanto, esta lista tiene una peana de Cv como general (caudillos, armados con lanza), que también pueden ser Wb. Luego, dos peanas de LH, que representa a los ágiles lanceros beduinos. El resto don 7 peanas de Wb, los feroces guerreros árabes, y las últimas dos peanas, de arqueros árabes, ya sean en forma de Bw o Ps.
b) En esta variante ya se representa el primer acceso de los árabes a caballos suficientes para organizar una caballería efectiva. El general es Cv, sin opción, y luego hay cuatro peanas más de Cv. Acompañan una peana de Lh beduína y luego, 4 Wb de guerreros tribales y dos arqueros, con opciòn de representarlos Bw o Ps.

III/31 Árabe Ummayad (u Omeya)
Este ejército ya presenta las reformas de los Omeyas para eliminar la organización tribal de los ejércitos. Los Omeyas aumentaron tácticamente la importancia de la caballería, mientras que la infantería adoptó un rol más defensivo, combinando densas formaciones con lanzas apoyadas por arcos. Obviamente, estas tácticas estaban dirigidas a anular la caballería enemiga.
Por lo tanto, el general y tres peanas más son Cv (lanceros árabes). Luego hay una peana de LH, que son lanceros beduinos. A continuación, una peana de tropas recién incorporadas: 4Ax, que representa a los montañeses Dailami, que eran guardia personal de los mandatarios sasánidas, ya vencidos, o bien, LH, que representa a arqueros a caballo de la provincia de Khurasán. Luego hay tres peanas de 4Bw (recordad que 4Bw representa a arqueros “regulares”) o Ps, y tres peanas de Sp, que representa a las lanzas defensivas árabes. Nótese que pueden organizarse de la siguiente manera: 2 peanas de 4Bw y tres Sp apoyadas por una peana de Ps en su retaguardia (1Ps puede dar apoyo trasero hasta a tres peanas de Sp).

Hay muchas marcas para miniaturas árabes: Essex, Old Glory, Miniature Figurines, etc.