El imperio bizantino I 476-626

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Saludos. Con este artículo comenzamos un viaje en el que recorreremos paso a paso el primer milenio de nuestra era, deteniéndonos allí donde sea necesario. Hoy hablaremos de la primera época del imperio bizantino, de cómo luchó para sobrevivir a un mundo que desaparecía.

Situémonos antes un poco. Bizancio, la antigua colonia griega situada en el estrecho que comunica el Mar Negro con el Mediterráneo, fue reformada y prácticamente reconstruida por un emperador romano llamado Constantino, a principios del siglo IV, y fue rebautizada como Constantinópolis (Constantinopla), la “Ciudad de Constantino”. El objetivo de Constantino era llevar la capital del imperio hacia el este, pues las principales amenazas al imperio provenían de allí: los sasánidas en Oriente y los pueblos nómadas indoeuropeos (sármatas) y mongoloides posteriormente (hunos) , que emergían sin cesar de las estepas euroasiáticas. Además, muchos pueblos germanos emigraron hacia el este, donde se mezclaron con los sármatas, al tiempo que otros presionaban las fronteras occidentales.
La situación en las fronteras del imperio se hizo cada vez más insostenible, y así, a la muerte del emperador Teodosio, en el 395, éste decide formalizar la división del imperio, que ya casi se producía de “facto”. Su hijo Honorio recibió el imperio occidental, con capital en Roma, y Arcadio el oriental, con capital en Constantinopla. En estos momentos, la infiltración de tribus germanas en el terriotorio imperial, en el ejército, y la ubicación de generales germanos en los mandos es muy profunda. De hecho, Honorio, demasiado joven todavía, queda al cuidado, por orden de su difunto padre, de un general germano llamado Estilicón.

Durante el siglo V, centrándonos ya en la mitad oriental del imperio, comienza una desesperada lucha por la supervivencia. Es el siglo de los hunos, cuya irrupción provocó un movimiento de las tribus germanas que habían emigrado hacia el este, ahora dirigido al sur, es decir, hacia los Balcanes. Hunos, ostrogodos, gépidos... se lanzan contra las fronteras del imperio oriental.
Las fricciones entre el imperio occidental y el oriental se encuentran en un punto álgido a mediados del siglo V. Roma, controlada cada vez más por germanos, juega a una ambigua política hacia los “foederatti”, que ya son parte inextirpable de los ejércitos de ambos imperios. En el oriental, los godos provocan varias revueltas e intentan usurpar el poder, presuntamente con el beneplácito de Roma. Sin embargo, aquí es donde comienza la diferenciación definitiva entre ambos imperios. La población del Oriente mantenía una fuerte identidad helenística, que la presencia de los germanos no consigue permear. De modo que se toman muchas medidas de importancia.
En el 451, el imperio oriental reclama y ocupa para sí las fronteras de Iliria, territorio crucial en la defensa de los Balcanes. Poco después, comienza una reforma sutil del ejército. Con ánimo de diluir la presencia de germanos en las tropas del imperio, que no podía prescindir de ellos, deja de alistarlos por tribus como “foederatti”. Por el contrario, son alistados como mercenarios a título individual, y repartidos por todo el ejército bajo el mando de oficiales imperiales.
Mientras todo esto ocurría en el interior, se seguía luchando contra persas y hunos. Los graves problemas internos del imperio oriental llevaron a hacer pactos con ambas partes, a menudo no demasiado buenos para los bizantinos, pero que les dieron un respiro. Pagaban mucho otro a Atila con tal de que las incursiones hunas cesaran.
Otro problema interno era provocado por las distintas ramificaciones que estaban brotando del Cristianismo. Ideológicamente, los emperadores orientales eran vistos como autoridades civiles y príncipes de la Iglesia simultáneamente. Pero las distintas herejías debilitaban este papel: monofisitas, arrianos, ortodoxos... El Cristianismo era casi el único vínculo que quedaba en el imperio occidental. La unidad religiosa era el camino para la unidad estable dentro de cada imperio. Así, ambas partes llegaron a importantes acuerdos en los concilios de Nicea (325), Éfeso (431) y Calcedonia (451). Pero dentro del imperio oriental, las cuestiones cristológicas seguían provocando divisiones, que se trasladaron a los partidos políticos, los partidos del Circo, que ya se identificaban con diferentes colores (azules, verdes, albos, etc.). Los emperadores de esta era se apoyaban ambiguamente en una u otra facción religiosa, lo que provocaba disensiones, y alejamiento de las provincias donde las facciones que no apoyaban al emperador eran mayoritarias.

A la muerte de Atila, en el 453, su kanato se descomponte, y los ostrogodos entran a saco en el imperio oriental. Éstos, con gran astucia, consiguen ayuda de los guerreros isaurios de Anatolia, y así rechazan a los ostrogodos.
En el 476, Odoacro , rey de los hérulos, depone al último emperador de Roma, y con el apoyo de Zenón, el emperador de Bizancio, gobierna como patricio. Sin embargo, Zenón era astuto, y vio la oportunidad perfecta para deshacerse por fin de los ostrogodos. Les convence así para que marchen a Italia, a guerrear contra Odoacro, a quien vencen en el 488. De este modo, el imperio oriental sobrevive a la caída de Roma, y consigue que sus causantes se maten entre ellos. Comienza por lo tanto, la verdadera historia del imperio bizantino.
Antes de seguir, hay que aclarar que los bizantinos, aunque habían optado por el griego como lengua del estado en perjuicio del latín, se denominaban a sí mismos “Imperio de los romanos”. Es decir, ellos ERAN el imperio romano, y perdurarían en el tiempo hasta el siglo XV. El término “imperio bizantino” no se acuñaría hasta el Renacimiento.
Bien, después de la marcha de los ostrogodos, una nueva dinastía subió al poder: los justinianos. Justino I la inauguró. Su carrera hacia la dignidad imperial comenzó en el ejército. Brillante militar, hizo frente a ataques de ostrogodos y de los persas sasánidas. Sin embargo, Justino I no tenía los conocimientos necesarios para convertirse en hombre de Estado, de modo que tuvo que rodearse que un equipo de asesores muy capacitados. Uno de ellos se llamaba Flavius Petrus Sabatius, y era su sobrino. Justino lo adoptó como hijo, y le dio el nombre con el que pasaría a la Historia: Justiniano.

Justino murió en el 518, y Justiniano tomó el poder. Derogó una ley que le impedía casarse con una mujer de clase social inferior y desposó a una mujer apasionante, una personalidad fuerte y singular, y que jugó un papel fundamental en la política de Justiniano. Hablamos, por supuesto, de la emperatriz Teodora. Bailarina y artista circense, su pasado provocó un escándalo en la corte. Pero Teodora deslumbró a todos con su capacidad. Justiniano y Teodora heredaron muchos problemas, pero el emperador tenía una idea muy clara de lo que hacer con el imperio que había heredado. Dos ejes vertebraron su política: recuperar todos los territorios del imperio romano de occidente y propagar la fe ortodoxa como única y verdadera. Frente a él, los sasánidas presionaban su frontera oriental, y los eslavos, pueblo del que hablaremos en nuestro siguiente artículo, comenzaban a llegar a los Balcanes, desplazando a la población “romana” y empobreciendo enormemente la provincia. Hacia el oeste, los nuevos reinos germanos en África, península itálica y península ibérica.
Por lo tanto, el emperador pactó con el rey persa una paz un tanto desfavorable para él, pero que le permitía estabilizar las fronteras orientales. Hecho esto, lanzó a sus ejércitos por el Mediterráneo, al mando de dos generales míticos: Belisario y Narsés. Una pequeña fuerza desembarcó en el reino norteafricano de los vándalos, que se habían adueñado de la provincia romana africana. En pocos meses, los vándalos fueron expulsados. Lo mismo ocurrió en Córcega, Cerdeña y el sur de la península ibérica, donde cruzaron aceros con los visigodos. Sin embargo, el mayor reto de Justiniano fue la reconquista de Italia de manos de los ostrogodos. El ejército imperial desembarcó en Sicilia en el 532, pero tardaría casi treinta años en gobernar la península. Todas estas campañas tuvieron, además, la dificultad de que los reyes persas no respetaron el acuerdo de paz, y aguardaron a que los bizantinos tuvieran muchos frentes abiertos en el oeste, para irrumpir de nuevo y arrebatarles más tierras. Finalmente, una nueva paz indefinida se firmó en el 562. Los persas aumentaron sus territorios, y Justiniano se comprometía a detener las conversiones dentro del territorio persa, pero, a cambio, éstos renunciaban a la costa del Mar Negro.
Y dentro de sus fronteras, Justiniano y Teodora trataron de reestructurar el imperio para hacerlo más fuerte. Para empezar, trataron de acotar el poder de los grandes terratenientes. La propiedad de la tierra había caído con los años en manos de un reducido grupo de nobles, y esto dificultaba el comercio, y ponía en peligro la estabilidad del imperio, ya que el emperador debía apoyarse demasiado en ellos para obtener recursos y tropas.
También reorganizaron las fronteras. Como novedad principal, los gobernadores de dichos territorios, que hasta entonces sólo tenían autoridad civil, recibieron también competencias militares. Cada provincia debía disponer de un ejeŕcito propio y móvil, adecuadamente preparado. Esta reforma fue el germen de los “themas” o provincias militarizadas, protegidas mediante ejércitos “themáticos”, que veremos en la próxima entrega de esta serie.
Justiniano también cuidó el comercio, y ya que las Ruta de la Seda pasaba por Persia, intentó abrir otros caminos, sobre todo desde el Mar Negro. También envió agentes comerciales al Mar Rojo y estableció puestos en la costa oriental de África.
Pero no podemos dejar de mencionar también la importante tarea de recopilación de leyes en el Código de Justiniano. Éste fue un valioso códice legal que, en latín, reunía todas las leyes anteriores. Sin embargo, Justiniano prosiguió la tarea con nuevas leyes, escritas, ahora sí, en griego.
En cuanto al cristianismo, el emperador apoyaba abiertamente a los ortodoxos, que eran mayoría en el continente europeo, pero debía hacer precarios equilibrios políticos para no llevarse mal con los monofisitas, que se extendían por Próximo Oriente y Egipto. Hubo muchos sangrientos conflictos entre ortodoxos y monofisitas, y esas inestabilidades llegaron incluso a los partidos políticos del circo (ya sabéis: verdes, azules, albos y rojos). Justiniano sobrevivió por los pelos a una revuelta que se inició en dicho recinto mientras él estaba allí. Conocida como la revolución “niká”, puso al emperador contra las cuerdas. Ya tenía las maletas hechas cuando Teodora le hizo recapacitar y volver al palacio. La revuelta se cerró con un baño de sangre, pues Justiniano los encerró en el circo y metió al ejército dentro.

Pero, después de una vida compleja y agotadora, el emperador falleció en el 565. En gran parte había cumplido sus objetivos, pero los ciudadanos del imperio habían pagado un alto precio por ello. Había causado fracturas religiosas que se volverían insalvables, y que, cuando seis décadas más tarde, los árabes irrumpieran en el imperio, le costarían cara. Sin embargo, vivió para conocer una de las mayores amenazas a las que sus descendientes harían frente. En el 558, una embajada de un kan desconocido de las llanuras llegó a Constantinopla. Para ojos inexpertos, podrían ser tomados como hunos, o más bien como sus descendientes, los utrigures. Pero su impedimenta era distinta, y sus armaduras y armas... Aquel fue el primer contacto con el kanato avaro. Este pueblo, expulsado de sus llanuras centroasiáticas por los feroces turcos, habían avanzado hacia el oeste, aprovechando el vacío de poder que la caída de los hunos había dejado en esta época. Llegaron a las tierras al norte del Danubio, y sometieron a muchas tribus eslavas. Y, cuando estuvieron listos, asaltaron los territorios imperiales, entrando por los Balcanes. Los eslavos formaban la infantería, y sus amos avaros, una excelente caballería que tuvo en jaque a los ejeŕcitos bizantinos durante décadas. Aunque hablaremos de este pueblo estepario en próximos artículos, podemos decir de ellos que no sólo eran grandes guerreros, sino que también se les daba bien la política. Siempre dispuestos a frenar una incursión a cambio de un pacto ventajoso y bien pagado, los avaros fueron también utilizados por los bizantinos para presionar a los francos, el nuevo reino germano que rápidamente crecía en el oeste.

Mauricio I sucedió a Justiniano. A Mauricio se le atribuye la redacción de uno de los textos militares más importantes: el “Strategikon”. Fue el texto básico de los generales bizantinos hasta el siglo XI, y en él se describe el equipamiento, tácticas, entrenamiento y organización de los cuerpos de caballería del ejército, y también tiene descripciones de los enemigos del imperio: avaros, francos, bereberes, persas, etc. A todos ellos hizo frente este gran emperador, pero las continuas guerras desembocaron en numerosas revueltas dentro del imperio, y Mauricio no pudo mantener las conquistas de Justiniano. A su muerte, comenzó la descomposición de los territorios occidentales. Sus sucesores tuvieron que pagar frecuentes y costosos tributos a los kanes avaros para que dieran media vuelta, pero también en numerosas ocasiones, los avaros y los eslavos arrasaron el norte de los Balcanes e incluso las costas del mar Adriático. La audacia de estos ejércitos alcanzó su cénit en el 626, cuando un enorme ejército equipado con grandes máquinas de guerra puso sitio a la capital, Bizancio. El enorme sistema defensivo, con muros sucesivos a distintas alturas, cerraba el istmo al norte de la ciudad. El ejército avaro-eslavo superaba los cien mil combatientes, y lanzaron terribles asaltos contra los defensores. Combinando ataques por tierra y por mar, el emperador, que por aquel entonces era Heraclio, vio como su imperio se tambaleaba. Sin embargo, el ataque por mar fue repelido por la eficaz flota bizantina, y los piratas eslavos huyeron a tierra despavoridos. En la persecución, las tropas bizantinas llegaron también a tierra y el pánico comenzó a propagarse por el campamento de los asediadores. Sergio y Bonos fueron los artífices de la victoria militar, y salvaron sin duda el imperio para la posteridad.
Después del asedio fracasado, el poder avaro se dispersó, pero los eslavos , como los serbios y los croatas, que descendieron de los Cárpatos, se quedaron, y transformaron la demografía y sociedad de la región de los Balcanes.
Y mientras los bizantinos luchaban a vida o muerte contra los avaros, en Arabia, un profeta comenzaba una expansión fulgurante. Nacía el Islam.
De las guerras de los árabes y los bizantinos tratará el siguiente capítulo de esta serie.

EL IMPERIO BIZANTINO EN DBA
El reglamento incluye muchas listas para los bizantinos, pero las que representan el periodo aquí descrito serían las siguientes:
a) II/83, Romanos patricios, opción b). Éste representa a los ejércitos del último periodo de coexistencia de los imperios romanos occidental y oriental. La característica fundamental es la presencia de bárbaros luchando como “foederati” en el ejército, y una progresiva adopción de las tácticas de caballería de sus enemigos. Sobre todo, los hunos influyeron enormemente, y los jinetes equipados con arco fueron cada vez más frecuentes.
La lista tiene una peana de 3Cv o 3Kn como general, representando a los “Equites”, sobre todo de tipo lancero, al estilo germano. Luego hay una peana de 4Kn/3Kn. Los 4Kn representan catafractos y los 3Kn pueden representar más lanceros “equites”, o bien “equites” de tipo arquero acorazado, como los que ya se verán en los ejércitos bizantinos siguientes. Otras dos peanas de LH pueden representar a los “Equites Illiricani”, con jabalinas, o los “Equites Sagitarii”, con arco. Y en la infantería, encontramos peanas de 4 Bd, que representan a las legiones, compuestas en su mayoría por germanos entrenados al estilo romano, y peanas de 4Ax, que representan a las últimas tropas regulares romanas, tipo Auxilia Palatina, equipados con escudos, “spatha” y jabalinas. Por último, hay opciones de cambiar algunas Ax por Wb, que representarían a otros “foederati” luchando bajo el mando de sus propios líderes tribales, y por último, una peana de Ps, que puede representar a los “exculcatores”, feroces tropas de infantería ligera.

b) III/4. Bizantinos tempranos. Esta lista tiene dos variantes, y representan a los ejércitos bizantinos tras la caída de Roma. Los ejércitos se basan en la evolución de la caballería regular romana hacia el jinete tipo arquero acorazado, equipado también con lanza, capaz de cargar o de luchar a distancia. Éstos eran los “boukellaroi”. Otros cuerpos de jinetes estaban formados por los “equites” reformados. Se llamaban “kavalloroi”, y la evolución de sus tácticas marcan la división entre las opciones a y b de lista III/4, ya que podían luchar en formaciones de distinta cohesión.
La opción a) tiene dos peanas de Cv, siento una de ellas el general, que representan a los “boukellaroi”. Luego cinco peanas que pueden ser LH o Cv. Esta opción representa la flexibilidad de comportamiento de los “Kavallaroi”, cuyos jinetes iban parcialmente protegidos y estaban equipados con arcos. Luego hay una peana opcional de Kn (jinetes germanos)/LH (caballería mauritana) o 3Ax (eslavos). Por último, llegamos a la infantería: dos peanas de 4Bd, que representan a lo que queda de las legiones, los skutatoi, con muchos germanos entre sus filas, pero con mandos romanos; y los Ps, que representan a los guerreros isaurios de Anatolia.
La opción b) es muy parecida, pero las 5 peanas de Cv ya no tienen la opción de ser LH. Esto representa un cambio de táctica, más agresiva y decisiva. Luego, la peana de Kn puede desmontar como Sp o Ax. Esto representa a los jinetes germanos equipados con lanza, que podían desmontar y cubrir a la infantería bizantina contra caballería enemiga.

III/17. Bizantinos Mauricios. Esta lista representa la reorganización de los ejércitos según las indicaciones del "Strategikon". Es un ejeŕcito realmente espectacular.
Para empezar, el ejército tiene entre cuatro y seis peanas de 6Cv, que representan la evolución de los "boukellaroi". Combatían en densas formaciones mixtas, con la primera fila de caballería acorazada equipada con lanzas (recordemos que en el "Strategikon" se menciona por primera vez en Occidente el estribo), seguida por la caballería de arqueros acorazados. Estas densas formaciones son flanqueadas por caballería ligera equipada con arco, que están representadas por las peanas de LH (se llamaban "flanqueadores", y hay entre tres y cinco posibles). Se incluye también una peana de Kn, que representa caballería goda, y la opción de quitar algunas caballerías por dos peanas de skutatoi (4Bd) y dos de isaurios (2Ps).

En mi opinión, Essex tiene la mejor gama de bizantinos del mercado, y la de Mauricio es verdaderamente bonita.