Una época oscura III: Los reyes de Roma.

jueves, 28 de agosto de 2008

Saludos. Hoy hablaremos de la primera época de Roma, la ciudad que gobernó uno de los mayores imperios de toda la Historia, y, que sin embargo, comenzó siendo un pequeño núcleo de chozas. Porque todos estamos habituados a pensar en Roma en términos de República, o bien de Imperio, pero en sus comienzos, Roma fue una ciudad gobernada por reyes, y esta época dejó una huella mucho más profunda de lo que podemos pensar en la mentalidad y costumbres romanas.
Pero vayamos al comienzo, justo donde se mezclan Historia y leyenda. Roma fue fundada por Rómulo y Remo, los gemelos. Ya sabéis, esos pequeños que fueron amamantados por la “Lupa Capitolina”, una loba que los cuidó e impidió que murieran al ser abandonados tras el parto. Hasta aquí la leyenda. Ahora analizaremos algunos datos históricos.

La ubicación de Roma no es casual. Se trataba de una zona irrigada por el río Tíber, que desembocaba en el mar, a unos 24 kilómetros de distancia. El lugar donde se fundó la ciudad era el último extremo navegable del río. De hecho, la población inicial vivía cerca de un vado que permitía cruzar el río. Por ello, también era paso casi obligado de mercancías en sentido norte-sur.
Por lo demás, la zona estaba rodeada de siete colinas, que eran excelentes defensas naturales, teniendo en cuenta que toda la región circundante era una llanura. Por otra parte, la zona cerrada por las colinas, es decir, la ciudad, sobre todo los lugares más bajos, se inundaba con cierta facilidad. La población inicial, por lo tanto, antes de la fundación de Roma, consistía en tribus latinas que habitaban cada una en una colina. No poseían muchas zonas agrícolas debido a la naturaleza “fangosa” del entorno, por lo que su población no era excesivamente alta.
Según la leyenda, Roma fue fundada por Rómulo y Remo alrededor del 750 a.d.C., (21 de abril de 753, según los historiadores antiguos, y trasponiendo las fechas a nuestro calendario actual) tras delimitar éstos una zona en la colina llamada “Palatina”. Este límite era el del Pomerium. (Éste era el primer paso, según las costumbres etruscas, que se debía dar para fundar una nueva ciudad). Después, como el Pomerium era un límite sagrado, y Remo lo cruzó de mala manera, Rómulo mató a su hermano. Luego hizo correr la voz de que una nueva ciudad había sido fundada, y atrajo a muchos piratas, ladrones y desterrados. Para darles esposas, organizó unos juegos e invitó a los habitantes de otra de las colinas, los sabinos, y aprovechando su distracción, secuestraron a sus esposas (el famoso “rapto de las sabinas”).
Pensando en esto con mentalidad histórica, debemos recordad que en ese momento, las ciudades etruscas están comenzando a mandar en esta zona. Esto debió convencer a las diferentes tribus de las colinas para unirse en la Liga de las Siete Colinas. Más tarde, decidieron fundar una ciudad al estilo etrusco, con su misma forma de gobierno, una monarquía, para organizar mejor sus efectivos y sus recursos. De hecho, algunos ven la larga mano de los etruscos incluso en el nombre de la ciudad, pues “Ruma” es un gentilicio etrusco.
El Rómulo histórico se convirtió así en el primer Rey de Roma. Además, sería el único rey no electo, pues los siguientes reyes serían todos elegidos por votación. Nunca se estableció, por lo tanto, una monarquía hereditaria.

Desde el comienzo, los reyes romanos fueron una figura con poder tanto civil y militar como religioso. Los reyes de Roma fueron los primeros “augures”, los únicos autorizados a interpretar en distintas señales la voluntad de los dioses originales de Roma. Entre estos dioses encontramos a Jano, el misterioso dios de las dos caras; Términus, dios de las fronteras; Vesta, diosa del hogar, o Quirino, dios de la guerra. Estos dioses no tenían nada que ver con los griegos, pues todavía no mantenían intercambios culturales con ellos. El tema de los auspicios era extremadamente importante para los romanos, y siguió siéndolo durante la República y el Imperio, y no pocas decisiones tomaron entonces después de que alguien dijera haber visto a tal pájaro cambiar de dirección en su vuelo en tal punto, o verlo anidar en tal templo, o ver un gato negro parir aquí o allí. Por lo demás, la religión romana primitiva se caracterizó por tener un carácter en cierta manera dogmático, sobre todo desde la creación de los Pontífices.
De hecho, en mi opinión, podemos intuir el carácter y forma original de la religión primitiva romana a través de las liturgias y costumbres del catolicismo romano tradicional, sobre todo si se contrasta el cristianismo católico romano con otros orientales, como el Ortodoxo o el Apostólico Armenio. Y además, muchas de sus vestiduras y calzados actuales provienen de la vestimenta tradicional de las figuras religiosas romanas de esta era pagana. Es curioso, también, como los reyes, al ser tratados por historiadores, suelen ser analizados como virtuosos en función de su religiosidad. Porque si bien pensamos en el Imperio Romano y nos viene a la mente la idea (inducida por la imaginería tradicional cristiana entorno a los mártires, el cine de Hollywood y algún que otro mal orientado reportaje de National Geographic o Canal Historia) de que eran unos depravados y unos impíos, basta con leer textos romanos para darnos cuenta de la profunda religiosidad y estricta moral que preconizaban como modo de vida. En esto, sobre todo en esta primera época, contrastan enormemente con los griegos, en cuyos relatos dioses y hombres se dan de tortas e incluso intercambian “fluidos” de manera habitual. En Roma existieron siempre fuertes tabúes, (sexuales entre otros), y que hasta que el Imperio no conquistó el luminoso mundo helenístico, no fueron puestos en duda. Incluso las famosas orgías, banquetes y el exceso romano se daba sólo en las clases más pudientes, siendo todo ello mal visto por el conjunto de la sociedad.
Por otro lado, los reyes de Roma eran los únicos investidos con los poderes del “imperium”. Esto le otorgaba poder absoluto judicial, legal y militar. Sus veredictos en juicios eran inapelables, por ejemplo, y también poseía inmunidad en cuanto a las propias leyes de Roma. También podía crear cargos nuevos que le asistieran. Los reyes de Roma crearon así la Curia, una asamblea cerrada que podía aprobar leyes autorizados por el rey; el Senado, que era un consejo que le asistía, pero sin autoridad ninguna el Collegium Pontificium, y a los pontífices, por lo tanto, que eran una especie de jueces investidos también de autoridad religiosa, aunque supeditados al rey. Como símbolos de su monarquía, tomaron los mismos que los etruscos, y que a través de Roma, nos han llegado a nosotros: los líctores con fasces (varas y hachas), la toga púrpura, los zapatos rojos, la silla curul…

Dicen los historiadores romanos (como Tito Livio) que Rómulo, en primer lugar, dividió a la población en tres tribus, y a cada una, separó aptos y no para el combate. Con los aptos formó las primeras “legiones” romanas, un ejército de 3000 guerreros a pie y 300 jinetes, que no tenían nada que ver con el concepto que tenemos actualmente de legión, sino que era de tipo hoplítico. Y formado así el ejército, Rómulo se lanzó a la conquista de los alrededores. Era obvio que con el rápido crecimiento de población, y la escasez de terreno cultivable, Roma se lanzaría a la conquista de los pueblos de las llanuras circundantes (el Lacio) en busca de recursos agrícolas y tierras.
En cuanto a la población no apta para el combate, los denominados “plebeyos”, escogió entre ellos a los cien mejores, y los denominó “patres”. Los descendientes de esta centena inicial serían los “patricios”, término que nos es muy familiar. No obstante, teniendo en cuenta que los propios historiadores romanos estarían muy interesados en buscar el origen de sus patricios contemporáneos, sobre todo si pertenecían a dicha clase o vivían a su sombra, hay que tomar estos datos, en los que todo parece cuadrar, con mucha precaución.
Rómulo reinó alrededor de cincuenta años (todos los reyes de Roma tuvieron reinados sorprendentemente largos), y fue sucedido por Numa Pompilio. Este rey fue extremadamente religioso, y creó la figura de las Vírgenes Vestales. También repartió las tierras conquistadas por Rómulo entre los ciudadanos de Roma.

Fue sucedido éste por Tulio Hostilio. Tulio prosiguió la guerra contra las restantes poblaciones del Lacio. A la cabeza de la liga latina estaba la ciudad de Alba Longa, y Tulio venció a sus ejércitos y demolió la ciudad, cuyos habitantes pasaron a ser esclavos en Roma. La ciudad también recibió más emigrantes de los alrededores.
Sin embargo, Tulio Hostilio se haría famoso por construir una nueva sede para su consejo privado, el Senado. Se llamó a este edificio la Curia Hostilia, y durante cinco siglos se mantendría en uso.
El siguiente rey sería Anco Marcio, que ordenó construir el puerto de Ostia y los primeros puentes sobre el Tíber. También, vía negociación, consiguió la unión de más aldeas vecinas a la gran ciudad en que se estaba transformando Roma, que en este momento (642-617 a.d.C.), se estaba convirtiendo en un poder fáctico. Anco Marcio fue el último rey latino de Roma, porque tras su muerte llegarían los reyes etruscos, y con ellos, el esplendor de la monarquía.

El primero de ellos fue el rey Tarquinio Prisco (617-579 a.d.C.). Tarquinio, que era etrusco, fue uno de los emigrantes que llegó a Roma. Fue adoptado por Anco Marcio, y tras demostrar sobradamente su valía personal, fue elegido como rey tras la muerte de su padre adoptivo.
Tarquinio Prisco legaría a Roma alguna de sus principales señas de identidad. Para empezar, creó la Cloaca Maxima, que era una canalización que tenía como fin dirigir las aguas de los desbordamientos de los arroyos de las colinas, además de servir como alcantarillado para distintas zonas de la ciudad. También comenzó las obras del primer Foro y el templo de Júpiter en la colina conocida como Capitolio. Con una mentalidad y conocimientos más amplios, instituyó también los primeros Juegos Romanos. Estos equipamientos daban cuenta ya de la mayor tradición urbana de los etruscos, que poco a poco fue impregnando a la creciente Roma. Y en cuanto al senado, Prisco lo agrandó, permitiendo el acceso de más senadores, hasta llegar a los 300. Esto permitió dar representatividad a una parte mayor de la incipiente población romana, que ya comenzaba a dominar incluso otras ciudades menores etruscas.
Hay que destacar que también Roma comenzaba a lidiar con mayores problemas derivados del creciente poder y riqueza de los plebeyos. Como ya vimos en el artículo de los etruscos, estas tensiones acabarían por modificar el equilibro de poder. Sin embargo, Roma pareció adaptarse más rápido que las demás ciudades.
Tras Prisco, subió al poder Servio Tulio, que gobernó hasta el 538 a.d.C. Con él, la guerra con los etruscos se convirtió en abierta. Con el botín de sus victorias, Tulio ordenó construir las primeras murallas de Roma por las siete colinas, cerrando el Pomerium marcado por los gemelos Rómulo y Remo.
Tulio también reorganizó la ciudad. Hizo un nuevo censo y dividió a la población en cinco clases, en función de su poder económico. También las dividió a su vez en cuatro tribus, en función de la zona de Roma en la que vivieran. Creó la Asamblea Centuriada y la Asamblea Tribal, que dio voz a estas nuevas clases.
Basándose en las clases económicas, Servio Tulio reformó profundamente el ejército, creando cinco cuerpos diferenciados. Para empezar, los ejércitos se hicieron principalmente con infantería de ciudadanos. Se basaba en centurias de tropas de cinco clases distintas. La primera era la de los más ricos, y eran lanceros con equipo hoplita (es decir, escudo circular y armadura metálica). Luego había dos clases de lanceros con escudo ovalado. Por último, las clases cuarta y quinta aportaban hombres equipados con jabalinas y hondas. Un pequeño cuerpo de caballería aliada latina acompañaba al ejército. Según Tito Livio, el ejército, al menos las clases primera a tercera recibían formación militar y eran capaces de ejecutar ya maniobras coordinadamente. El ejército romano de esta época tuvo muchas victorias bajo el sabio mando de Servio Tulio.
Aunque Tulio estableció el voto en función de la clase económica, los patricios romanos se sintieron perjudicados por su rey, porque con sus medidas, había favorecido la participación política del pueblo. Desde entonces, los patricios romanos serían muy hostiles a la monarquía.
Tulio fue asesinado y el trono lo ocupó entonces Tarquinio el Soberbio, que, con su mal gobierno, basado en el terror y la traición, convenció a los romanos de que, después de siete reyes y más de 240 años de monarquía, ya habían tenido suficiente. Los patricios, injuriados porque el hijo de Tarquinio había violado impunemente a una joven de esa clase, promovieron la expulsión del rey. Por ello, en el 510 a.d.C., la ciudad se convirtió en República. El Senado tenía el poder legislativo, y el poder ejecutivo fue repartido entre dos cónsules, pues los romanos decidieron que un único hombre no debería tener todo el poder. Los cónsules eran elegidos cada año, y podían vetarse el uno al otro. Las atribuciones religiosas del rey también se repartieron entre distintos sacerdotes (flamen vialis, Pontifex Maximus, etc.) Como podéis ver, la ciudad no tuvo que crear nuevas instituciones tras la deposición de la monarquía, sino que transformó las que tenía.
De esta manera, Roma adquiriría una gran estabilidad y poder, que permitió el desarrollo de un potente ejército con el que dominaría Italia y luego todo el Mediterráneo, antes de transformarse en Imperio.

En DBA, hay dos listas para representar a los ejércitos romanos durante el periodo de los reyes.
a) I/55. Early Roman, opción b.
Se trata de un típico ejército hoplítico de ciudadanos. En efecto, las primeras “legiones” eran hoplitas al estilo etrusco, muy influenciado por los griegos. Una peana de caballería representa al rey y sus patricios a caballo, y el resto son hoplitas, salvo una peana de psilois. Es muy parecido a los ejércitos griegos tempranos, pero, ¿a que molaría tener hoplitas romanos?

b) I/59. Romanos de Tulio.
Esta lista representa las reformas de Servio Tulio. Tiene uma agresividad de 3, pues éste es el ejército con que el que se lanzaron a la conquista de Campania, el Lacio, Etruria y el resto de Italia. El general puede ser Cv (caballería romana) o Sp(hoplitas lanceros de primera clase). Luego hay una peana de Cv (caballería latina aliada). A continuación, siete peanas de Sp. Aquí yo sugiero la siguiente división por clases: una peana de hoplitas de primera clase, dos peanas de lanceros de segunda clase y dos de lanceros de tercera clase. Los lanceros de segunda y tercera clase deberían tener escudo oval, no redondo, y poca o ninguna armadura, siendo poco relevantes las diferencias entre ellos. Luego hay una peana que puede ser Ax o Ps, y que representaría a los lanceros de cuarta clase. Deberían llevar jabalinas y escudos pequeños, ya sean Ax o Ps. Por último, las dos peanas de Ps son las tropas de quinta clase, que serían honderos o lanzadores de jabalina sin escudo.

Hay bastantes marcas con estas gamas, y con un “morphing” sencillo y nada chocante. Magíster Militum y Mirliton tienen en mi opinión las mejores miniaturas para estos ejércitos. Essex y otras tienen también tropas de la gama “Camillian Roman” (que es la lista posterior en el tiempo a la de Tullian Roman. que pueden servir, sobre todo lanceros con escudo oval.