Una época oscura II: Los etruscos.

viernes, 1 de agosto de 2008

Saludos. Hoy hablaremos de un pueblo en cierto modo misterioso, del que apenas tenemos registros escritos, y cuyo legado nos ha llegado a través de los ojos de un gran pueblo que sí nos es más conocido: los romanos. Si el término “etrusco” puede que no sea familiar para todos, sí os sonará lo siguiente: los romanos los llamaban “Tusci”, es decir, toscanos, y legaron el nombre a una de las regiones en que habitaron: La Toscana. Los griegos los llamaban “tirrenos”, y dicho nombre se extendió a parte del Mediterráneo que baña la costa noroccidental de la península itálica.
El pueblo etrusco alcanzó su apogeo entre los siglos VIII y V a.d.C. Pero es preciso que sepamos algo más de la actual Italia desde el siglo XI a.d.C.

Al final de la Edad de Bronce y comienzo de la Edad de Hierro, desde los Alpes entró en Italia un pueblo con una cultura que se llamamos Villanovense, muy relacionada con los pueblos indoeuropeos que invadieron Europa, tales como la cultura Hallstat. Conocían la metalurgia del hierro, y enterraban a sus muertos una vez incinerados, en urnas para sus cenizas, con forma de doble cono. Este pueblo extendió la cultura villanovense en la población de la Edad de Bronce que había al norte de Italia. Existen algunos restos artísticos de esta época, que muestran figuras masculinas equipados con pectoral en forma de disco metálico, no muy distinto al que se podía encontrar en algunas poblaciones celtibéricas.
Hasta el siglo IX a.d.C. (periodo protovillanovense), las poblaciones no eran más que pequeños asentamientos en lugares muy inaccesibles, pero desde ese momento, los registros revelan un movimiento de población hacia aglomeraciones mayores, que absorbieron población de muchos pequeños asentamientos. Estas aglomeraciones, si bien se situaron en zonas elevadas y fácilmente defendibles, eran más accesibles, y permitían el control de un área de terreno ya bastante grande, del orden de algunas centenas de kilómetros cuadrados. Las edificaciones de esta época eran de madera, toscas y poco diferenciadas, pero son el germen para que se formen ya sociedades más estructuradas. Basándonos en los restos funerarios, no había clases sociales diferenciadas todavía.
Durante dos siglos, y según la teoría de origen etrusco “localista”, en la región situada entre el valle del Po y Roma aproximadamente, la población proto-etrusca prosperaba. Aunque habían adoptado la cultura villanovense, hablaban un idioma propio, no indoeuropeo, y de carácter único.
Otras teorías hablan de distintos orígenes. Tal vez debido a su aspecto físico, Herodoto de Halicarnaso postula en su Historia que los etruscos eran colonos de los lidios, de Anatolia. Otros autores proponen que los etruscos eran una rama de los Pueblos del Mar. El hecho es que, si prestamos atención a su arte, nos llamará la atención el cuidado con el que se representa la oblicuidad de sus ojos, finamente almendrados.

Independientemente de la teoría que nos guste, el hecho es que, durante el periodo protoetrusco (siglos XI-VIII a.d.C.), las tierras de los etruscos comienzan a ser visitadas por otros navegantes del Mediterráneo, pues recordemos que en este periodo, los fenicios, y más tarde, los griegos, son los dueños del comercio marítimo. Los dominios etruscos son ricos en hierro, plomo y cobre. Así es como tuvieron contactos con pueblos y culturas lejanas, y más avanzadas, en cierta manera. Al menos, las ciudades griegas y fenicias estaban habitadas por sociedades más ricas y especializadas.
La agricultura de las tierras etruscas floreció junto a las demás actividades e intercambios comerciales. La población, por ende, fue aumentando, como lo hizo la influencia cultural desde Grecia. Cabe destacar que la colonización y los mercaderes griegos, a diferencia de los fenicios, eran permeables al intercambio cultural. Los fenicios, por el contrario, buscaban bases en estos países, pero aisladas de las poblaciones autóctonas. Por ello, de manera increíblemente rápida, en el siglo VIII, (“casualmente” al mismo tiempo que los helenos colonizaban el sur de Italia, la Magna Grecia, con polis como Síbaris, Tarento, etc.) en la región de Etruria la sociedad evolucionó a una cultura urbana, que cristalizó en el nacimiento y desarrollo de una serie de importantes ciudades, las famosas ciudades etruscas: Veii, Caere, Tarquinii, Vulci, Vetulonia, etc. La sociedad urbana se diferenció, y apareció una clase aristocrática económicamente prominente, que comenzó a crear demanda de artículos de lujo (maderas, oro, marfil), demanda que comerciantes fenicios y griegos satisfacían. Estas ciudades, con un pueblo, cultura e idioma comunes, formaron la Liga Etrusca, que dominó desde ese momento el norte de Italia. De hecho, la eclosión etrusca fue tan rápida que los otros pueblos villanovenses, como los oscanos y los umbros, de origen indoeuropeos, con sociedades ganaderas y poco evolucionadas, fueron repelidos hasta las tierras accidentadas y poco fértiles al este y sureste de Etruria, donde fueron quedando aisladas. Estos pueblos no conocerían la cultura urbana hasta la expansión de Roma por toda la península itálica.

Las ciudades etruscas se desarrollaron y en ellas ya encontramos los rasgos clásicos: recintos amurallados, calles pavimentadas, templos, palacios de las familias aristocráticas… El modelo aristocrático heleno incluso llevó a la adopción por parte de los etruscos del alfabeto similar al griego, comenzando así el periodo histórico de Italia, además de influenciar también la religión y costumbres rituales etruscas. La brecha cultural entre los etruscos y los pueblos de los alrededores, incluidos los futuros romanos, aumentó.
A comienzo de los siglos VI a.d.C., las ciudades etruscas más al sur (Veio y Caere, por ejemplo, muy cercanas a Roma), adquieren su forma definitiva. La liga de ciudades etruscas tuvo que enfrentarse tanto a tensiones internas como a una complicada y turbulenta situación exterior.
Las tensiones internas se derivaron del desarrollo de la sociedad urbana. El incremento de la población y la actividad económica hicieron que numerosas familias de particulares plebeyos fueran enriqueciéndose, cosa que inquietó a las familias aristocráticas. Además, los pueblos itálicos de los apeninos, atraídos por la riqueza, fueron infiltrándose y ocupando tierras y estratos sociales urbanos. Estos factores tensionaron a las monarquías y aristocracias gobernantes. Fue entonces cuando muchas ciudades etruscas reformaron sus constituciones para dar cabida en los círculos de poder a una porción mayor de la pujante población, con fuerza suficiente para seguir dominando a la mayor parte. Es decir, se transformaron en repúblicas, dominadas por oligarquías.

Por parte de los vecinos de los etruscos, el tema era complejo. El comercio florecía y había mucho dinero en juego. El premio era el dominio del Mediterráneo y el control de las rutas comerciales. Los jugadores eran los helenos dorios de la Magna Grecia; los helenos focenses, que fundaron colonias en la actual Marsella, costa de Cataluña y Córcega; los romanos, que estaban despegando como ciudad tomando como modelo las etruscas y Cartago, la antigua colonia fenicia que tras el establecimiento del Imperio Persa, había quedado aislada de su metrópolis en Asia, y que se había convertido en una potencia comercial y marítima.
Los etruscos se aliaron con los cartagineses en contra de los helenos, y esta alianza obtuvo una importante victoria en la batalla naval de Alalia, en el 540 a.d.C. Tras ella, los etruscos retuvieron Córcega y los cartagineses Cerdeña, pero Cartago, que se veía más poderosa que la Liga Etrusca, salió ganando en el resto del reparto del poder. Cartago siguió luchando contra los helenos, y en el 480 fue derrotada por una alianza entre los dorios de Siracusa y los focenses de Massilia. Esto privó a los etruscos de un poderoso aliado. Hierón, tirano de Siracusa, pasó al continente con un ejército y venció al de la liga etrusca en la batalla de Cumae. Entonces, el control de la liga sobre las regiones de Campania y el Lacio (al sur de Roma), se debilitaron. Roma y los samnitas, otro pueblo itálico, se lanzaron contra estas tierras, y así los etruscos quedaron relegados a la costa norte del mar Tirreno.

Mientras, las tensiones en las ciudades, debido a los nuevos reveses, fueron aumentando. Las sociedades fueron evolucionando. Las oligarquías tuvieron que reconocer cada vez más derechos a las clases más humildes y a la población rural. No obstante, los gobernantes etruscos no supieron ir al ritmo de su época. La base de poder etrusco se debilitaba, mientras Roma, que sí había solucionado en gran parte las tensiones entre patricios y plebeyos, y que desde el 509 a.d.C. se había constituido como una república, aumentaba su esfera de influencia, basándose en un poderoso ejército de legiones formadas por ciudadanos libres con patrimonio propio. Todavía no dominaba Italia, pero representaba un poder difícil de ignorar.
En el siglo IV, los celtas invadieron Italia y conquistaron a los etruscos las tierras del valle del Po, cortando el acceso al mar Adriático. Y ya en el siglo III, entre el 295 y el 264, Roma conquistó toda Italia. Las ciudades etruscas pasaron a ser aliados itálicos de los romanos. Sus tierras fueron confiscadas, y los tratados les imponían condiciones muy duras (formación de legiones aliadas, tributos, etc.). Las nuevas clases sociales etruscas, que habían luchado por tener cada vez más relevancia política, fueron eliminadas de las esferas de poder. Por el contrario, fueron los aristócratas etruscos los que salieron más beneficiados, fomentando la romanización de sus gentes.
Estos aristócratas, al igual que los restantes aliados itálicos, terminaron luchando por una plena ciudadanía para sus pueblos, lo que llevó a no pocas guerras internas dentro de la Roma republicana. Esto se tratará en futuros artículos, pero sí diremos que fue el primer emperador, Octavio, el que concedió a los aliados itálicos la ciudadanía plena. De esta manera, los etruscos desaparecieron diluidos en el Imperio Romano.

De los restos arqueológicos se ha sabido que los etruscos tenían una religión politeísta, con dioses que representaban las fuerzas de la Naturaleza. También adoptaron dioses del panteón helénico. El Rey de cada ciudad era también una autoridad religiosa. Por lo demás, los aristócratas etruscos eran aficionados al teatro, a la música y a las artes, de un modo muy influenciado por los helenos. No nos ha quedado más legado literario que unos comentarios y adaptaciones realizadas por autores romanos. En realidad, se sabe muy poco de ellos, en comparación con las civilizaciones vecinas.

El legado etrusco consiste sin duda en haber sido el espejo de una Roma en su primera época, sobre todo durante la monarquía romana. Los reyes etruscos representaban tanto el poder religioso como el político, y numerosos símbolos empleados por ellos fueron adoptados por los romanos, tales como el “fasces” (haz de varas con hacha), la silla curul, el cetro, la "toga palmata", etc. La leyenda de la fundación de Roma sobre una colina describe el ritual etrusco para fundar ciudades, con la creación de un recinto sagrado (“pomerium”), y el levantamiento posterior de las murallas. Numerosas palabras etruscas fueron tomadas por los romanos (que recordemos hablaban un idioma indoeuropeo): “populos”, por ejemplo, “persu”. Incluso Roma tuvo reyes de origen etrusco.
Pensad también que la imagen que tenemos de la Roma actual, todo lleno de mármol, procede de la época imperial, con una clara influencia helénica. Pero durante la república, Roma era muy distinta. Su arquitectura era una copia de la de las ciudades etruscas. Octavio dijo que había “nacido en una Roma de ladrillo, y que había legado una Roma cubierta de mármol”.

En fin, vamos con el ejército etrusco. La lista que los representa es la I/57, Liga etrusca. Estos ejércitos se formaban sumando efectivos de varias ciudades. Eran sin duda grandes ejércitos. Tito Livio dice que los romanos los temían al principio debido a su ingente número de efectivos. Los ejércitos estaban liderados por los nobles aristócratas etruscos, y cada ciudad aportaba cierto número de hoplitas al estilo griego, con carácter profesional. No obstante, su número era reducido, y la mayor parte del ejército estaba formado por levas de lanceros etruscos de segunda o tercera clase, sin armadura, y equipados con un gran escudo oval. Con esta idea en mente, revisaremos la lista:
La opción “a” es la más antigua. Consiste en dos peanas de caballería, siendo una de ellas el general. Éstos son los aristócratas. Luego hay una peana de Bd o Sp. Esta peana representa a los soldados profesionales, que según la ciudad y la época, eran tipo hoplita, o estaban equipados con grandes hachas.
Luego hay siete peanas de Sp, que representan a los lanceros de segunda clase. Por último, hay dos peanas de Ps, que son honderos o lanzadores de jabalinas mal equipados, y una opcional de hordas, que pueden representar a los lanceros de tercera clase.
La opción “b” se ocupa de los ejércitos etruscos desde el siglo V a.d.C., cuando ya se combate contra las legiones romanas. Se repiten las Cv y los Ps/Hd. Pero el grueso de la infantería ha cambiado. Hay cuatro peanas de Bd, que son hoplitas reequipados con el “hasta” romana y espadas, a modo de legionarios, y el resto, levas de lanceros sin reformar.

Essex, Magister Militum y otras marcas tienen etruscos, sobre todo en la gama de la Roma republicana. Pero sin duda, los más bonitos son los de Mirliton. Hay que descubrirse ante una gama como ésa.

Nota: Las miniaturas que veis sobre estas líneas son de la marca Mirliton y pertenecen a la colección de Marco Gasbarri de DBA Italia. Podéis ver la galería competa aquí.