Los primeros días III: Egipto

jueves, 17 de abril de 2008

Saludos. En nuestro viaje hacia los primeros días de la civilización, es evidente que no podíamos pasar de largo por la gran civilización que se desarrolló a lo largo del valle del Nilo. Siendo de las culturas más antiguas de la humanidad, nosotros estamos bastante familiarizados con muchos aspectos de su cultura, lo que no es raro, Egipto, el Egipto profundo, mantuvo su identidad desde su inicio, antes del 3000 a.d.C. hasta la expansión del Islam, en el siglo VII de nuestra era. La cultura egipcia ha visto caer y levantarse a sumerios, acadios, babilonios, mitani, hititas, griegos, fenicios, persas, helenos y romanos. Aunque durante muchos años han tenido reyes extranjeros, hay un Egipto elemental que ha seguido imperturbable, inmutable a lo largo del tiempo.
Un periodo tan largo no puede ser abarcado en un solo artículo, de manera que el contenido de este artículo cubre desde el inicio de la civilización a las orillas del Nilo hasta el inicio de la era oscura, alrededor del 1100 a.d.C., con el advenimiento de los pueblos del mar y el “apocalipsis” en el Egeo.

Los ingredientes de la civilización egipcia comenzaron a mezclarse hace decenas de miles de años. Lo que ya en el periodo paleolítico había sido una llanura de caza para el hombre de entonces, se había convertido en un desierto, tal y como es ahora , y el nivel del mar era mucho más alto.
Cuando comenzó a bajar, el valle del Nilo se hizo más habitable. El clima era desértico y había poca lluvia, pero el río proveía de todo el agua necesaria. La población comenzó a descender al valle del Nilo. Era de tipo africana oriental, como los somalíes actuales. Sin embargo, la próspera tierra provocó la llegada de inmigrantes libios, pertenecientes a la rama norteafricana del hombre europeo (es decir, europeo antes de las invasiones indoeuropeas. Hablamos de población que comparte un origen común con las poblaciones paleolíticas de la península ibérica, y sur de Francia, por ejemplo). Del este llegaron tribus semitas con sus rebaños de ovejas, y nubios del sur, de las fuentes del Nilo. A mediados del cuarto milenio antes de Cristo, otro grupo de semitas llegó desde el este, trayendo la los conocimientos elementales del bronce. Y tras cinco siglos de una sana y fértil concupiscencia, la amalgama de pueblos dio como resultado un elemento totalmente nuevo y diferenciado de los demás. En efecto, los restos indican que desde el 3000 a.d.C. existe un pueblo distinto a libios, nubios y semitas: el pueblo egipcio.

Tampoco podemos entender a este pueblo sin conocer el Nilo. Este inmenso río recorre el valle de sur a norte. Al alimentarse del deshielo de las montañas, el río tenía una crecida muy regular y muy controlada, entre agosto y octubre, que inundaba todo el país y que, al descender las aguas, dejaba todo el terreno con una capa de “supervitaminadora” y “supermineralizadora” arcilla. La subsiguiente cosecha era enormemente abundante, y la población, cuando desarrolló un sencillo sistema de canales, fue capaz de generar un gran superavit de producción. El Nilo era como un metrónomo que marcaba la vida del pueblo egipcio. Cuando subían, ya no había nada que hacer. El país estaba sumergido, y la gente tenía que irse a vivir a los pueblos más altos, y desplazarse en barcas a todos lados.

La población egipcia se agrupó desde un primer momento principalmente en dos zonas separadas muchos kilómetros. Antes de que apareciera el primer faraón, durante lo que se conoce como periodo protodinástico (desde el 3500 al 3000 a.d.C.), más o menos, estas zonas eran independientes, y pasaron a denominarse Alto y Bajo Egipto. Ya en este periodo contactaron con la más avanzada civilización sumeria, y hacia el final del periodo desarrollaron los principales rasgos de su cultura: calendario de 365 días, sistema de escritura (idea importada de Sumer, pero con desarrollo gráfico propio. Por cierto, la historia de cómo se descifraron los jeroglíficos por Champolión es verdaderamente apasionante, y os recomiendo también que la investiguéis. Por si no lo sabéis, los jeroglíficos son un alfabeto fonético, es decir, un símbolo=un sonido, aunque luego hay símbolos determinantes, que alteran el significado de los sonidos, etc. Verdaderamente apasionante.), arte desarrollado, construcción de templos… Los registros egipcios escritos en las tumbas y monumentos son largos y precisos. La cronología está completa y puede rastrearse hasta la unificación de los dos reinos. Y los conocimientos astronómicos egipcios, procedentes de una cuidada observación y anotación, todavía están siendo estudiados. Nuestros 365 días procede de su calendario, aunque ellos no contaban las seis horas adicionales que nosotros sí contamos. (Nota: la Astronomía es una ciencia noble y maravillosa, cuyas nociones básicas recomiendo encarecidamente que sean estudiadas por vosotros, queridos lectores. Disfrutarán mucho más de estos temas, y podrán rebatir a los “listillos” de la “Historia” que acaban diciendo memeces sobre ovnis, alineaciones planetarias y horóscopos. Para intrigaros, os animo a descubrir a qué constelación pertenecía la Estrella Polar de hace cinco mil años. Tened en cuenta que se llama Estrella Polar a la estrella “pinchada” por eje de rotación imaginario de la Tierra. Ahora es una estrella de la constelación de la Osa Menor, pero esto no era así milenios atrás). Por elementales cuestiones astronómicas que no trataré aquí, el calendario se les descuadraba un día cada cuatro años, pero se autocorregía cada 1460 años. Algunos estudiosos actuales sostienen que este segundo ciclo era contabilizado por los egipcios, y el año en que el calendario se autocorregía, se celebraban grandes fiestas. Hay un interesante documental de Canal Historia sobre esta tesis. Lo vi y no me pareció disparatado. Al menos, la cuestión astronómica estaba bien fundamentada y era coherente.

Si bien las comunicaciones con Sumer por tierra eran difíciles, cruzando el Mar Rojo y navegando por el golfo Pérsico habitaba un pueblo semita, del que los fenicios decían descender, que sirvieron de vehículo para los bienes y mercancías sumerias, y tuvieron mucho contacto con el reino del Alto Egipto, el que estaba más al sur. Sería pues aquí, alrededor del 3100 a.d.C., cuando surge el primer faraón: Menes, un personaje a medias histórico y a medias legendario. Conquistó y unificó ambos reinos. No fue una conquista con fin destructivo, sino que desde el primer momento, Menes se denominó Faraón del Alto y Bajo Egipto, y creó la doble corona, roja y blanca, simbolizando la unión de los dos reinos. Así nació la primera dinastía, y la primera capital: Menes fundó la ciudad de Memfis para gobernar ambos reinos. Para hacerlo, creó diques que contenían las subidas del Nilo alrededor de la ciudad. Si el Nilo controlaba la vida de Egipto, y un hombre era capaz de controlar el Nilo, entonces ese hombre era un dios. Los faraones, por lo tanto, estaban al nivel de los dioses, y de ellos manaba su poder en la tierra.
Desde ese momento, el desarrollo científico, cultural y económico de Egipto se disparó. La vida, a diferencia de Sumer y Acad, no se organizó entorno a las ciudades estado. Egipto siempre fue un país de prósperas y autosuficientes aldeas rurales, entre las cuales crecían otros centros de población más grandes cuyo crecimiento estaba ligado a las necesidades de mercado que para intercambio de bienes y productos de las diferentes aldeas. Lo que sí se hizo en este periodo fue la división del territorio en provincias, llamadas nomos, al frente de las cuales el faraón nombraba un nomarca. El grado de libertad y poder de los nomarcas frente a los faraones variaría con el tiempo, y fue causa de no pocos conflictos.


El periodo entre la primera y sexta (u octava, según algunos egiptólogos) dinastía, es decir, entre el 3100 y el 2150 a.d.C., se conoce como el Reino Antiguo. De esta época proceden las primeras pirámides, que eran escalonadas. En la tercera dinastía hay que destacar la figura de Imhotep, que fue Primer Ministro del faraón Djoser, y al que se reconoce como el primer ingeniero, arquitecto y físico de la Historia. Entre otras cosas, se le atribuye el desarrollo de la construcción mediante uso de pilares de roca, por ejemplo.
En la cuarta dinastía se alcanza el máximo esplendor del Reino Antiguo. Este periodo transcurre entre el 2586 y el 2468, y a sus faraones debemos las obras más grandiosas del mundo egipcio: las pirámides de Kefrén, Keops y Micerinos, y la Esfinge, todo ello en Giza.
A partir de la quinta dinastía, el Reino Antiguo comienza su decadencia. Las grandes obras emprendidas por la Cuarta dinastía vaciaron las arcas de los faraones. Por otro lado, los nomarcas fueron cada vez más independientes de los faraones al depender éste más de los recursos provinciales, y fueron aumentando su poder, hasta ir derivando en guerras civiles. Si a eso le añadimos una persistente sequía en las fuentes del Nilo, que durante cincuenta años modificó el nivel de subida del río, tenemos una terrible primera caída del imperio. Hambre, guerra, ruina… Una inscripción en la tumba del faraón Anktifi da detallada cuenta de todo ello.

Entre la caída del Reino Antiguo y el advenimiento del Reino Medio, los egiptólogos hablan del primer Periodo Intermedio, caracterizado por el caos y las guerras civiles entre los diferentes nomos. Casi no hay registro de esta época debido a la desintegración del país, pero en el año 2055, el faraón Mentuhotep II comenzó la novena dinastía y el Reino Medio, tras unificar de nuevo todo el país.
Este periodo trascurre entre el 2055 y el 1640, con los gobiernos de las dinastías IX a la XIII. Durante este periodo, las dinastías estuvieron ligadas a diferentes ciudades, a diferencia del periodo anterior. De este modo, la capital varió desde Heraclea a Tebas (Tebas de Egipto, no la Tebas de Beocia, en Grecia) y luego a otras ciudades. En este periodo, los faraones expandieron los dominios hacia el sur, hacia Nubia. También establecieron una estable frontera con los siempre agresivos libios, y se coartó en general el poder de los nomarcas (sobre todo, el cargo dejó de ser hereditario).
La población aumentó mucho, y tuvieron que ampliar mucho las zonas de cultivo. Y también se invitó a pueblos asiáticos del noreste a venir a Egipto para trabajar en las obras y monumentos. No lo sabían, pero estaban abriendo la puerta al enemigo.
Tras un periodo bastante próspero, la XIII dinastía fue bastante débil. De hecho, apareció una XIV en el Delta del Nilo, y ambas gobernaron su parte del país independientemente. Esta debilidad fue aprovechada por los pueblos semitas invitados a venir por los faraones de la XII dinastía.

Estos semitas se aliaron con otras tribus cananitas y arábigas, y les informaron del caos que había en Egipto. Entraron en Egipto atravesando el Sinaí, y traían armas nuevas y más potentes: carros de guerra, arcos de tipo compuesto y, según algunas fuentes, armaduras metálicas. En el siglo XVII a.d.C., los denominados Hycsos tomaron el control del Bajo Egipto, un dominio que duraría un siglo. Estos Hycsos iniciaron la XV dinastía, y con ella, el Segundo Periodo Intermedio. Se aprovecharon de la firme estructura de poder que habían creado los faraones: los eliminaron y ocuparon su lugar, y el imperio siguió adelante.
Mientras, en el Alto Egipto, una nueva dinastía egipcia procedente de Tebas, la XVII, emergió, y no pudo tolerar que la mitad de su país estuviera bajo el mando de los extranjeros, de modo que inició una gran y prolongada ofensiva. Los reyes Seqerenne y Kamose dedicaron sus reinados a recuperar la tierra del poder de los extranjeros. Fueron muchos años de guerra, pero en el año 1550 a.d.C., el primer faraón de la grandiosa XVIII dinastías, Ahmose, consiguió de nuevo la reunificación de los dos reinos, iniciando el Nuevo Reino Egipcio, duraría hasta el 1292 a.d.C.
Y estos son los egipcios que más conocemos: los que salen en “Los Diez Mandamientos” o los de “Sinhué, el egipcio”, o la dinastía de Tutankamón. Son los egipcios que aprendieron las artes de los aurigas de sus odiados hicsos, y son los egipcios que se expandieron por Oriente Próximo, los que lucharon contra los hititas, mitani y cananitas. Pero vayamos por partes.

El inicio del Nuevo Reino trajo importantes cambios en la política exterior egipcia. Para empezar, los faraones se dieron cuenta de que su país era en exceso vulnerable a los pueblos que desde Asia, con una tecnología bélica más avanzada, podían volver a entrar a través del Sinaí. Hasta entonces, la cultura egipcia estaba sumida en un cierto chauvinismo imprudente que los hacía sentirse invulnerables y superiores, pero ahora todo eso había quedado atrás. La nueva dinastía se encargó de desarrollar tecnológicamente el país, y creó un ejército moderno y profesional, bien equipado y entrenado. Introdujeron conocimientos de los hicsos, como el mejor trabajo del bronce y los carros de guerra a gran escala. Hay que tener en cuenta que para las guerras a lo largo de Egipto, el terreno hacía inútil el uso de carros. La guerra se había basado en infantería movida con barcos a lo largo del río. Sin embargo, con el creciente interés egipcio en las tierras de Oriente Próximo, tuvieron que revisar sus tácticas.
Los egipcios desarrollaron su propio cuerpo de carros, compuesto de nobles ricos, que podían pagarlos. Sin embargo, a diferencia de sus potenciales enemigos, Egipto tenía muchos más recursos humanos, de modo que la mayor parte de su ejército se componía de infantería: arqueros por un lado, y soldados de línea por otro, equipados con escudos, jabalinas y terribles hachas o espadas tipo Copes (ésas con forma de interrogación). Los carros egipcios eran muy ligeros y maniobrables, y tenían como función proteger a la infantería de los carros pesados enemigos, debilitándolos con certeras flechas. Hay que tener en cuenta que estos carros se desarrollaron para avanzar por el desierto. Era un diseño más adaptado a su entorno que el de sus enemigos, que habían heredado el diseño de los pueblos indoeuropeos de las estepas asiáticas. Además, iban acompañados de unos “corredores”, que seguían a los carros. Cuando éstos penetraban en las filas enemigas, los corredores formaban una segunda línea con la que chocaban los enemigos. Entonces, los carros egipcios giraban rápidamente y atacaban de nuevo por la espalda a los carros enemigos trabados con los corredores.

Una vez puestos en fuga los hicsos, los egipcios penetraron en Asia y atacaron las bases de los pueblos semitas aliados de los hicsos, conquistando así lo que luego sería Palestina, y llegando hasta Siria y el Eúfrates. A orillas de este río, el faraón Tutmosis I erigió dos estelas conmemorativas. De esta forma, Egipto entró en contacto con el reino Mitani, al este, y los Hititas, al norte y las ciudades cananitas de Palestina (hablaremos de estos pueblos en la próxima serie), y estos poderes fácticos jugarían un peligroso lance de equilibrio de poder durante los siguientes dos siglos en Oriente Próximo. Además, la XVIII dinastía también miró hacia el sur, y, ascendiendo más allá de la cuarta catarata del Nilo, sometieron el reino de Nubia.
Los años pasaron, y los enfrentamientos entre estos pueblos se hicieron inevitables. En la batalla de Megido, en el 1482 a.d.C., los egipcios del faraón Tutmosis III se batieron en una épica batalla de carros contra las ciudades cananitas de Gaza, venciendo los egipcios. En los dos siglos siguientes se sucederían reyes más incapaces que otros. En general, se buscó una alianza con los Mitani, pero éstos terminaron cayendo frente a los hititas. En aquel momento, el faraón de Egipto era Akenatón, que promovió una reforma religiosa que sumió al imperio en una cierta confusión, que aprovecharon los hititas para avanzar hacia el sur. Tras Akenatón, Ramsés II se propuso reconquistar la antigua zona de influencia egipcia. Así, en el año 1301 a.d.C., los inmensos ejércitos egipcio e hitita chocaron en la dura batalla de Qadesh, que, en cierto modo, supone el inicio del fin del predomino del carro de guerra en el campo de batalla. Esta batalla se tratará en el próximo Grandes Batallas, de modo que no me extenderé más aquí.
El resultado de Qadesh fue incierto, aunque Ramsés se apresuró a tallar por todas partes el relato de su victoria y a culpar a sus subordinados de los errores que hubieran podido ocurrir (“al más puro estilo wargamer”, según dicen los autores de DBM en la lista de ejército New Kingdom Egipctian).

Una nueva amenaza llegó desde el este alrededor del 1200 a.d.C. aunque esta vez le hizo frente un faraón verdaderamente brillante y valiente: Ramsés III, de la XX dinastía. Los pueblos del Mar arrasaron Oriente Próximo, provocando la caída de los hititas, Ugarit, los micénicos y en general, sumiendo al Levante en el caos. Muchos de ellos llegaron por mar a Libia, y se aliaron con las tribus locales contra Egipto. Ramsés III consiguió defender Egipto de la feroz invasión Libia. Los guerreros de los pueblos del mar que sobrevivieron buscaron a sus tribus y les informaron de la fértil tierra que había al sur. Ramsés III sabía que volverían, pero esta vez los esperó en el mar, y los venció en una desesperada y brillante batalla en la desembocadura del Nilo. Sin embargo, la caída de Oriente Próximo acabó desestabilizando Egipto. Los vencidos de los pueblos del Mar fueron entrando en el ejército de los faraones al serles cada vez más difícil gestionar un ejército propio. Los peleset, tribu de los pueblos del mar, fueron enviados a defender Palestina, pero se independizaron, y fueron conocidos desde entonces como filisteos.
En el 1085 muere Ramsés V, el último rey de la dinastía XX, año en el que se termina el Nuevo Reino Egipcio. En los siglos posteriores, la historia de Egipto continúa, pero nos detendremos aquí, pues es el periodo que más nos interesaba para esta serie.

Los ejércitos de DBA para representas a los egipcios son:
I/2, Egipto temprano. Esta lista representa a los ejércitos de los reinos Antiguo y Medio. La opción a es la más primitiva, y permite llevar el general en Litera (un WWg sin capacidad de disparo), como un dios viviente. El resto del ejército con arqueros, la fuerza principal de Egipto en esta época, y algunos elementos de combate cerrado, es decir, dos peanas de Bd, que representan a la escolta del faraón. Por último, están los Ps, que son arqueros de los pantanos del Delta o mercenarios nubios y libios, y Hd, que representan levas realizadas por los nomarcas.
La opción b ya permite un único Lch, el del general. Por lo demás, el ejército no varía respecto al a.

I/17, Hicsos, también con dos opciones. La a) representa el periodo inicial de dominio hicso. El general va en carro y dispone de tres o cuatro peanas de Bd, soldados de línea preparados para el combate cerrado. Pero luego, los arqueros egipcios han desparecido. Los hicsos llevaban tropas semitas procedentes de Asia, básicamente lanceros con equipo ligero, que están representados mediante las peanas de Ax.
En la opción b, se ve que estos semitas han formado una élite que lucha en carro. Ya no hay Ax, sino Lch.

I/22 Nuevo Imperio Egipcio. El nombre lo dice todo. Los cambios en esta lista son espectaculares. Para empezar, la opción a) tiene una nutrida representación de carros ligeros, acompañados de dos peanas de Ps (“corredores”). Luego está el cuerpo de infantería de arqueros y el cuerpo de infantería de fieros Bd.
La opción b representa una fase tardía, con el Nuevo Imperio en decadencia. La lista es muy parecia, pero hay menos infantería egipcia (menos arqueros, procedentes de los nomos), y más mercenarios libios o nubios (la peana de Wb).

Muchas marcas tienen gamas de egipcios, pero yo destacaría a Essex y Chariot.

Nota: Las miniaturas de DBA (New Kingdom) que veis sobre estas líneas están pintadas por Ana y, si no me equivoco, son de la compañía Minifigs.