El sueño de Bactriana: los últimos reinos griegos.

viernes, 1 de mayo de 2009

Saludos. Hoy comenzaremos con un enigma. Imaginad la escena: es 12 de noviembre de 2001, y los talibanes ya sienten el aliento de los americanos en el cogote. En Kabul, un grupo de mulás, listo para huir a las montañas, se ha detenido en el edificio del Tesoro, construido en los años 30 por arquitectos alemanes. Bajan directamente al sótano, y al final de un estrecho pasillo hay una puerta con siete extrañas cerraduras. Los talibanes no tienen las llaves, claro, de modo que recurren a lo que tiene a mano: sopletes, palancas, balazos... Pero nada. La puerta apenas recibe daños. Por último, comienzan a disponer dinamita alrededor, hasta que un funcionario del Tesoro, horrorizado, les explica que el diseño del edificio es tal que si intentan volar la puerta, destruirán los muros de carga principales y toda la estructura caerá sobre sus cabezas. “Diseño alemán”, les asevera. Por ello, los mulás, frustrados, abandonan el edificio y huyen de Kabul sin conseguir su objetivo.

Pero, ¿qué había tras esa puerta, cuyas llaves estaban en poder de siete personas que no se conocían entre ellas, en siete lugares distintos del mundo? ¿Qué fabuloso tesoro intentaban saquear los talibanes? Preparémonos para viajar con la imaginación, queridos lectores, a través de los océanos de tiempo. Miremos ahora Afganistán en el Google Earth, y retrocedamos días, meses, años, siglos.... Porque hubo un tiempo en el esa tierra, que ahora no es más que escombros, era un país asombroso y opulento, cuna de una refinada y mestiza cultura, que fue descrito por los geógrafos como el riquísimo imperio de las mil ciudades. Pero su estrella se apagó, y cayó en el olvido, y no se volvió a saber nada de aquellos fabulosos reyes hasta hace poco más de cien años. Porque al otro lado de aquella puerta, amigos, estaba uno de los mayores y más hermosos tesoros que se hayan imaginado nunca. Y si tomáramos una sola de las miles de monedas que lo conforman, nos resultarían extremadamente familiares. Reconoceríamos en ella algunos caracteres. Sí. Algunos, incluso podrían leer fácilmente palabras escritas en griego. ¿”Cómo es posible”, podríamos pensar? Viajemos, viajemos un poco más hacia el oeste, hacia el principio de esta historia, hasta Babilonia, donde un joven rey macedonio agoniza en su lecho, rodeado por sus generales... Porque la cadena de acontecimientos que llevaron a los mulás al edifico del Tesoro, comenzó ese aciago día de verano del 323 a.d.C., en el que Alejandro, hijo de Filipo, falleció sin heredero.

Alejandro. Hubiera bastado con que dijera un único nombre con su último aliento, y todo habría sido diferente. Pero murió en silencio, y su cuerpo no estaba frío todavía cuando ya sus generales luchaban entre ellos por heredar su fabuloso imperio, que llegaba desde Macedonia hasta La India. Allí estaban, entro otros, Ptolomeo, Lisímaco, Eúmenes... y Seleúco. Sin hacer grandes esfuerzos por entenderse entre ellos, cada uno se dirigió hacia sus tropas, y comenzaron las guerras de los Diadócos.

Tras años de lucha, no les quedó mas remedio que llegar a diferentes acuerdos y repartirse las satrapías del imperio de Alejandro, que, inteligentemente, había respetado la organización territorial del imperio persa. En el reparto, Seleúco se quedó con pedazo enorme: desde Siria hasta La India, y estableció su imperio en el 305 a.d.C. Siguió respetando la estructura de satrapías persas, situando en cada una un gobernador designado por él, sátrapas, a fin de cuentas. Mientras, en La India, una nueva dinastía ascendía al poder: los Maurya. Su fundador, Chandragupta, recibió embajadores de Seleúco. El general sabía que no podría controlar las tierras del Indo ante los Maurya, y pactó con ellos: tierras, a cambio de miles de elefantes que incorporar al ejército seleúcida. Como prenda, matrimonios pactados entre ambas dinastías. Chandragupta sonrió y aceptó, y así extendió su imperio hasta las faldas del Hindukush.

Los años pasaron. A la muerte de Seleúco le sucedió su hijo Antíoco I, y a éste, Antíoco II. En este momento, el año 250 a.d.C. las guerras de Antíoco con los Ptolomeos de Egipto, alcanzan un nuevo clímax. Es entonces cuando el gobernador de la rica satrapía de Bactriana, aprovechando la oportunidad, declara unilateralmente su independencia de la casa de los Seleúcidas, y funda su propio reino: Bactria (en el norte del actual Afganistán) tomando rápidamente el control del ejército y preparándose para el posible contraataque seleúcida. Y su ejemplo cundió, porque apenas tres años después, Andrágoras, sátrapa de Partia, también declaró la independencia.

Hasta el 210 a.d.C., con un nuevo Antíoco, el tercero, los seleúcidas no fueron capaces de organizar una invasión en la satrapía rebelde. Para entonces, ya llevaba veinte años gobernando en Bactriana una nueva dinastía, la de Eutidemo, que había derrocado a Diodoto, y se había anexionado Sogdiana. Eutidemo y sus nuevos ejércitos grecobactrianos fueron inicialmente derrotados, pero en su repliegue hacia su capital se defendió con éxito, y resistió un terrible asedio durante tres años. Antíoco III, ante la imposibilidad de mantener el sitio por más tiempo, decidió pactar con Eutidemo. De esta manera, el imperio seleúcida reconocía al reino grecobactriano.

Su expansión prosiguió. Ya habían llegado a China hacia el final del siglo III a.d.C., y también se expandieron hacia el oeste, conquistando Traxiana; al norte, Fergana y al sur, más allá del Hindukush, hasta Aracosia. Para el año 180 a.d.C., el reino grecobactriano estaba a las puertas de La India.

Pero mientras, los partos, guiados por Arsaces se habían rebelado contra Andrágoras. No sólo tomaron el control de la región, sino que, bajo el mando del sucesor arsácida, Mitrídates I, siguieron como una ola imparable hacia el oeste, conquistando el corazón del imperio. La casa seleúcida fue empujada hasta el Mediterráneo, mientras Persia, Media y Babilonia volvía a manos iranias. El resultado es que el reino griego de Bactriana quedó separado para siempre de Occidente, la tierra de donde habían llegado los reyes macedonios. Para entonces, aquellos tiempos resultaban muy lejanos. En Bactria, la cultura helenística y las irania e india, a fuerza de coexistir, estaban impregnándose unas de otras. No se miró al oeste con nostalgia. Las riquezas, el poder, la gloria, estaban en el este.

En el año 180 a.d.C., la dinastía Maurya fue depuesta por los sungas. Su intolerancia religiosa hacia los budistas fue aprovechada por el rey bactriano Demetrio, que invadió La India, presumiblemente en defensa del budismo. Incorporó las tierras de la llanura del Indo a su reino, y luego prosiguió hacia el este. Los sungas dejarían registros escritos maldiciendo a los helenos, los “yavana”, feroces y sedientos de sangre.

Los sucesivos reyes bactrianos siguieron avanzando hacia el corazón de La India, hasta que el Menandro, en el año 150, conquistó la ciudad de Paliputra, en el valle del Ganges. En ese momento, la dinastía bactriana eutidémida fue depuesta por otra helenística, la eucrátida, que finalmente tomó el poder en el 140 a.d.C. El desorden en el reino bactriano fue tal que, aprovechando que las conquistas en La India eran tan extensas, el general Menandro dio un golpe de mano y formó el primer reino indogriego, una entidad política separada del reino de Bactria, que no pudo evitar la independencia de facto.

A partir de ese momento, la información que se tiene se diluye, y sólo se conoce que el reino Indogriego se fragmentó en numerosas partes con muchos reyes “yavana”, que volvían a unirse más tarde bajo otros yavana más poderosos, y que al morir éstos volvían a separarse.

Ambos reinos tuvieron una corta vida en paralelo, pues a partir del 140 a.d.C., a través de las estepas comenzó una invasión de los escitas del este, que presionados por otron pueblo indoeuropeo denominado Yue-zi, o kushan, avanzaron hacia el sur penetrando por el norte de Afganistán, y desorganizando no sólo Bactriana, sino también la frontera oriental del imperio parto. Y poco después los kushan también entraron en el reino. Entre ellos se encontraban posiblemente los tocarios, el pueblo indoeuropeo conocido que habitó más al este. A lomo de sus poderosos caballos, los impresionantes catafractos de los kushan y sus arqueros a caballo irrumperion en el debilitado y aun inestable reino bactriano. Los eucrátidas, aunque presentaron una feroz defensa, perdieron en pocos años de guerra el control de su reino, y, repliegue tras repliegue, el último rey grecobactriano, Heliocles, ordenó a sus súbditos huir hacia sus últimas posesiones en La India en el año 130 a.d.C. Los grecobactrianos, que formaban el estrato superior de la sociedad, se llevaron todo lo que pudieron, pero sus mayores tesoros tuvieron que ser escondidos y abandonados. Entre estos tesoros se contaban miles de hermosas monedas, adornos de oro, objetos preciosos procedentes del comercio con China y de los maravillosos artesanos de Bactriana. Fueron éstos tesoros los que aparecieron en el siglo XX. Éste es el origen del oro perdido de Bactriana, el tesoro de las Siete Llaves, que sólo representaba una pequeña parte del total.

Los kushan tomaron el poder en el reino, pero no destruyeron la cultura helenística, sino que la absorbieron en gran medida. Hablaremos de este poderoso imperio en otro artículo, no obstante, pues ahora debemos seguir con el último impero helenístico de Asia: los indogriegos, que bajo el mando de Menandro I, habían conquistado gran parte del norte de La India.

Los “yavana” se situaron de nuevo como estrato dominante en una sociedad también de castas, de manera que su dominio fue fácilmente asimilado. A lo largo de los años se sabe que gobernaron unos treinta reyes helenísticos. La cultura, la filosofía y la religión de ambos pueblos se fusionaron con una fuerza extraordinaria.

Sin embargo, los kushan desde su nuevo imperio bactriano, comenzaron su extensión hacia La India. La mitad occidental del reino indogriego fue conquistada hacia el 70 a.d.C. El reino indogriego quedó limitado a los territorios del Punjab. Pero los pueblos escitas esteparios siguieron presionando sin embargo más allá de las fronteras kushan, y así, en el año 10 a.d.c., el último rey indogriego, Estratón II, fue derrotado. Los últimos herederos del mundo que Alejandro había imaginado habían desaparecido. Pero no su cultura.

Los reinos grecobactrianos e indogriegos mantuvieron algunas características comunes. Los reyes y la clase dominante era de origen heleno, pero numéricamente era muy inferior a los pueblos sobre los que gobernaban. Éstos, además, eran muy variados, con lenguas, religiones y culturas distintas. La respuesta a los problemas de gobierno fue la misma que ya había empezado a adoptar Alejandro: la fusión cultural. Los gobernantes fueron asimilando la cultura local. Las lenguas comenzaron a fusionarse, y la religión pasó por un proceso de sincretismo, es decir, de unión de corrientes totalmente distintas. Estas ideas permitieron el nacimiento de culturas nuevas, con características tanto helenísticas como autóctonas. Cobró especialmente fuerza la religión budista, que muchos reyes, sobre todo indogriegos, no sólo defendieron con vehemencia, sino que llegaron a adoptar, como Menandro I. De hecho, una de las mejores muestras de este sincretismo cultural es un texto budista llamado “Milinda Phana” (Diálogos con Milinda, es decir, Menandro). Escrito en pali, refleja, copiando el más puro estilo dialéctico platónico, las conversaciones entre Mendandro y un monje budista Nagasena. En las distintas monedas acuñadas por los reyes pueden leerse inscripciones en griego y en idiomas locales, con símbolos adaptados, y referencia a dioses de todos los panteones. Hubo templos maravillosos y estatuas de belleza inigualable. La población, en su mayoría india o irania, disfrutaría junto a la aristocracia “yavana” de antiguos dramas escritos por autores de extraños nombres tales como “Sófocles”, o “Eurípides”, que hablaban de lejanas ciudades del oeste, que ya apenas eran un vago recuerdo para los nobles.


GRECOBACTRIANOS E INDOGRIEGOS EN DBA

La lista que representa a estos reinos es la II/36. Ésta tiene una variante “a” para el reino greco-bactriano y la “b” para el reino indogriego. Como características comunes, los ejércitos de estos reinos presentan una composición mixta: mando y unidades regulares de estilo helenístico y una parte mucho mayor de tropas autóctonas, tanto iranias como indias. Pero veámoslas con más detalle.

La opción “a”, grecobactriana, tiene un general 3Kn, que representa a la caballlería helenística tipo “Hetairoi”, equipada con armadura pesada y xyston, y otra peana de 3 ó 4 Kn, que representa tropas del mismo tipo o bien tipo catafractos seleúcidas. Luego hay dos peanas de LH,que representan caballería ligera bactriana, tropas iranias que combatían con arco y lanza ligera. Luego, vienen dos complejas opciones de hasta ocho peanas. La primera incluye 4 bases de picas, dos de auxiliares tipo “thureophoroi” helenísticos, y dos peanas de psilois, (arqueros mercenarios cretenses o arqueros montañeses indios), que pueden ser opcionales con una peana de elefantes y otra de Bw indios. Es decir, este grupo representa la primera etapa del reino grecobactriano, cuando todavía tenían contacto con los reinos helenísticos de occidente, y la tradición militar macedonia era mayoritaria.

Sin embargo, la otra gran opción sustituye estas últimas ocho bases por tropas exclusivamente iranias: 3 bases de caballería acorazada o catafractos iranios y más LH de caballería ligera bactriana y caballería ligera india. Es decir, es posible hacer una lista exclusivamente de tropas montadas. Con estos ejércitos hicieron frente a las invasiones kushitas.


La opción “b”, que es la del reino indogriego, es más sencilla. El general es Cv, en lugar de Kn. En las monedas indogriegas se representan jinetes helenísticos, pero equipados con arcos y lanzas ligeras. Al parecer, tuvieron que cambiar las tácticas de choque con xyston frente a enemigos más ligeros, como los indoescitas, que fueron penetrando en La India. Por ello se equiparon de aquella manera. Luego hay una peana de Lh, que representa caballería ligera india o bien mercenarios escitas. Cuatro peanas de piqueros son el último recuerdo de las tácticas helenísticas, pues luego siguen dos peanas de elefantes indios; tres peanas de arqueros indios Bw, una de las cuales puede cambiarse por Ps, arqueros montañeses indios y una peana de Bd, que representa a los lanceros indios, que luchaban con escudos grandes y estrechos, jabalinas y diferentes tipos de espada, normalmente por delante de los arqueros.

Casi todas las marcas tienen gamas útiles: Xyston, Essex, Old Glory, Magister Militum, etc.

3 comentarios:

caliban66 dijo...

He corregido el término "kushita", que puede dar lugar a confusión con los pueblos del reino africano de Kush, por Kushan. En algunas fuentes, los kushan, en castellano, son llamados kusan o kusana.

Juanlu Ruiz dijo...

En primer lugar, me gustaría decir que encuentro tu blog fantástico: narras periodos de la historia especialmente interesantes para mí, y de un modo muy ameno y que incita a seguir leyendo; un verdadero descubrimiento.
En segundo lugar, querría pedirte que cuentes algo más de esta época, de la indogriega, o simplemente de la India o Persia en la antiguedad. ¿Podrías, si no es molestia, compartir algunas páginas web, libros o incluso películas que traten este tema o estén ambientados en esta época?
Gracias

Endakil dijo...

Hola Juanlu,

La verdad es que es un periodo y una región fascinante, y que ha sido muy poco tratada.

En su día estuve buscando novelas históricas ambientadas en Bactria y solo pude encontrar una en inglés: Horses of heaven, de Gillian Bradshaw.
No he tenido la suerte de leerlo, pero sí conozco a la autora y es una de mis favoritas.