Saludos. En el grupo de juego en el que estoy decidimos hacer una gran batalla histórica, pues todavía teníamos el buen sabor de boca que nos dejó Gaugamela. De modo que preparé el siguiente escenario:
Hay dos bandos: Artajerjes II (defensor) y Ciro, el Joven (atacante). Se usarán las reglas habituales de BBDBA, con las siguientes excepciones:
El flanco izquierdo de Artajerjes estará ocupado por un río. Se pondrá la mínima escenografía adicional que permitan las reglas, incluyendo el río.
a) Ejército de Artajerjes: Se compone de 3 mandos de la lista II/7. Persas aqueménidas tardíos.
1.Tisafernes, flanco izquierdo: Cv(gen), 2 Cv, 3Sch, 4Ax 2Ps, Campamento. El campamento se desplegará en contacto con el río.
Órdenes: detener a los mercenarios griegos y evitar que llegen al campamento persa.
2. Artajerjes II. Cv (CinC) ,4Ax, 4Sp, 2Cv. Los Ax se desplegarán a continuación de la línea de Tisafernes. Artajerjes debe quedar en el centro de la mesa.
3. Orontas. Cv (gen), 2Cv, 6 LH, 4 Ps
El dado más alto será para Tisafernes, el segundo más alto para Artajerjes y el menor para Orontas.
b)Ejército de Ciro: Un mando de II/7 Persas aqueménidas tardíos y otro de II/5(i), hoplitas tardíos, , con la opción de 1Cv y 3 Ps. Ciro será el CiC.
El mando hoplita desplegará pegado al río. El mando de Ciro, a continuación. El campamento también estará pegado al río.
Reglas especiales:
a) El Gran Ejército Real.- El ejército de Artajerjes es tan grande que apenas puede controlarlo. Todos sus generales tienen un rado de mando efectivo de 600 pasos.
b) El mejor hombre: Ciro es un gran general. Siempre tirará dos dados de PIP y elegirá el más alto. Además, su mando sólo se romperá si él muere O si pierde seis peanas, en lugar de cuatro.
c) "Si vencemos aquí, estará todo hecho...". Ciro tiene un +1 adicional al +1 por ser general cuando luche contra cualquier Cv del ejerćito contrario. Además, perseguirá automáticamente a la peana de Artajerjes II como si fuera impetuoso.
Condiciones de victoria:
Artajerjes obtiene Victoria Total si consigue romper los dos mandos enemigos.
Ciro ganará si rompe el ejército enemigo según las reglas o mata a Artajerjes en cualquier momento.
Se producirá un empate si se rompe el mando de Ciro pero el mando griego todavía no se ha roto y, además, consigue asaltar el campamento persa.
Con las minis ya preparadas, nos reunimos Fran, Fernando y yo, y sorteamos los bandos. Fran jugaría con Ciro y los griegos; Fernando, con Artajerjes y Orontas y yo, con el ladino Tisafernes. La partida se celebró en la tienda física de E-Minis.
Bueno, pues tras la lectura "obligada" de la descripción del despliegue en la "Anábasis" de Jenofonte, visiblemetne emocionados, comenzamos a desplegar. Éste fue el resultado.Pinchad en la foto para verla más grande. En la parte derecha está el enorme ejército de Artajerjes II. En la parte inferior, Tisafernes, junto al Eúfrates. En el centro, toda la infantería, y detrás, Artajerjes en persona y su escolta de 6.000 jinetes. En el extremo superior, Orontas, con el resto de la caballería.
En el parte derecha, el ejército de Ciro, muy inferior en número. El mando griego en la parte inferior, frente a Tisafernes, y el de Ciro, en el centro, extendido al máximo para retrasar en lo posible el posible movimiento envolvente que podría iniciar el mando de Orontas.
Aquí os dejo una perspectiva de los feroces mercenarios de Ciro, ésos que, una vez acabada la batalla, comenzarían la lenta y amarga retirada que nos narra en primera persona nuestro buen amigo Jenofonte.
Bien, pronto comenzó la batalla. Los dados nos trataron muy mal, y salvo el mando de Tisafernes, el resto del ejército persa se tuvo que conformar con un único PIP. Por lo tanto, sólo hubo avances. Mi mando, el de Tisafernes, tenía todos los carros falcados. En el primer movimiento los acerqué al río para golpear el extremo de la línea de hoplitas, y luego rematar el trabajo con mi caballería. Tal que así:Pronto vi lo difícil que lo tuvo Tisafernes. No tenía espacio para maniobrar. Estaba obligado a cargar de frente contra un muro de griegos violentos con algo de caballería y una infantería muy inferior, sin espacio para envolver su línea. Si los carros falcados no conseguían abrir un hueco que yo pudiera explotar, lo tendría muy difícil. Mientras, el resto de líneas se aproximaban cautelosamente.
Bien, en mi flanco, dos carros murieron sin efecto, pero el central eliminó una peana de hoplitas. No estaba mal, teniendo en cuenta que me enfrentaba al general en persona, apoyado por psilois. El hueco dejó aislada una peana de hoplitas cerca del río. Era la mía. Lancé a la caballería a terminar el trabajo, mientras mi infantería se batía con el resto de hoplitas para proteger a mi general. Mientras, Fernando avanzaba con sus escasos PIPs hacia Ciro. Y Fran desplegaba su línea, de manera que su infantería bárbara (Ax) quedaba frente a la de Artajerjes, mientras él, con su caballería, se situaba a medias entre el mando de Artajeres y el de Orontas, en un lugar donde la línea era delgada, y los enfrentamientos le eran favorables. Lanzó su único carro falcado intentando abrir un hueco, pero fracasó. Observad también las dos LH de Ciro, a la izquierda, en el borde superior. Con esas dos peanas intentó retrasar el mando de Orontas, que, dado que recibía siempre el dado con menos PIPs, no podía maniobrar mucho, y sólo pudo ir cargando de frente.
Bien, a continuación, en mi flanco, el más cercano de la foto, Fran destacó un Ps para pillar a mi carro y sacarlo del combate. Esto le dio mucho tiempo. Yo hubiera podido girar el carro y hacer empanadilla de hoplita con mi caballería por el frente, pero al atacar el carro con el Ps, se aseguró que acabaría persiguiéndolo hasta el final de la mesa o bien, perdería el carro. Buena jugada.
En el flanco de Orontas, éste al fin carga contra las ligeras de Ciro. Pero nada definitivo ocurre. Las LH de Ciro aguantan estoicamente, una y otra vez.Finalmente, Ciro enseña sus colmillos. Carga a la LH de Orontas y a los Ax de Artajerjes. Como Orontas está luchando con las LH de Ciro en el extremo de la mesa, y tiene muy pocos PIPs, no puede apoyar demasiado bien la lucha, y Ciro se aprovecha. Artajerjes envía una peana de Ax para ayudar, pero no es suficiente. Mientras, en mi flanco, Tisafernes atraviesa las líneas de hoplitas por el hueco y ataca a la segunda línea, a los Ps que dan apoyo trasero. Un retroceso hubiera acabado con el general griego, pero la pendiente y los dados juegan a su favor y se mantiene en su sitio, rechazando a la caballería persa.
En mi flanco, los Ps griegos aguantan más de lo esperado. Hacen retroceder a mi general y rodean el carro falcado, pero ya estoy a un paso del campamento griego. Mientras, Ciro sigue haciendo daño en el extremo de las líneas de Artajerjes y Orontas, mientras que las LH de Ciro rechazan una y otra vez todos los ataques con flanqueo de Orontas. Eso sí que es motivación.
En el turno siguiente, Ciro se ventila dos Ax, y Artajerjes tiene que enviar a sus jinetes a cerrar el hueco. El destino conspira. Los dos hermanos están cada vez más cerca. La lentitud de Orontas en apoyar con sus tropas resulta clave. Aun así, Fernando se las apaña bien sólo con las tropas de Artajerjes. Aprieta los dientes, y lucha.Mientras, finalmente consigo ir ganando en mi flanco. Dos Ps mueren frente a mi general y aplastados contra su campamento. El mando griego está a una sola baja de romperse, y tengo caballería en la retaguardia de la línea griega. Es sólo cuestión de tiempo. ¿O no? Mientras, el tiempo se nos acaba en el centro. Ciro, aprovechando su mayor número de PIPs, consigue detener o zoquear a todas las plaquetas enemigas necesarias para no verse amenazado. Ciro, sin exponerse todavía, se dedica a solapar a un enemigo a cada lado, mientras sus fieros jinetes hacen el trabajo. ¡Así no hay manera!
Fernando decide usar otra táctica. Como vencer al escurridizo Ciro está muy difícil, comienza una fuerte ofensiva contra la infantería de éste, con la esperanza de obtener suficientes bajas para romper su mando. Dispone de más tropas, y más refuerzos. Su cambio da frutos. La infantería Ax de Ciro pierde su primera peana.El centro de Artajerjes es un confuso y polvoriento combate. Las peanas van adelante y atrás. Ciro lleva una LH del extremo de su línea a reforzar su centro, y consigue, con éxito, matar a otra peana de Cv de Artajerjes. Ya no hay nada entre los dos hermanos, que están en contacto esquina con esquina. Sin embargo, Fernando no se amilanó. Decidió no retroceder con el Rey, sino llevar más peanas al combate de donde pudiera. El Rey de Reyes no podía huir ante su enemigo. Para colmo, la infantería de Ciro aguanta una y otra vez. Apenas pierde una peana más.
¡Los griegos se rompen! Tisafernes da buena cuenta de la última peana de hoplitas necesaria para romper a los griegos. Justo a tiempo, porque ese mismo turno había perdido a su tercera peana. Una más, y sería Tisafernes el roto. Pero los griegos desmoralizados ya no son una amenaza. El ejército rebelde se tambalea. Ahora todo depende de Ciro. Orontas consigue una buena tirada, y lleva LH a apoyar al Rey. La caprichosa Fortuna se decanta por uno u otro bando según el turno.
Fran, que estaba realizando una brillante aproximación a Artajerjes, en una maniobra difícil de imaginar, se coloca a su lado, con el mismo encaramiento, para pillar a la LH de Orontas que, contacta por una LH de Ciro, y solapada por un Ps, tras acudir al rescate del Rey, murió empujada contra el frente de Ciro.Y finalmente, Ciro, que fue más rápido en llevar apoyos al combate, pilla a Artajeres, y, cambiando la Historia, lo mata. Ciro es el nuevo Shahansha.
Asombrosa partida. Fernando se defendió con uñas y dientes y estuvo a punto al final de romper el mando de Ciro con su infantería. Sólo faltaron dos peanas más. Y los griegos, destruidos. Todo ocurrió al revés que la Historia.
Pero estamos muy contento con el escenario. Realmente pudo ganar cualquier bando. Pensamos que está muy equilibrado.
En fin, hasta la próxima.
Batalla de Cunaxa para BBDBA
sábado, 20 de febrero de 2010
Publicado por caliban66 en 15:05 2 comentarios
Etiquetas: griegos, informe de batalla, persas
Las Cruzadas II: Los estados cruzados y el Reino de Jerusalén.
miércoles, 20 de enero de 2010
Saludos. En el pasado artículo dejamos a los protagonistas de la Primera Cruzada reuniéndose victoriosos tras la batalla de Dorilea. Pues bien, proseguiremos la historia desde ahí.
Los ejércitos cruzados, tras inflingir la primera derrota a los turcos, prosiguieron su camino hacia Siria y Palestina atravesando Asia Menor hacia el sur. Aquél fue un largo y cálido verano para Bohemundo, Godofredo, Balduino, Raimundo y sus respectivas huestes. A la escasez de agua y comida, que fue minando las fuerzas y los ejércitos, cobrándose numerosas almas en su avance, los cruzados sumaron también su tácita rivalidad por ser el verdadero líder de la expedición. Ni siquiera sabían a ciencia cierta si tendrían éxito, o si al menos podrían llegar a Siria, y ya estaban conspirando para el reparto de un botín todavía inexistente. Y todavía quedaba el feo asunto de la promesa que se vieron obligados a hacer al emperador Alejo Conmeno de restablecer las tierras conquistadas al imperio romano oriental. Todo aquello apestaba enormemente.
Por el camino, los cruzados todavía tuvieron tiempo de tomar algunas pequeñas ciudades, que sólo mantuvieron unos años, e incluso lucharon otra batalla contra los turcos, que también les fue bien. De hecho, sólo el combate les iba bien, pues todo lo demás eran hambre, sed, saqueos, robos, violaciones y todos los males que portan la guerra y sus tareas, y las luchas internas.
¿Y los turcos? Pues nada. Mientras los cruzados avanzaban hacia el sur, el sultanato de Rum adoptó la táctica de “a enemigo que huye, puente de plata”. Los cruzados iban hacia Siria, que pertenecía a otro reino seljuk, resultante de la división del gran imperio turco Seljuk. Por lo tanto, el sultanato de Rum no presentó una resistencia organizada a la marcha de los cristianos hacia el sur.
Dado que los generales cristianos eran conscientes de que carecían de poder individualmente para imponerse sobre los demás, los más previsores comenzaron a mirar hacia otro lado, buscando botín, tierras y fortuna más fáciles de conquistar. De ese modo, Balduino, el hermano de Godofredo, fue el primer en poner tierra de por medio, y deseando suerte a los demás, se separó de la expedición una vez cruzaron las puertas cilicias, el mismo sitio por que ya pasaron Jenofonte y Alejandro Magno, siglos antes.
BALDUINO Y EL CONDADO DE EDESA.Balduino se dirigió hacia el este, hacia Armenia. Bien, en aquel momento, era una provincia turca, con capital en Edesa. El gobernador de la provincia se llamaba Teodoro de Edesa, había sido mantenido por los turcos en su lugar, y era cristiano ortodoxo griego. Puede que os sorprenda, pero Armenia fue uno de los primeros territorios verdaderamente cristianos de la Historia, y ya tenían su propia iglesia ortodoxa armenia, y no les gustaban un pelo los ortodoxos griegos. El tal Teodoro debió ser un tipo de cuidado, porque tan pronto como los turcos le permitieron mantener su puesto en 1094, se rebeló y trató de hacer de su ciudad un estado independiente. Aisló a la guarnición turca del interior mientras soportaba el asedio exterior. Y, aunque éstos lograron irrumpir en la ciudad, Teodoro se las apañó para expulsarlos de nuevo, de modo que la guarnición interior tuvo que capitular, y así, el ortodoxo griego fue reconocido como Señor de Edesa a regañadientes por sus habitantes.
Pues bien, los turcos no tardaron en volver a la carga, Teodoro de Edesa tuvo noticias del ejército cruzado que se dirigía a Antioquía. Les envió un mensaje pidiendo ayuda, y, como ya hemos dicho, Balduino decidió acudir en su ayuda, pues siendo normando, y por lo tanto, vikingo, se olió el negocio rápidamente. Y para hacer una entrada triunfal, conquistó la fortaleza de Turbessel, el lugar desde el que se gobernaba la provincia al otro lado del Eúfrates.
Balduino interpretó el papel de su vida, y causó una profunda impresión en Teodoro. El viejo ortodoxo griego no tenía descendencia, y el normando, ejerciendo todo el encanto que pudo, convenció a Teodoro para que lo convirtiera en su heredero, y así la ciudad no cayera en manos turcas fácilmente si “por desgracia” le pasaba algo. ¿Adivináis qué pasó? Pues que no mucho después de le adoptara como heredero a Balduino, “casualmente”, una oscura conspiración cristiana ortodoxa armenia consigue tener éxito, y Teodoro es asesinado, lo que convierte a Balduino directamente en Señor de la Ciudad. De modo que, adoptando el título de Conde de Edesa, Balduino es el primero en crear un estado cruzado en tierra de infieles, en el año 1098.
ANTIOQUÍA Y JERUSALÉN.Mientras Balduino marchaba a Armenia, el resto de los cruzados siguió su camino. Su primer objetivo era conquistar Antioquía, la riquísima y enorme ciudad fundada por los reyes de la casa de los Seleúcias. A finales del 1097 llegan a Antioquía y establecen el sitio. Pero la ciudad era tan grande que el ejército cruzado, bastante menguado por las penurias, no podía rodearla completamente. Antioquía podía seguir recibiendo ayuda del exterior. Nada hacía pensar que la ciudad fuera a caer. Pero resultó que no había tal ayuda que pudiera llegar a tiempo.
La ciudad estaba gobernada por el turco Yaghi-Siyan. Recordemos que Siria estaba dividida en pequeñas ciudades estados independientes, casi todas gobernadas por dinastías turcas, aunque algunas seguían en poder de dinastías beduinas. Pero no había un poder centralizado que organizara una expedición de rescate del tamaño necesario. Cada ciudad mantenía su propio ejército, y ninguna estaba dispuesto a enviar muchas fuerzas a socorrer a otra ciudad, pues esto podría debilitarlas frente a sus vecinas. La estrategia de Yaghi-Siyan consistió en pedir ayuda ciudades como Alepo y Mosul, mientras con sus propias fuerzas dificultaba las operaciones de abastecimiento de los cruzados.
Sin embargo, la situación para los cristianos tampoco era muy favorable. Sin apenas sustento, acosados en sus movimientos por los turcos, el asedio se mantuvo a duras penas. A costa de mucho sufrimiento y sacrificio, los cruzados consiguieron rechazar todas las expediciones de socorro que se acercaron desde el exterior, pero no tenían fuerzas para tomar la ciudad por sí mismos. Además, Raimundo y Bohemundo enconaron su enemistad personal, pues ambos ansiaban conquistar Antioquía para sí mismos, y no para devolverla a los bizantinos. La ciudad sería un fabuloso trofeo para el que la tomara.
Finalmente, tras ocho meses de asedio, en los primeros días junio de 1098, Bohemundo consiguió contactar con alguien dispuesto a entregar la ciudad por traición. Se trataba de un armenio, guardia personal de Yaghi-Siyan. La maniobra salió bien, y los cruzados se colaron en el interior de la ciudad. La guarnición del gobernador se replegó al interior de la ciudadela, dispuestos a resistir. Y fue justo a tiempo, porque en ese momento, una coalición de tropas de Kherboga, el gobernador de Mosul, y un ejército enviado por los fatimíes, se dirigía a Antioquía para resolver la situación.
De modo que los cruzado se vieron asediando la ciudadela de Antioquía mientras turcos y fatimíes les asediaban desde el exterior de la ciudad. La desesperación de los hombres iba en aumento conforme su situación empeoraba. Sólo un milagro podría salvarles. Y parece que eso fue lo que ocurrió.
“¡La Lanza de Longinus!”, proclamo un monje de la expedición cuando mostró su hallazgo en la ciudad a los generales. “¡Aquí está la Lanza Sagrada!”. El rumor se corrió por todo el ejército. Habían encontrado la Lanza Sagrada, y eso era una señal inequívoca del Cielo. Vencerían a los infieles. De modo que, sacando fuerzas de flaqueza, el ejército cruzado salió al combate dispuesto a todo. Y vencieron.Kherboga no pudo resisitir la salida de los cruzados. Para su sorpresa, los fatimíes, en el último momento, pensaron que si desaparecían los cruzados, los turcos se harían demasiado fuertes, y se retiraron de la batalla. Los turcos no pudieron recuperarse de la sorpresa, y los cruzados les derrotaron aplastantemente.
Eran apenas la mitad de los que habían partido de Europa cuando conquistaron Antioquía. Rápidamente, Bohemundo se proclamó gobernador. Y tras la retirada del ejército bizantino que les había apoyado, Bohemundo vio la oportunidad para romper la promesa hecha al emperador Alejo. Acusó a sus tropas de deserción, y proclamó que, por lo tanto, estaba liberado de dicha promesa. Y así nació el segundo estado cruzado, el Princiado de Antioquía, gobernado por Bohemundo de Tarento, para disgusto de Raimundo de Tolosa.
En ese momento, la expedición pareció estancarse. Hubo una epidemia que se cebó en las tropas, y se llevó por delante a Le Puy, el líder espiritual de los cruzados. Siguieron pasando necesidades y penurias, y otros nobles, como Hugo de Vermandois, decidieron abandonar la cruzada al entender cuáles eran las verdaderas intenciones de los líderes normandos.
Fueron las mismas tropas las que se mostraron reacias a seguir sin hacer nada. Protestaron ante sus jefes, porque su misión era reconquistar Jerusalén. Exigieron la reanudación de la expedición, y Bohemundo y Godofredo se pusieron al frente de sus tropas una vez más.
Sin comida ni agua suficiente, los poco más de diez mil supervivientes siguieron hacia el sur. Sólo la fe les daba fuerzas. Bueno, la fe, y las ciudades sirias y palestinas que, viendo que los cruzados únicamente deseaban el control de algunas ciudades para formar pequeños estados, vieron en los cristianos el contrapeso ideal al poder seljuk, que luchaba por organizar un reino turco en Siria. Así fueron avanzando y tomando posición tras posición. La situación era tan desesperada que hay testimonios de actos de canibalismo tras la conquista de algunas fortalezas.Así, al fin, llegaron a Jerusalén, que en 1098 estaba en poder de los fatimíes. De nuevo, eran demasiado pocos para establecer un asedio efectivo, de modo que optaron por la vía rápida: asaltos repetidos contra las murallas. Los fanáticos cristianos subían enfervorecidos a las murallas con ganchos y escalas, felices de poder entrar en Jerusalén, o morir en el intento y llegar la paraíso. Pero cada nuevo asalto era rechazado. Pero la fe obró lo que el poder de las armas no pudo. Guiados por un monje, en el mes de Julio, comenzó a correr el rumor de que desde el Cielo se les había comunicado que en nueve días la ciudad caería.
Casualmente, había partido desde Génova una expedición privada al mando de Guillermo Embriaco. Se habían dirigido inicialmente a Ascalón, pero la lucha con los fatimíes les había obligado a dirigirse al interior, y pasaron cerca de Jerusalén. Los genoveses habían desmontado sus barcos, y tenían materiales suficientes para hacer torres de asedio. De modo que, ante la sorpresa de los fatimíes, en pocos días tenían dos torres de asedio, cargadas de violentos y desesperados cruzados, enfervorizados hasta el fanatismo, acercándose a las almenas. Y contra esto no pudieron resistir más tiempo. Jerusalén fue tomada al asalto, y entonces se desataron los infiernos.
Los cruzados desataron una matanza en el interior como nunca se había visto. Hombres, ancianos, mujeres y niños, musulmanes, judíos o cristianos, todos sin distinción fueron masacrados cuando la ciudad se rindió. “Dios distinguirá a los suyos”- parecieron pensar los líderes cruzados. De nada sirvieron los esfuerzos de Tancredo, hermano de Godofredo, de frenar la matanza de los musulmanes refugiados en el Templo de Jerusalén, o los de Raimundo de Tolosa. Los soldados cruzados sacaron lo pero de ellos. Después de miles de kilómetros y meses de penurias, dieron rienda suelta a sus ansias de venganza.
De la matanza de Jerusalén se diría que los cristianos caminaban por las calles y la sangre les llegaba a los tobillos. Así nació el Reino de Jerusalén, el último estado cruzado: sobre un mar de sangre de sus habitantes.
Godofredo se erigió como primer gobernante de la ciudad, pero rechazó el título de Rey. En su “infinita piedad”, renunció a lucir corona de oro “donde el Señor había llevado una de espinas”. Pero sólo tuvo unos días de paz. Dos semanas después tuvo que sacar a su ejército y luchar contra los fatimíes, que si bien estaban dispuestos a renunciar a Siria, no querían hacer lo mismo en Palestina. La batalla de Ascalón fue una gran victoria cruzada. Tal vez la reliquia de la “Vera Cruz” tuviera algo que ver.
Dos años después, Godofredo murió, y su hermano Balduino se convirtió en el primer Rey de Jerusalén. Éste sería el tercer estado cruzado.
Mientras, la noticia de la toma de Jerusalén llegó rápidamente a Europa, donde ya habían regresado los primeros cruzados que habían abandonado la expedición. Ante la vergüenza, organizaron rápidamente una segunda expedición en 1101, pero fueron derrotados por los turcos, aunque los supervivientes llegaron a los estados cruzados, y sirvieron para aumentar su poder bélico. Tampoco se hicieron esperar los mercaderes europeos, que por fin tenían abiertos los puertos de Siria. También sacarían éstos gran tajada, pues era el momento de cobrarse la ayuda prestada con sus barcos.
Y así acabó la Primera Cruzada, la única que realmente tuvo éxito. Los estados cruzados, y en especial, el Reino de Jerusalén, pronto se convirtieron en el destino de muchos peregrinos y soldados en busca de fortuna. También fue el lugar donde, al poco de convertirse en reino, nacieron las órdenes militares del Temple y los Hospitalarios, cuyo potencial bélico sería de mucha utilidad en los años siguientes. Pero dejaremos eso para los siguientes artículos.
EJÉRCITOS PARA DBAIV/7.- Cruzados temprano. Éste es el ejército de la primera cruzada. Se compone de una peana de caballeros como general, y luego tres peanas de Kn o Bd, a gusto del general. Éstos son los nobles, a caballo o desmontados. Luego hay cinco peanas de lanzas, que representan a los plebeyos enrolados en la misión, bajo el mando de sus respectivos nobles. Por último, hay opciones para una peana de Ps o Bw, que representa arqueros hostigadores o en formación; Ps o Cb, que representan ballesteros hostigadores o en formación, y Ps o Wb. Los Ps con más arqueros o ballesteros hostigadores, y la Wb representa una horda de fanáticos religiosos. Puede elegir Ag4 ó Ag 1, según el año. Dado que es un ejército rodillo, la Ag1 es una opción muy interesante, ya que con mucho terreno difícil no es difícil hacer le la puñeta. El terreno abierto le viene muy bien, y puede contar con muchos arqueros para protegerse de montados más rápidos que los Kn en dicho tipo de terreno.
III/73.- Turcos seljuk. De esta lista, nos es válida la opción b. Se trata del típico ejército de las estepas. Una o dos peanas de Cv, siendo una de ellas el general, y luego hasta 10 peanas de LH. Sólo tres de ellas pueden cambiarse: una por la segunda Cv, otra por Ax, Ps o Bw, que representa a la infantería de los turcos: guerreros equipados a la ligera o arqueros.
Las Cruzadas I. El largo camino a Tierra Santa.
domingo, 20 de diciembre de 2009
Saludos. Con éste artículo inauguramos una nueva serie sobre una serie de campañas organizadas, a partir del siglo XI, por diferentes estados europeos, en las tierras de Siria y Palestina, que estaban por entonces en manos musulmanas. Las Cruzadas tendrían una gran repercusión en la historia de las relaciones entre Oriente y Occidente, y, todavía hoy, su legado sigue atrayendo y atrapando la imaginación de muchos.
Bien, vamos “al turrón”. En primer lugar, echaremos un rápido vistazo a los protagonistas de esta historia. Comenzaremos por Europa.
EUROPA A FINALES DEL SIGLO XIRecordemos que el imperio carolingio se había dividido en varios estados tras la muerte de Carlomagno en varios estados. El de los francos orientales, un siglo después de la muerte del gran monarca, y bajo el gobierno de Otón I, se convirtió en el Sacro Imperio Romano Germánico. Bien, algún día hablaremos con más detalle de Otón y los suyos, pero, a modo de resumen, podemos decir que el Sacro Imperio era en realidad un mosaico de estados con diferentes lenguas, gobernantes y naciones, y que englobaba los territorios de Alemana, Austria, Lienchenstein, Bélgica, Países Bajos, Suiza, norte de Italia, algo de Polonia y Francia, Bohemia alguno más. Este dispar conjunto estaba unido por una base común de cristianismo y legado romano. La coronación de Carlomagno, en el 800, inauguró la tradición de que el emperador del Sacro Imperio fuera coronado por el Papa. De hecho, hasta el siglo XI, los reyes del Sacro Imperio llegaron a elevar al papado a quienes ellos querían.
Unos lazos internos tan vagos tal vez fueran la clave de que la figura del Emperador del Sacro Imperio existiera hasta el siglo XIX. El Emperador no tenía mucho poder real sobre los territorios que gobernaba. Entre estos emperadores, se cuenta nuestro Carlos I de España, y V en el Sacro Imperio.
Además, estaba el reino de los francos occidentales (germen de la Francia actual), los normandos (vikingos “afrancesados”) en la costa norte de éstos, el reino normando de Inglaterra, fundado por Guillermo el Conquistador en 1066, también cristiano. Y más allá de los Pirineos, un conjunto de pequeños reinos cristianos que luchaban duramente, tanto entre ellos como con los musulmanes de Al-Ándalus.
Y en Europa oriental y nórdica, muchos nuevos reinos se incorporaron a la órbita cristiana. Pues a finales del siglo XI, los territorios , habitados por los llamados vikingos, de Dinamarca, Noruega y Suecia, tras unificarse cada uno por su cuenta, tienen reyes que se convierten al cristianismo. Y también lo hacen los eslavos de Bohemia, Moravia, los eslovacos, etc., quedando dentro de la iglesia occidental. Hungría fue el último país, gobernado por el que sería conocido como San Esteban, que se incorporó a este grupo. Sus magyares aseguraron el territorio, y por fin hubo una ruta completa y segura por tierra hasta el Bósforo. Más al este, la cristianización es llevada a cabo por misioneros ortodoxos.
Bien, como decíamos, hasta fines del siglo XI, los emperadores dominan a los Papas de Roma. El Emperador, el Protector de la Iglesia, cobraba cara esta “protección”. El papa Gregorio VII intentó sacudirse el yugo del Emperador, pero esto le acabó costando el pontificado. Sustituido por Clemente III, y luego éste sucedido por Urbano II, los papas mantuvieron aun así la intención de liberarse del poder secular y gobernar de forma efectiva sobre la cristiandad. Esta tensión sería uno de los ingredientes que dieron lugar a las Cruzadas.
Por otro lado, Venecia y Génova se habían hecho con el control del tráfico de mercancías hacia el Mediterráneo oriental, pero no podían competir con los mercaderes bizantinos. Deseaban abrir nuevos mercados y rutas alternativas. Tenían dinero, y barcos para transportar un ejército si llegara el caso.
Por lo tanto, se puede decir que en aquellos momentos, con toda una Europa “unida” bajo es estandarte de la cristiandad, había un enorme poder militar en relativa calma. Todo ello unido a una mejora en el clima y las cosechas, que permitió un importante aumento de población, provocó que ésta se concentrara en las ciudades, creando un capital humano, ocioso y sin herencia (sólo los primogénitos heredaban para evitar la división de las propiedades), sin oficio ni beneficio.
EL IMPERIO ROMANO ORIENTAL.Ya vimos en los artículos sobre el Imperio Bizantino cómo llegaron al siglo XI. En 1071, Anatolia fue perdida casi en su totalidad tras la desastrosa batalla de Manzikert. Los turcos Selyúcidas estaban a las puertas de Europa, y el emperador bizantino no dudó en pedir ayuda al Papa de Roma, a pesar del cisma entre las dos iglesias de 1054. Aunque esta petición no tuvo mucho efecto, sentó un precedente. Nótese sin embargo que la lucha de los romanos orientales no era contra el Islam como concepto, sino contra el imperio turco selyúcida. Los emperadores bizantinos no dudarían en aliarse con los califas fatimíes de Egipto, con los que tenían excelentes relaciones, para luchar contra los selyúcidas. Por ello, toda la parafernalia religiosa de los Cruzados les causó sorpresa en un primer momento, y luego preocupación, como veremos más adelante.
SIRIA, PALESTINA Y EGIPTO.Los califas fatimíes(recordemos que “califa” significa “sucesor”. Los fatimíes reclaman el poder del califato sobre todos los musulmanes, por razón de parentesco directo con el Profeta) procedían del norte de África. Desde Túnez conquistaron el Magreb, y luego se extendieron hacia Oriente. Tomaron Egipto en el 972, fundando El Cairo, y siguieron por el Levante, conquistando Siria y Palestina. A pesar de su tolerancia política y religiosa, el califa Al-Hakim, que fue enloqueciendo en el paso de los años, quemó la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén en 1009. Esta iglesia era objeto de peregrinación de los cristianos, y su destrucción terminó generando una visión muy hostil del Islam en Occidente. Aunque su nieto ordenó reconstruir esta iglesia, su destrucción previa hecho será mencionado en la proclamación de la Primera Cruzada, casi noventa años después.
Siria y Palestina había sido rápidamente conquistada por los árabes en el siglo VII, como ya vimos. En el siglo X, tras el declive de los abásidas y la aparición de numerosas dinastías locales, eran las dinastías beduinas las que se habían quedado en esta región, gobernando ciudades como Damasco, Aleppo, etc. Tuvieron que luchar contra el expansionismo fatimí, que tuvo cierto éxito, controlando finalmente la zona hacia la mitad del siglo XI.
Sin embargo, en aquel momento, el califato abasí, que desde hacía un siglo era una institución meramente formal, dominado por los reyes dailami de la dinastia Búyida, hizo un pacto con el sultán de los turcos selyúcidas, Toghrïl Beg. Los selyúcidas venían de las regiones orientales de Irán. Habían vencido a los turcos gaznávidas (que a su vez habían tomado el poder de los persas samánidas), que gobernaban desde La India e Irán, y se habían extendido hacia el oeste. Beg puso fin al gobierno de los búyidas, y salvó momentáneamente a los abásidas, incluso cuando en la propia Bagdad se empezó a hacer propaganda a favor de los fatimíes desde las mezquitas.
A la muerte de Toghrïl Beg, Alp Arslan le sucedió como sultán. Éste fue el que venció en la batalla de Manzikert. Finalmente fue sucedido por Malik Shah, que terminó la conquista de Anatolia y disputó por la Siria conquistada por los fatimíes. Tras su muerte, en el 1092, el enorme imperio selyúcida se dividió en cuatro partes. La de Anatolia se convertiría en el Sultanato de Rum. Siria sería otro reino Selyúcida, y las ciudades sirias serían gobernadas en su mayoría por dinastías turcas (Damasco, Aleppo, Antioquía y Jerusalén) , aunque todavía quedaron algunas dinastías beduinas, como Hama o Trípoli. Estas ciudades consiguieron rápidamente cierta independencia, pues el reino selyúcida de Siria no iba a perdurar mucho tiempo. De esta falta de unidad y de las disputas entre fatimíes y turcos se aprovecharon sin duda los participantes de la Primera Cruzada.
Bien, ya tenemos, a grandes rasgos, la información que necesitábamos. Ahora, vayamos a los hechos. Se sabe que la lucha contra los musulmanes, “motivadas” por la fe, no eran nuevas. En España, estaba en marcha la Reconquista, y ya los normandos habían conquistado la Sicilia musulmana. A mitad del siglo XI, los papas habían dado un matiz “sagrado” a estas luchas, y las llamaban abiertamente cruzadas.
Tras la deposición de Gregorio VII como Papa de mano del excomulgado Enrique IV, los papas se vieron en la necesidad de independizarse completamente de los poderes seculares. Como decíamos, la llamada de socorro del Imperio Romano de Oriente en 1074 dio la idea a Gregorio VII. Podría ponerse a la cabeza de la Cristiandad haciendo un llamamiento a las armas contra un enemigo común: el Islam, que, para colmo, habían quemado la Iglesia del Santo Sepulcro, y habían convertido la ruta de los peregrinos cristianos a Jerusalén en una aventura muy peligrosa (todo ello sin tener en cuenta que numerosos cristianos seguían viviendo tranquilamente en Siria y Palestina, pues para los musulmanes, eran “pueblo del libro”, y, por lo tanto, tenían un lugar en su sociedad). Gregorio VII fracasó en su llamamiento, pero entonces, cuando el nuevo Emperador Romano, Alejandro Conmeno, volvió a insistir en su petición de ayuda a Urbano II, en 1095, éste sí realizó una proclama más convincente. Los nobles europeos y el pueblo estaba más receptivo. Los turcos estaban en las puertas de Europa, y su imperio parecía amenazar a la religión cristiana. En el concilio de Clermont, convocado por Urbano II, su discurso terminó con un rugido que removió cielo y tierra: “¡Dios lo quiere!”. Ya nada podría parar aquel movimiento. Los que murieran luchando contra los musulmanes para liberar Jerusalén tendrían una entrada directa al Paraíso (tal vez esto os suene). Tierra Santa era “la tierra de la leche y la miel”. En Europa, sólo tenían hambre. En Tierra Santa, todos tendrían la oportunidad de ser algo más.
Pero también había un trasfondo económico. Como decíamos, había mucha población sin propiedades, muchos nobles no primogénitos que querían nuevos territorios, y, por supuesto, intereses mercantiles por parte de Génova y Venecia.
La primera respuesta al llamamiento papal no provino precisamente de la nobleza, sino del pueblo llano. En efecto, en marzo de 1096, seis meses antes de que la que sería conocida como Primera Cruzada se pusiera en marcha, un estrambótico ejército de pobres y vagabundos, capitaneados por nobles francos arruinados y el predicador Pedro el Ermitaño, se puso en marcha sin ninguna preparación. Por su camino causaron numerosas matanzas de judíos , un efecto colateral de la llamada a la Guerra Santa (los judíos eran enemigos de Cristo. “Casualmente”, los que vivían en Europa eran ricos), y al llegar a Hungría, ya sin provisiones ni orden ninguno, provocaron más matanzas y saqueos. La vanguardia de caballeros francos tuvo que ser repelida por Colomán de Hungría, y cuando llegó Pedro con el resto de las fuerzas, Colomán les asignó una escolta para “quitarles” las ganas de salirse del camino. Sin embargo, esta escolta fue atacada y destruida por estos cruzados. En una segunda oleada de caballeros de Lorena y Flandes, que sí participarían en la verdadera Primera Cruzada, viajaba Godofredo de Bouillon. Colomán pactó con él el paso de los restos de esta cruzada, y así siguieron viaje a Constantinopla.
Una vez allí, los bizantinos, teniendo noticia de sus actividades, les ayudaron a cruzar el Bósforo, y se internaron en territorio turco. De los 40.000 que se habían puesto en camino, sólo 30.000 llegaron a Anatolia. Pero allí fueron presa fácil de los turcos, que los derrotaron en pocas semanas. Pedro el Ermitaño, fue de los pocos que pudieron regresar a Constantinopla, donde se unió a la verdadera Primera Cruzada.
PRIMERA CRUZADA.Fue llamada la Cruzada de los Nobles. Se componía de diversos contigentes. Godofredo de Bouillon, que comandaba el primero, y estaba acompañado por sus hermanos Balduino y Eustaquio, fue por tierra, como ya hemos dicho, y alcanzó en Hungría a los tumultuosos cruzados de Pedro. Pero Godofredo, no cruzó el Bósforo con ellos, si no que esperó a los demás contingentes.
El segundo contingente estaba compuestos por caballeros normandos al mando de Hugo de Vermandois, hermano del rey Felipe I de Francia, y que portaba el estandarte papal. Le acompañaban Estefano de Blois, Roberto II de Normandía y Roberto II de Flandes. Fueron por tierra hasta Bari y allí embarcaron a Constantinopla.
El tercer grupo eran normandos también, pero de Sicilia y sur de Italia. Viajaron con la misma flota de Hugo de Vermandois. Los comandaba Bohemundo de Tarento.
Finalmente, el cuarto grupo era de caballeros occitanos, comandados por Raimundo de Tolosa, acompañado del legado pontificio de Ademar de Le Puy, líder espiritual de la expedición. Éstos marcharon por tierra, por la ruta mediterránea, cruzando Eslovenia y Croacia, hasta Constantinopla.
En total, los cuatro grupos sumaban unos 30.000 hombres, de los cuales, unos 5.000 era caballeros medievales. Como dicen en el Discovery, con ese deje sensacionalista: “El equivalente medieval a un Abrhams M1. Diseñados para matarrrrrrr”.
Una vez allí, los cruzados y los bizantinos comenzaron a conocerse mejor. El emperador Alejo I, que desconfiaba enormemente de los normandos, y que era enemigo personal de Bohemundo de Tarento, aprovechó su necesidad de agua y comida para obligarles a hacer un juramento: lucharían para devolver las tierras conquistadas al Imperio Romano de Oriente. Los caballeros se miraron de reojo unos a otros. ¿Qué demonios era aquello? Se habían puesto en marcha para arrebatar los Santos Lugares a los musulmanes, pero no estaban dispuestos a arriesgar sus vidas para devolver las conquistas al Emperador, que, para colmo, era ortodoxo, es decir, casi un hereje, según su punto de vista. Sin embargo, la necesidad les obligó a aceptar a regañadientes el juramento (aunque con los dedos “cruzados”, claro). Sólo Raimundo eludió el juramento, pactando con Alejo de otra manera, pues también era enemigo de Bohemundo.
Bien, así comenzó el viaje por tierra hasta Jerusalén. Acompañados por un ejército bizantino, los cruzados se dirigieron a Nicea, antigua ciudad del imperio, convertida por los turcos en la capital del Sultanato de Rum. Comenzó el asedio, y los turcos intentaron romperlo sin éxito. Finalmente, ante la inminente rendición, el general bizantino Tatikios pactó la entrega en secreto con los turcos, pues temía que los avariciosos normandos y francos saquearan la ciudad. De modo que una mañana, los cruzados se despertaron para su sorpresa con la bandera imperial ondeando sobre Nicea, donde sólo se les permitiría entrar en grupos pequeños, para que no fueran capaces de armar jaleo.
Tras el subsiguiente cabreo, la desconfianza entre bizantinos y cruzados fue en aumento. Siguieron ruta hacia el sur, y se separaron en cuatro grupos para poder aprovisionarse adecuadamente. Era verano, y no tenían ni agua ni alimentos en abundancia, de modo que frecuentemente recurrían al saqueo, aunque a veces, eran aprovisionados por cristianos residentes en Anatolia. Y entonces, el 1 de julio de 1097, tuvo lugar la primera gran batalla de las cruzadas. El sultán de Rum, Kilij Arslan, se lanzó por sorpresa contra los cruzados de Bohemundo cerca de Dorilea. Rodeados por la caballería turca, y bajo una lluvia constante de flechas provenientes de los arqueros turcos y sus terribles arcos, Bohemundo comenzó a perder muchos hombres. Afortunadamente para él, Godofredo de Bouillón pudo acudir al rescate, y cayó por sorpresa sobre los arqueros a pie turcos. Ante la llegad de las fuerzas de Godofredo, los turcos, que no pensaban presentar batalla frontal, se retiraron rápidamente. Y así, unidos en un fraternal abrazo, las diferencias entre los líderes cruzados parecieron apaciguarse temporalmente, y siguieron su ruta hacia Tierra Santa, que será narrada en el siguiente artículo.
CRUZADAS EN DBA.Comentaremos sólo algunos, y dejaremos el resto para los siguientes artículos.
III/65 Egipcios fatimíes. Sus ejércitos contenían tres etnias muy diferenciadas y rivales entre sí: los bereberes, los sudaneses, y los árabes y kurdos del este. Esta lista tiene cuatro peanas de Cv, siendo una de ellas el general. Representan a lanceros tipo Jund, muchos de ellos protegidos con armaduras, y étnicamente aŕabes, bereberes o kurdos. Luego hay una peana de LH, caballería ligera bereber equipada con jabalina, y tres peanas de 8Bw, que representan arqueros sudaneses protegidos por una primera fila de tropas equipadas con grandes escudos y lanzas cortas. La siguiente peana es opcional entre 4Ax (mercenarios dailami); 4Bd, que representan a sudaneses equipados con un pesado martillo-hacha, empleado para abatir específicamente caballeros cruzados, y entre 3/5 Wb, que representan a los Zanj sudaneses, feroces tropas equipadas con escudo y espada, o espada y daga. Luego hay dos peanas opcionales entre Cv, que representan a ghilmen mercenarios turcos, o bien Bw, que son más arqueros sudaneses, y una última peana de Ps, que puede ser tropas bereberes o arqueros sudaneses en formación abierta.
IV/1.- Bizantinos de Alejo Conmeno.
Tras perder Anatolia, los bizantinos tuvieron muchos problemas para reclutar tropas suficientes, y tuvieron que ir incorporando mercenarios occidentales. En la época de la Primera Cruzada, el ejército de Alejo se compone de una peana de 3Cv o 3Kn como general. Alejo debe usar la peana de Cv. Ésta y tres peanas más son lo que queda de la caballería étnicamente bizantina, los kavallaroi, equipados con lanza y escudo. Luego hay una peana de 4Bd, que representa a la Guardia Varega, ahora complementada con tropas de la Rus. Luego hay tres peanas de LH, que son turcopolos (turcos cristianizados en los límites del imperio) y Skythicon, que son pechenegos y cumanos (también pueblos turcos esteparios) contratados, y que luchan con sus tácticas tradicionales como arqueros ligeros a caballo. La siguiente peana es opcional entre LH (arqueros montados alanos) o 3Kn (caballeros mercenarios francos). Las últimas peanas son: dos de arqueros, opcionales entre Ps o Bw, y una última peana de Bw, que puede ser sustituida por una Sp (lanceros Kontaroi) o bien 3Ax, que representan a los herejes eslavos maniqueos, que lucharon con fanática devoción para Anna Conmeno.
Estos ejércitos pueden hacerse con multitud de marcas, ya que las Cruzadas con uno de los periodos más atrayentes de DBA. Que yo sepa, está Essex, Minifigs y Old Glory, pero seguro que hay muchos más.
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La Rus de Kíev
viernes, 6 de noviembre de 2009
Saludos. En el artículo de esta semana hablaremos del origen de las actuales Rusia, Ucrania y Bielorrusia. La historia de estos países comenzó hace mucho tiempo, con el movimiento de las tribus eslavas. Recordemos que los eslavos se habían puesto en movimiento desde su región de origen, y sus migraciones, producidas entre los siglos V y VIII, causaron profundos cambios étnicos en la parte oriental de Europa. Finalmente se distinguieron tres grandes grupos: los eslavos meridionales, que llegaron hasta las Balcanes, y cuyas relaciones con Bizancio ya vimos en su día; los occidentales, que se quedaron en el centro de Europa, en las actuales Chequia, Polonia, etc. y los orientales. Éstos últimos son la base de la Rus, y se asentaron en las extensas llanuras de Ucrania, Bielorrusia y Rusia, y continuaron expandiéndose hacia el este.
Hay que tener en cuenta, también que todos estos grupos terminaron absorbiendo a otros pueblos, que terminaron adoptando su idioma como propio. En el caso de los eslavos orientales, estos pueblos fueron tribus finesas, bálticas e incluso, a través de las estepas, pueblos iranios. Pues bien, durante el siglo VIII y la primera mitad del siglo IX comenzaron a aparecer las primeras unidades políticas de estos eslavos, que tomaron la forma de principados. Destacaron por su importancia el principado de Kíev, el principado del Norte (con capital en la hermosa Novgorod) y el principado de Polotsk.Pues bien, a mediados del siglo IX, los varegos, o vikingos procedentes de Suecia, comenzaron a cruzar el Báltico y a remontar los grandes ríos procedentes de estas tierras. Realizando feroces incursiones, contactaron así con los principados eslavos, a quien pronto sometieron a tributo. Según la “Crónica de Néstor”, sus tierras eran fértiles, y disponían de abundante caza, y miel, y maderas. Sin embargo, los eslavos, en el año 862, consiguieron una precaria alianza y desafiaron a los varegos, rechazando el pago de los tributos. Al principio les fue bien, pero ante el éxito parcial de su alianza, pronto los principados comenzaron a luchar entre ellas por la hegemonía. Además, también los jázaros, desde la estepas, tenían a sometidos a tributos a otros principados. Algunos de ellos, los que estaban a orillas del Báltico, decidieron que buscarían unos reyes fuertes que gobernaran sobre ellos. De este modo, en lugar de estar sometidos a los tributos de dos enemigos, se aliarían con uno de ellos para luchar contra el otro. Así fue como decidieron ir a buscar a los varegos a su tierra a hacerles una oferta que no podían rechazar, y se inició la dinastía de reyes varegos entre los eslavos, llamada dinastía Rúrika.
Bien, a estas alturas, podéis observar que esta historia hace aguas. La “Crónica de Néstor”, un texto de la época, toma partido claramente por los varegos. La historia de que un pueblo se busca reyes extranjeros a los que someterse voluntariamente parece poco probable. Una versión, más acorde con otros hechos históricos anteriores y posteriores en el tiempo, es que, probablemente, algún príncipe eslavo pediría ayuda a los varegos contra sus rivales, y éstos, llegaron, vieron y decidieron que, ya que estaban allí, lo mejor era quedarse a gobernar, o bien, simplemente, Rúrik se quedó en Kíev, camino de Constantinopla. La “Crónica” serviría para legitimar el derecho de los varegos a gobernar a los eslavos.El pueblo varego comenzó asentándose en Novgorod, pero pronto se extendieron hacia el sur. En el 880, el príncipe Oleg fundo la Rus de Kíev, y desde allí siguió lanzando importantes ataques e incursiones, una de las cuales le llevó hasta Bizancio, con quienes comenzaron una provechosa relación comercial.
Pues bien, “rus” era el nombre que los eslavos daban a los varegos, sin distinguir entre ellos a normandos, anglos, suecos o godos. De ahí que, bajo el gobierno de los rus, los principados eslavos terminaran denominándose Rus, aunque, en realidad, los varegos se integraron en poco tiempo con los eslavos. No obstante, las tropas de los príncipes eran reclutadas entre los escandinavos en su mayor parte, es decir, feroces, arrojados e intrépidos vikingos. De entre todos los principados, el de Kíev fue el más poderoso. Desde el siglo X dominó a otros principados eslavos, o bien consiguió su sumisión política, según el caso. Se aproximó a la cima de su poder bajo el gobierno de Sviatoslav Igorevich (945-972). Este príncipe implantó algunas reformas que reforzaron el papel del estado, como, sobre todo, un nuevo sistema de tributación. Hasta entonces, los impuestos se pagaban casi como los tributos que se pagaban antiguamente a los varegos. Sin embargo, con él se implantó un sistema que garantizaba un pago más regular. Además, la política exterior quedó fijada por él: se buscaría la amistad del imperio Bizantino, y se atacaría a todos los demás, sobre todo a los jázaros, pero también a otras tribus turcas, como los pechenegos, o bien baltos, como el pueblo lituano.Gran parte de las relaciones entre Bizancio y Kíev se basaron en la cristianización de la Rus. Hasta entonces, los eslavos y varegos habían mantenido sus cultos paganos: Perun, el dios del Trueno, y todo el panteón vikingo, y también Jors, que era una deidad irania. El proceso de cristianización había comenzado en el siglo IX (con san Cirilo y san Metodio), pero se completó en el reinado del sucesor e hijo Vladimir Sviatoslavich (es decir, Vladimir, hijo de Sviatoslav), también conocido como Vladimir el Grande, o san Vladimir, ya que fue santificado. Desde ese momento, los altos cargos serían enviados por Bizancio, aunque el papel de la Iglesia en la Rus sería separado totalmente del gobierno. Y durante mucho tiempo, la nobleza mantendría también cultos paganos, sobre todo a Perun y Jors.
Los príncipes de la Rus fueron muy ricos, y en sus cortes podían encontrarse exquisitas mercancías, vinos y aguamiel, etc. Como ya hemos dicho, la riqueza provenía del comercio entre el Báltico y Constantinopla: ámbar, miel y cera de abejas de los bosques rusos, pieles y, sobre todo, maderas.Vladimir unificó finalmente a todos los principados, y colocó a sus descendientes al frente de las nuevas “provincias”-principados. Desde ese momento, el príncipe de Kíev ostentaría el título de “Gran Príncipe”, para diferenciarse de los demás. Sin embargo, tras su muerte, el proceso de descomposición de la Rus dio comienzo. El principado fue dividido entre los hijos de Vladimir, Iaroslav el Sabio y Mstislav. Cuando éste murió, Iaroslav unificó de nuevo el territorio. Sin embargo, a su muerte, sus hijos disputaron duramente, e hizo aparición el pueblo de los cumanos, o “kypchaks”, otro pueblo turco, desde las estepas del sur, que habían desplazado a los pechenegos. Desde ese momentos, los príncipes lucharon a menudo entre ellos, o bien lucharon unidos contra los cumanos, o bien con los cumanos contra el resto de los príncipes.
Durante la segunda mitad del siglo XI y el primer tercio del XII, la Rus se mantuvo a duras penas unida, aunque sus príncipes locales tenían cada vez más independencia. Este periodo terminaría con el reinado de Vladimir II Monómaco, entre los años 1113 y 1125. A Vladimir II debemos dos de los primeros exponentes de la literatura de los rus: la “Instrucción”, y su “Homilía”, obra en la que él, consciente de los peligros que acechaban a la Rus en descomposición, trató de plasmar su experiencia y sus recomendaciones a los futuros príncipes. También, durante su reinado, tuvo el poder y la iniciativa suficiente como para construir un largo muro en la estepa para protegerse de los cumanos, vigilada por sus valientes boyardos.Tras la muerte del Gran Príncipe Vladimir II, la nobleza, que eran denominados “bogatires” o “boyardos”, llevaba ya un siglo ampliando sus parcelas de poder. Este proceso provocó una “feudalización”, y los príncipes tuvieron que apoyarse cada vez más en sus boyardos. Esto puede apreciarse, a modo de anécdota, en el papel que los boyardos tienen en los cuentos tradicionales rusos de temática heroica, o “bilinas”, en los que casi siempre los protagonistas son boyardos que, leales a algún príncipe, cumplen arriesgadas misiones en defensa de la tierra rusa. Curiosamente, los príncipes de estos cuentos están siempre en sus palacios, y rara vez se ponen al frente de sus ejércitos o se exponen a algún peligro. Yo crecí leyendo estas historias, que conocí incluso antes de la mitología griega: Ilyá Múrometz, Dobrinia, Aliosha Popóvich, Dunai y Nastasia...
Pues bien, la Rus unificada se dividió en tres estados principales: Rus de Vladimir Suzdal en el norte, la de Volinia-Galitzia en el sur, y el principado independiente de Novgorod, ciudad dedicada al comercio, próspera y opulenta, y que daría origen a un personaje de cuento maravilloso llamado Sadkó de Novgorod: astuto y afortunado mercader, y maestro en el arte de tocar el salterio. Ya en la segunda mitad del siglo XII Kíev fue perdiendo importancia, al tiempo que los cumanos aumentaban la presión sobre las tierras rusas.Las divisiones aumentaron tanto que cuando, los mongoles invadieron la Rus, en el 1220, no había fuerza capaz de hacerles frente. Fue Batu Kan, al frente de la Horda de Oro, quien arrasó el país. La llegada de los tártaros fue tan terrorífica para los rusos que muchos huyeron a las tierras boscosas, a la espesura, donde los mongoles no se atrevían a penetrar. Muchas bilinas, como la de Aliosha y el tártaro Tugarin, muestran a los tártaros como seres monstruosos, deformes y gigantescos.
La conquista mongola tuvo graves repercusiones. En el futuro haré una serie de artículos sobre el imperio mongol, en los que trataré esto con más detalle, pero por ahora basta decir que los mongoles no se anexionaron esta región, pero sí sometieron a sus príncipes a un duro vasallaje (os recomiendo leer la historia de Aliosha Popovich). Favorecieron la preminencia de Moscú, situada más al este que Kíev, como nueva sede de poder de los gobernantes rusos, mientras la antigua capital de la Rus era aislada y caía en el olvido. No fue hasta Ivan el Terrible cuando los rusos recuperaron su independencia. Por lo tanto, detendremos aquí el relato de los hechos históricos.
LOS EJÉRCITOS DE LA RUS EN DBAEn DBA, encontramos dos listas distintas para el periodo descrito en este artículo. Aunque la composición de los ejércitos cambia, la organización de los ejércitos se basa en lo siguiente: el Príncipe poseía un ejército propio, denominado “druzhina”. A este contingente, los príncipes podían unir tropas locales, aportadas por las ciudades, en caso de necesidad, o incluso mercenarios provenientes de pueblos esteparios con los que a veces se estaba en guerra, y a veces, se colaboraba. Con este esquema en la cabeza, veamos ahora los ejércitos.
III/48, Rus.- Esta lista representa a los ejeŕcitos de los príncipes de la Rus desde la llegada de los reyes vikingos hasta la feudalización de los principados. Encontramos pues la peana del general como Cv o bien como Bd. Ésta peana es la “druzhina”, y son vikingos. Luego hay siete peanas de lanzas, obligatorias. Los lanceros rus, es decir, autóctonos, usaban largas, al modo escandinavo, lanzas y escudos. Inicialmente eran redondos, también como el de los vikingos, pero fueron cambiando al diseño cuadrado. También estaban equipados con hachas. Eran conocidos por su ferocidad y por la fuerza de sus formaciones cerradas. Luego hay dos peanas con opción de ser lanceros rus o bien, arqueros hostigadores, Ps, que solían disparar desde detrás de las formaciones de lanzas. Por último, otras dos peanas que pueden ser más lanceros rus, o Bd, que representan a mercenarios varengos, o bien LH, que pueden ser búlgaros del Volga, magiares, polacos o pechenegos: arqueros a caballo, vamos.
III/78 Rusos tempranos. Esta lista representa ya a los ejércitos en los que participan los boyardos. El general y cuatro peanas más son Cv. Ésta es la nueva “druzhina”, conformada por los jinetes bogatires: equipados con arcos, mazas y espadas, y equipados con hermosos armaduras y arreos. Luego hay dos peanas de caballería ligera, que eran tropas aportadas por las ciudades, formadas por boyardos empobrecidos o campesinos pudientes, y que tenía funciones de exploración, pero también puede representar a mercenarios húngaros, pechenegos o cumanos, o bien “kazak”, que eran turcos asentados en las fronteras de la Rus. Siguen dos peanas de lanceros rus, dos de arqueros y la última, que tiene tres opciones: una Hd, representando a milicias locales; Ax, representando a tropas rusas procedentes de los bosques, y una extraña peana de 3 ó 6 Kn, que son caballeros mercenarios germanos, en formación estándar (3Kn) o bien en cuña (6Kn).
Las gamas de rus, sobre todo los boyardos, suelen ser muy atractivas visualmente. Que yo conozca, Essex y Old Glory tienen una bonita gama, aunque mi favorita es la de Mirliton.
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Historia de los búlgaros
viernes, 25 de septiembre de 2009
Saludos. Esta semana hablaremos de un estado que rivalizó con el poder de Bizancio, y que a punto estuvo de absorber todo el imperio. Valientes y temibles guerreros, a lomos de sus hermosos corceles, los búlgaros heredaron el poder de las llanuras que antes habían ostentado ávaros, hunos y sármatas.
Para empezar, como siempre, tenemos que saber quiénes eran los búlgaros. Pues bien, recordemos que los hunos habían invadido Europa desde Asia allá por el siglo IV-V de nuestra era. Los búlgaros eran un conjunto de tribus turcas (utrigur, onogur y kutrigur, entre otras) que ya se había asentado alrededor del Volga, en el siglo II. Cayeron bajo el poder de los hunos, y les acompañaron en sus correrías. Eran una tribu esteparia clásica, de vida nómada, en busca de pastos y botín en sus feroces correrías. Los búlgaros, como todos los pueblos de la estepa, eran excelentes arqueros a caballo.
Tras la muerte de Atila, el rey de los hunos, las tribus que habían formado su terrible ejército se fueron separando, y su inestable imperio, desintegrando en pocos años. Los búlgaros se dispersaron hacia el este, aunque muchos participaron, enrolados como “federados” en los ejércitos bizantinos, en las campañas contra los ostrogodos, pero a mediados del siglo V, los utrigur y los kutrigur comenzaron a guerrear entre ellas, lo que las debilitó. Cuando los ávaros se establecieron en las fronteras del imperio bizantino, los kutrigur cayeron en su poder, mientras que los utrigur fueron sometidos por los gökturks, o Turcos Celestiales, que estaban en el apogeo de su poder.
Sin embargo, tras el dramático y fallido asedio ávaro de Constantinopla del 626, surgió un khan cuyo nombre pasaría a la Historia como el primer unificador del pueblo búlgaro: Kuvrat. Conozcamos algo de su historia.
Se conoce poco de su vida. Pertenecía al linaje de khanes de los utrigur, el clan Dulo. Algunos afirmaban que descendía del propio Atila. Se sabe que Kuvrat pasó su juventud en Bizancio, ya fuera en calidad de rehén de algún tratado con los ávaros, o bien en busca de protección de las guerras sucesorias de los turcos. Según el historiador Juan de Nicea, Kuvrat fue educado como un patricio bizantino, e incluso fue bautizado, y pasó mucho tiempo en la corte del rey Heraclio, de quien se hizo muy amigo.
El tiempo pasó. Los ávaros se estrellaron contra los muros de Bizancio en el 626, y los bizantinos supieron que su estrella se eclipsaba. Mientras, Heraclio había llegado a un acuerdo con los gökturks y habría paz con ellos. Kuvrat, con el bagaje cultural, noción de estado y conocimientos adquiridos, supo que era el momento de regresar a los suyos. Tomó el poder de los utrigur manos de su tía Organa, que había actuado de regente hasta ese momento, y convenció a los kutrigur a que se rebelaran contra sus amos, uniéndose a él. Entonces, se lanzó sobre la frontera de los ávaros, a quienes venció rápida y contundentemente, expulsándolos de las tierras del Volga. Después, extendió su reino hasta ocupar el delta del Danubio.
En el año 635, Heraclio reconoció el primer estado búlgaro, y selló una importante alianza con ellos. Así nació la Gran Bulgaria. Este estado permitió asegurar el camino de cualquier amenaza que viniera de las estepas de Asia.
Durante toda su vida, Kuvrat fue fiel a su alianza con los emperadores bizantinos, y su reino se mantuvo fuerte e independiente de los gökturks, que por entonces estaban inmersos en una cruenta guerra sucesoria. Sin embargo, la Muerte dio alcance al viejo jinete en el 665. Lo enterraron junto a su peso en oro y plata, y la ubicación de su tumba cayó en el olvido. En 1912, unos campesinos ucranianos encontraron por accidente el lugar donde reposaban sus nobles huesos. Se supo que era él por la inscripción de su anillo. Actualmente, el tesoro de Pereschepina, como se denominó, es uno de los más hermosos jamás encontrado como ajuar fúnebre.
Entre los pueblos esteparios son comunes las historias en las que un khan muestra a sus hijos, con un haz de flechas, que mientras estén unidas, las flechas no pueden romperse, pero una a una, pueden quebrarse fácilmente. Con esta fábula intentaban que las diferentes tribus que formaban cada confederación se mantuvieran unidas, y sus líderes, fieles unos a otros. El caso de los búlgaros no fue una excepción, y, al principio, fue el mayor de los cinco hijos de Khan Kuvrat, llamado Batbayan, el que heredó el trono.
Pero recordemos que a mediados del siglo VII, los Tang, ayudados por la traición de los uigures, habían disuelto el imperio turco occidental. El Ashina, el clan real de las montañas Altai tuvo que poner estepa de por medio, y, marchando hacia el oeste, fueron acogidos por una de las tribus de su confederación: lo jázaros o khazars. Y así, con estos nuevos líderes, los jázaros comenzaron una rápida expansión hacia occidente, justo por el camino que llevaba hasta la Gran Bulgaria.
Fue una guerra terrible y rápida. En el 670, la unidad de las tribus búlgaras se había desintegrado. Para colmo, los jázaros habían sido aliados de los bizantinos durante la campaña de Georgia. Los hijos de Kuvrat debieron sentir probablemente que la admiración que su padre había sentido hacia el imperio de los griegos no había servido para que éste les ayudara en su apurada situación. Entonces, el pueblo se dividió en dos ramas: la primera fue liderada por Kotrag, hijo de Kuvrat, y la segunda por su hermano Asparuh, el menor los cinco herederos búlgaros, y cada uno tiró por su lado. La rama de Kotrag, que básicamente se componía de los kutrigur, emigró hacia el este. Remontó las orillas del Volga hasta su curso medio, donde confluía con el río Kama y allí formaron un estado que se denominó Bulgaria del Volga. Su historia se perdió en su mayor parte, pero se sabe que fueron súbditos de los jázaros, aunque mantuvieron su identidad nacional. Ayudó a ello el hecho de que, en el siglo IX abrazaron el Islam. Se convirtieron parcialmente en agricultores, aunque también mantuvieron sus rebaños y conservaron el modo de vida nómada. Consiguieron mantener cierta independencia, aunque sujeta a vasallaje, hasta el siglo XIII. Incluso consiguieron repeler la primera embestida del imperio mongol. Finalmente, fue conquistada por la Horda de Oro, y los búlgaros se terminaron integrando en el conjunto de los tártaros.
Sin embargo, nos centraremos ahora en los demás búlgaros, los que siguieron a Asparuh. Él no quiso ir hacia el este. Tal vez pensó que si se veían obligados a abandonar su país, tal vez fuera culpa de aquéllos a quienes tanto admiraba su padre, ésos que en un momento de necesidad, no habían prestado auxilio a sus antiguos y más fieles aliados. Asparuh decidió emigrar en dirección sur, cruzando el Danubio, dispuesto a cobrarse a costa de Bizancio lo que había perdido frente a los jázaros. Y el momento era propicio. En aquel momento, la capital del imperio estaba siendo asediada por Muawiyah I, de los Omeyas. Unos treinta mil búlgaros avanzaron por las orillas del Mar Negro, por las tierras que ya habían sido abandonadas por los ávaros, y que estaban siendo trabajadas por los pueblos eslavos de las Siete Tribus y los Severiano, que, a diferencia de sus anteriores amos ávaros, aprovechaban las campañas de invasión y saqueo para ocupar el territorio de forma permanente. Asparuh pactó con todos ellos, y, erigiéndose como nuevo líder de aquel conglomerado de búlgaros a caballo y eslavos a pie, comenzó a atacar los territorios tracios del imperio. En el 680, el emperador Constantino IV les presentó batalla, y fue tan aplastantemente derrotado en Ongala, que al año siguiente, los bizantinos pactaron el pago de tributos al recién reconocido estado de Bulgaria.
Asparuh se dio cuenta de que su nuevo país debía organizarse de mantera distinta al estado estepario de la Gran Bulgaria. Para empezar, la población eslava poseía un modo de vida sedentario, y eran capaces de producir productos agrícolas. Por otro lado, el territorio no era una simple estepa. Por lo tanto, la élite militar búlgara se fue desligando del nomadismo pastoril, y pasaron a ser sostenidos en núcleos militares permanentes por la población agrícola circundante. El khan incluso estableció una capital fija, Pliska. Aquello era nuevo para los búlgaros, y esta economía, parcialmente agraria, les reportó grandes ventajas respecto a su modo de vida anterior, tal y como se vería en los años siguientes.
El tiempo pasó. Durante el siglo VIII, las guerras entre Bizancio y Bulgaria fueron continuas. Y a principios del siglo IX, el emperador Nicéforo I inició una dura campaña contra los búlgaros, que le llevó casi hasta su capital. Por aquel entonces, el khan búlgaro era Krum, que terminaría doblando el territorio gobernado por él. Incluso llegó a establecer una frontera con los francos orientales. Dominó el territorio de Panonia y los Cárpatos, y por el otro lado, llegó hasta el Dniéper. Krum era un formidable adversario para el imperio, y a pesar de los éxitos iniciales de Nicéforo I, no se desanimó. Le plantó cara. Sus tropas, formadas tanto por hombres como por mujeres, habían aprendido a luchar mediante emboscadas y ataques por sorpresa, bien situados y lanzados desde posicioens ocultas en valles y laderas. A pesar de haber penetrado en Bulgaria con éxito, la retirada de Nicéforo I se convirtió en una pesadilla. Tras una compleja trampa, el ejército imperial fue aplastado, y el emperador cayó muerto. Era el año 811. A continuación, Krum se tomó la revancha. Invadió Tracia por el este, y siguió. Krum sólo se detuvo ante los muros de Bizancio. Simplemente les echó una dura y larga mirada desde su montura, y, satisfecho, ordenó a sus tropas regresar a sus tierras.
Khan Krum también es recordado como el primero en escribir leyes para su nuevo pueblo eslavo-búlgaro. Creó subsidios para los mendigos, entre otras cosas, y sus súbdios siempre le consideraron un monarca magnánimo.
Poco después de la muerte de Nicéforo, el nuevo emperador, León V concertó un encuentro con él cerca de Bizancio, al que debían acudir sin armas. El Emperador se la jugó a Krum, y a duras penas, y no sin heridas, consiguió escapar. Cuando regresó para vengarse, su ejército destruyó todos los barrios de extramuros de la capital, así como otras dos ciudades, que quedaron arrasadas hasta los cimientos. Y al poco, Krum murió.
Hubo un periodo de relativa paz con Bizancio. Después de Krum, gobernaron Omurtag, Presian y luego, un nuevo personaje para la Historia: Boris, el primer Zar (nótese que ya no es Khan) búlgaro. Hasta ese momento, los búlgaros habían sido paganos, y adoraban al dios Tengri. Los eslavos bajo su control también eran paganos, y seguían los dictados de su dios Perun.
Boris tuvo dificultades en su reinado, y sufrió varias derrotas a manos de serbios y croatas, que, azuzados con dinero de los francos orientales (que habían apoyado al a Iglesia de Roma, y a cambio, habían recibido el poder imperial de manos el Papa), intentaban ampliar sus territorios hacia el este. La Iglesia de Roma veía así la posibilidad de medrar cada vez más al este, y sacudirse el control de la iglesia oriental. Ante todas las dificultades, y buscando una gran alianza con Bizancio, aceptó bautizarse. A cambio, le fue reconocido el título de “César” de toda Bulgaria. Es decir, Bizancio compartía algo de su poder imperial, un porción de su legitimidad para gobernar el mundo. César, es decir, “Caesar”, pronunciado en búlgaro, fue acortándose hasta quedarse en la palabra “Tzar”, es decir, zar.
Boris tuvo que asesinar a algunos boyardos a quienes no gustó nada la nueva religión, y luego, prosiguió con la conversión. Pero pronto comenzó a maniobrar para que su iglesia ortodoxa fuera independiente. Pidió a Bizancio un arzobispo que se encargara de la organización. Además, Boris acogió a los discípulos de Cirilo y Metodio, que habían sido expulsados de Moravia.
A finales del siglo IX, abdicó en favor de su hijo Simeón I de Bulgaria. Éste fue un rey excepcionalmente belicoso y hábil en la guerra, Tras la primera victoria frente a Bizancio, estableció nuevos tributos. Pero Simeón se dio cuenta de que el título de “basileus”, es decir, Emperador, le quedaría mejor a él que a los pusilánimes a los que debía enfrentarse. Invadió de nuevo Tracia en el 913y se dirigió decididamente hacia Bizancio. Sólo la negociación “in extremis” con el Patriarca de Constantinopla detuvo su ataque. Reclamó para sí el título de “Emperador de búlgaros y romanos”, aunque se quedó satisfecho con la promesa de boda de su hija con el Basileus, lo que unificaría ambos tronos.
Aquel acuerdo nunca se cumplió, y Simeón, en el 917, volvió a atacar al imperio. Los bizantinos intentaron pactar con los pechenegos para que atacasen por el norte el país de los búlgaros, mientras ellos entraban por el sur. Pero el zar era hábil en cuestiones políticas, y consiguió que, oportunamente, el ataque pechenego se descoordinara. El ejército imperial fue totalmente aplastado en la batalla de Anquialo.
En el terreno político, Simeón consiguió que su iglesia búlgara fuera ascendida a Patriarcado. Por lo tanto, comenzó a funcionar de manera independiente. Con el nuevo alfabeto cirílico, pronto hubo herramientas para crear la primera tradición literaria eslavo-búlgara, que terminaría de dotar de identidad a los búlgaros.
Simeón murió en el 926, y con él se fue la era más gloriosa de su pueblo. A mediados del siglo IX ascendía al trono imperial Nicéforo II, que comenzó la guerra definitiva contra los búlgaros. Los sucesores de Simeón no estuvieron a su altura. A pesar del asesinato de Nicéforo II, su sucesor y asesino, Juan I, terminó con éxito la campaña en el 971. Los ejércitos búlgaros habían sido derrotados ante los nuevos emperadores. Juan I ocupó sus ciudades, y desplazando a su rey, Boris II, convirtió el estado en una nueva provincia.
Pero no todo parecía perdido. Entre los boyardos prisioneros que fueron llevados a Constantinopla, estaba un tal Roman, el último de la dinastía de Krum . Pues bien, resulta que otros boyardos, los Cometopuli, habían huido al otro lado del río Iskar, y mantenían unido lo que quedaba del ejército. Samuil era su general. Tras una espectacular fuga, Roman consiguió llegar hasta ellos, y Samuil, pensando más en el interés de su pueblo que en el suyo, le reconoció como nuevo Zar en el 976, mientras él se reservaba el mando del ejército. Durante las siguientes tres décadas, este renacido, pero más débil, estado búlgaro siguió combatiendo y lanzando incursiones contra Bizancio, pero también contra los serbios y croatas. Cuando Roman murió, Samuil se convirtió en el último zar, y primer representante de la fugaz dinastía Cometopuli. Sin embargo, en 1003 comenzaron a perder terreno. El emperador Basilio II, sucesor de Juan I, ocupó Pliska, la capital, y persiguió a los búlgaros hasta derrotarlos definitivamente en 1014, en la batalla de Belasitsa. Desde ese momento, Basilio II sería apodado “Bulgaróctonos”, es decir, “matador de búlgaros”.
Hasta un siglo después, no comenzaría la historia de una nueva Bulgaria, pero la dejaremos para otros artículos.
Cabe preguntarse cómo es posible que los búlgaros derrotaran a tantos ejércitos imperiales, y, sin embargo, bastara la exitosa campaña de Nicéroforo II y Juan I para acabar con ellos. No debemos olvidar el hecho de que las incursiones búlgaras tenían intenciones muy diferentes a las de los bizantinos. Para los búlgaros, el imperio era una fuente de riquezas que podían saquear o ganar en forma de tributos. Sus líderes mantenían un punto de vista de los nómadas esteparios. Sólo Simeón, al intentar unificar ambos tronos, tuvo la visión de Estado suficiente para prever cuál sería la solución a las continuas guerras. Tal vez él sabía que aunque derrotaran a los emperadores una y otra vez, éstos necesitarían únicamente una gran victoria para borrarlos del mapa. Porque éste era el objetivo de las campañas bizantinas: eliminar a los agresores y asegurar las fronteras.
LOS BÚLGAROS EN DBA.
Hay dos listas para representar a los ejércitos mencionados en este artículo.
III/32. Búlgaros del Volga. Esta lista representa a los ejércitos del estado que fundaron los “búlgaros de plata” que marcharon con Kotrag hacia el curso medio del Volga. Es un ejército clásico de las estepas. Cinco peanas de Cv, una de ellas siendo el general, representan a los boyardos o nobles búlgaros, que portaban hermosas armaduras (al estilo de la caballería rusa, los “bogatires”), y eran temibles arqueros a caballo. También, sobre todo antes del siglo XII, lucían a veces turbantes como los árabes. Luego hay tres peanas de LH, que representan tanto a jinetes tribales búlgaros como a tropas ugrofinesas, autóctonas de la región, y que adoptaron el modo de lucha nómada de sus nuevos amos búlgaros. Estas tribus también aportaban arqueros, con arcos no compuestos ni recurvos, sino de tipo plano, hechos de madera (para que os hagáis una idea, los arcos típicos de los indios). Hay dos de éstas peanas de arqueros. Finalmente, dos peanas de hordas, que representan a los habitantes de los poblados y ciudades del territorio, cierran la lista.
III/14.- Búlgaros tempranos. Esta lista representa los ejércitos de la Gran Bulgaria, así como los de la Bulgaria danubiana que luchó contra el imperio bizantino.
La variante “a” representa a la Gran Bulgaria. Se trata de un general y otra peana de Cv, los boyardos o nobles, equipados con armaduras y arcos. Ésta peana es opcional con una LH. Por último hay otras diez LH, que representan a los arqueros a caballo búlgaros.
La variante “b” representa los ejércitos de Asparuh hasta Krum. En este momento, los búlgaros ya dominaban muchas tribus eslavas, que aportaron gran parte de los soldados. El general y dos peanas más son Cv, que representan a los boyardos, equipados con armaduras, arcos y espadas. Todavía luchaban con tácticas esteparias. Les siguen cuatro peanas de LH, que son arqueros a caballo búlgaros, y aquí comienza la presencia eslava. Hay cuatro peanas de Ax (guerreros equipados con lanzas ligeras y escudos) y una de Ps (arqueros y exploradores eslavos)
La variante “c” muestra las reformas estatales introducias por Khan Krum. La parte montada es igual que la anterior, pero hay un cambio sutil. Las Cv ya están equipadas con lanzas, además del arco, porque en sus tierras, no tan abiertas como las llanuras, la guerra estaba evolucionando a enfrentamientos más directos,, ataques por sorpresa y a rápidas emboscadas lanzadas desde lugares ocultos y abruptos. Además, las tropas eslavas comienzan a formar de manera más densa y defensiva, aprestando mejor defensa contra la caballería enemiga. En lugar de ser Ax, ahora tenemos cuatro peanas de Sp. La misma peana de Ps cierra la lista.
Hay muchas marcas que tienen minis adecuadas para estas tropas. En general suelen estar categorizadas como “Asiatic horse armies” o o cosas así. Essex, Old Glory y Minifigs tienen gamas adecuadas.
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Crisis de la República Romana V: Cicerón y Lúculo
sábado, 19 de septiembre de 2009
Nuestro colega Xoso ha preparado esta quinta entrega de su serie sobre los últimos años de la República Romana. Un excelente trabajo sobre un periodo sumamente complejo. A disfrutarlo con salud.Si en el artículo anterior repasábamos la campaña de Pompeyo en Hispania (76 - 71 a.C.) y la guerra servil de Espartaco (73 - 71 a.C.), me gustaría dedicar el siguiente apartado a una de las figuras más peculiares de aquella época. Se trata de Marco Tulio Cicerón, sin duda un personaje bastante secundario en el gran conjunto de acontecimientos que constituyen la crisis de la República romana en el s. I a.C., pero cuyos escritos, discursos y correspondencia nos ofrecen un relato de primera mano de muchos de los sucesos de entonces. Además, sus casi 900 cartas conservadas no fueron retocadas para su publicación, lo cual añade un punto adicional de viveza e inmediatez a su testimonio.
Cicerón nació en el año 106 a.C. en Arpinum, una pequeña población de Campania. De ascendencia oligarca y perteneciente a la gens Cornelia, se trasladó a Roma durante su niñez, en compañía de su hermano pequeño Quinto. Ya en su juventud, recibió importante influencia de oradores como los Escévolas, durante cuyas clases de derecho civil conoció a su gran amigo, Pomponio Ático. Más tarde desempeñó el obligatorio servicio militar combatiendo en la Guerra de los Aliados. Avanzada la década de los 80, tras completar su formación retórica y jurídica, entró en contacto con la filosofía platónica, especialmente Filón de Larisa. A través de sus enseñanzas adoptó Cicerón la doctrina del escepticismo, a la que habría de permanecer afín el resto de su vida.
Sus afiliaciones políticas durante esta etapa temprana resultan algo más difíciles de esclarecer. A finales de los 80 participó como abogado en diversos procesos judiciales, en ocasiones defendiendo a marianistas e incluso atacando directamente algunos aspectos del régimen silano. Ya fuese por esto último u otros motivos, en el 79 a.C. Cicerón se marchó de Roma (según Plutarco para escapar de una posible venganza de Sila) y recorrió Grecia los dos años siguientes. Es entonces cuándo conoce a Antíoco de Ascalón (discípulo de Filón) y a Posidonio de Apamea, durante su estancia en Rodas. Cicerón regresará a Roma tras la muerte de Sila y continuará su cursus honorum con normalidad, siendo cuestor de Sicilia en el año 75 a.C.
Lúculo en Oriente.Si la estabilidad política de Asia Menor era frágil tras la marcha de Sila rumbo a Italia en el 83 a.C., muerto el dictador unos pocos años más tarde la situación se desmoronó definitivamente. Mitrídates intentó desperadamente que el senado romano ratificase el tratado de paz que había firmado con Sila en Dárdano (85 a.C.), algo que no consiguió. El motivo era muy sencillo: Sila no poseía ningún tipo de legitimidad formal en aquellos momentos, por lo que a ojos del senado aquel tratado no pasaba de un simple acuerdo privado.
Resignado, Mitrídates comenzó a prepararse para un nuevo enfrentamiento, que tanto él como los romanos consideraban inevitable. En el año 74 a.C. selló un pacto con Quinto Sertorio, para apoyarlo en su rebelión en Hispania y mantener a Roma atrapada entre dos frentes. A cambio de dinero, barcos y armamento (tal vez nunca llegaron, o en todo caso en reducidas cantidades), Sertorio envió asesores militares a Mitrídates, que le serían muy útiles de cara a la guerra que se avecinaba.
Ese mismo año se produjo una nueva vuelta de tuerca a la situación en Asia: muere Nicomedes IV de Bitinia, legando su reino a Roma por vía testamentaria. Uno de los cónsules romanos de ese año, M. Aurelio Cota (tío de Julio César), obtuvo Bitinia como provincia para incorporarla a la habitual administración romana. El otro, Lucio Licinio Lúculo, recibió Cilicia y Asia. Hombre de confianza de Sila durante la I Guerra Mitridática y militar de probada valía, Lúculo apenas necesitó esfuerzo para hacerse también con la dirección del nuevo conflicto contra el Ponto que estaba a punto de estallar.
Mitrídates tomó rápidamente la iniciativa al declararse las hostilidades. Invadió Bitinia, derrotó contundentemente a Cota en Calcedón y lo persiguió en su retirada a Cyzicus, a la que seguidamente puso bajo asedio. Ya en el año 73, Lúculo obtuvo su imperium proconsular y marchó en auxilio de Cota. Sorprendió a Mitrídates en Cyzicus, donde el monarca póntico fue derrotado y hubo de retirarse (con numerosas bajas) de vuelta a sus dominios. Lúculo aprovechó el momento para reclutar rápidamente una flota entre las diversas poleis griegas de Asia Menor, con la que expulsó a la armada póntica de Ilión y Lemnos.
Aprovechando esta dinámica favorable y una evidente superioridad logística, Lúculo invadió el Ponto. A continuación se sucedieron una ingente serie de escaramuzas y pequeños combates, pues Lúculo no deseaba enfrentarse directamente a Mitrídates en campo abierto por temor a la superior caballería con la que contaba este. Finalmente, en el año 72, se produjo una batalla decisiva en Cabira, donde Lúculo consiguió imponerse y poner en fuga al monarca póntico. Mitrídates buscó refugio en Armenia, junto a su yerno Tigranes; Lúculo decidió no perseguirlo, concentrando sus esfuerzos en continuar la lenta conquista del reino del Ponto. La tarea pudo darse por completada en el año 70 a.C., con la toma de las principales ciudades (Sínope y Amisus) y la firma de una alianza con Macares, el gobernador a quien Mitrídates había dejado a cargo del Bósforo cimmerio. Sólo entonces inició Lúculo los preparativos para invadir Armenia.
El agitado año 70.Mientras Lúculo guerreaba en Oriente, Craso conseguía reprimir la sublevación de Espartaco. Llegado el año 70, con las aguas volviendo a su cauce en Italia tras la tempestad provocada por la guerra sertoriana de Hispania y la revuelta servil, los resultados de las elecciones consulares no sorprendieron a nadie.
Pompeyo contaba entonces sólo 36 primaveras y no había desempeñado aún ninguna magistratura, pero una carrera militar tan fulgurante y exitosa al servicio de la oligarquía silana no podía quedarse sin recompensa. El joven aristócrata se vio obligado incluso a pedir a su amigo Varrón que le escribiese un ‘manual’ acerca de los usos y costumbres de las reuniones del senado, pues como cónsul estaba obligado a presidirlas. En el cargo le acompañó, por supuesto, Craso, muy reforzado por su victoria contra Espartaco y poseedor de una enorme fortuna acumulada a base de comprar a precios ridículos las propiedades de los proscritos perseguidos por Sila. Curiosamente, pese a una común procedencia política y a una notable coincidencia en sus objetivos, ambos cónsules nunca mantuvieron relaciones especialmente fluidas y la rivalidad entre ambos era muy grande.
Si el consulado de Pompeyo y Craso dejó algo muy claro, fue que la ambición de ambos superaba con creces el verse reducidos a meras herramientas de la oligarquía predominante. Así se entiende su intensa política reformista, encaminada sin ninguna duda a minar y remodelar el propio régimen silano que les había acunado en el seno del poder. Una de las primeras iniciativas que tomaron los dos nuevos cónsules fue restituir completamente los poderes de los tribunos de la plebe, magistratura degradada y ‘amordazada’ por Sila apenas una década antes. Esta medida causó evidente turbación y desconfianza entre la oligarquía silana, pero ello no detuvo a Pompeyo y Craso, que impulsaron también un notable esfuerzo por cerrar heridas del pasado todavía abiertas.
Se permitió así regresar a Roma a aquellos que hubiesen seguido a Lépido o Sertorio, aunque las prohibiciones contra los hijos de los proscritos continuaron vigentes. De todas formas, fue esta una maniobra importante pues gracias a ello pudo realizarse al fin un censo completo, por primera vez desde el 86 a.C. y por última hasta el 28 a.C., ya en época de Augusto. Las nuevas cifras del año 70 nos hablan de unos 900.000 ciudadanos, varones adultos, evidenciando la gran integración de la población itálica dentro de la ciudadanía romana. El censo sirvió también para efectuar una “depuración” del senado en un intento de recuperar el prestigio perdido por la cámara debido a los ingentes y habituales casos de corrupción y tráfico de influencias. En total, se expulsó a 64 senadores, algunos de los cuales habían desempeñado incluso el consulado en años recientes (como Léntulo Sura).
Marco Tulio Cicerón.El año 70 a.C. fue también testigo de uno de los procesos judiciales más célebres de toda la República Romana, el de Cicerón contra Cayo Verres. Nacido en torno al 120 a.C., Verres había sido un fiel partidario de Mario y los sectores popularis durante su juventud, llegando a colaborar activamente con Cinna cuando el apogeo de este. Sin embargo, llegada la hora de la verdad con el estallido de la guerra civil en el 83 a.C., se cambió rápidamente al bando de Sila y recibió como recompensa valiosas propiedades en Benevento (Campania). En el año 80 desempeñó la cuestura en Asia, y apenas dos años más tarde se vio envuelto en el proceso judicial contra Cornelio Dolabella, el corrupto gobernador de Cilicia. Verres consiguió salir indemne del asunto, posiblemente a cambio de testificar contra Dolabella. En el 74 a.C. fue nombrado pretor de Roma a base de sobornos, aprovechando entonces su cargo para ganarse las simpatías y favores necesarios para obtener el gobierno de Sicilia poco después.
Gracias al revuelo de la guerra servil de Espartaco, Verres se mantuvo al mando en Sicilia entre los años 73 y 71 a.C., aprovechando que Q. Arrio, el encargado de sustituirle en 72 a.C., debió permanecer en Italia debido a la rebelión. Los testimonios de la época hablan del peor bienio de la historia de Sicilia bajo dominio romano, peor aún que los años de la I Guerra Púnica o las guerras serviles sicilianas. El nombre de Verres se convirtió en sinónimo de abuso, extorsión y todo tipo de crímenes: saqueó diversos templos y lugares públicos, endureció ilegalmente los tributos y cometió todo tipo de extorsiones contra los propietarios de tierras, obligándolos a pagar cuantiosas sumas de dinero para evitar la ejecución de sus esclavos, bajo la acusación de formar parte de la revuelta servil de Italia (que, recordemos, nunca llegó a Sicilia).
El status jurídico de los gobernadores romanos en sus provincias se equiparaba prácticamente al de un rey, por lo que los desesperados sicilianos debieron aguardar al año 70 para denunciar a Verres y pedir a Cicerón (que había sido cuestor de la isla en 75 a.C.) que dirigiese la acusación durante el juicio. La tarea no fue fácil: Verres contaba con el apoyo absoluto de la oligarquía silana, que desde el primer minuto se esforzó en poner todo tipo de trabas al proceso. Cicerón tuvo suerte, no obstante, en tanto que el pretor romano encargado de presidir el tribunal era Manio Acilio Glabrio, un hombre honesto e inmune a los intentos de soborno de Verres. El abogado defensor, Quinto Hortensio, fracasó en su intento de posponer el juicio, y Cicerón obtuvo permiso del tribunal para viajar a Sicilia y poder reunir testigos y pruebas.
A su regreso en junio, Cicerón fue elegido edil pese a, de nuevo, los esfuerzos de Verres para evitarlo. No obstante, Hortensio y Quinto Metelo (amigo de Verres) obtuvieron el consulado, mientras que uno de los hermanos de Metelo, Marco, se hizo con la pretura. En la práctica aquello significaba que, de alargarse el juicio hasta el inicio del año 69, Verres sería absuelto por activa o por pasiva. La estrategia de Cicerón se centró entonces en evitar que el proceso se prolongase: redujo al mínimo sus discursos durante la reanudación del juicio (a comienzos de agosto) y pasó directamente al interrogatorio de testigos. El resultado de los testimonios fue tan demoledor que Hortensio no se atrevió a replicar. Pese a un nuevo aplazamiento del juicio por festividades, Verres era ya consciente de que ni siquiera un tribunal compuesto exclusivamente por senadores (muchos de ellos amigos suyos) podría declararle inocente. Abandonó Roma camino del exilio y, con la reanudación del juicio en septiembre, fue condenado en ausencia a una fuerte multa y a infamia pública. Sin posibilidad alguna a regresar, se refugió en Massilia. Allí viviría con relativa tranquilidad hasta el 43 a.C., cuándo fue proscrito y ejecutado por orden de Marco Antonio.
Los discursos de Cicerón durante el juicio contra Verres podéis consultarlos, en su lengua original, aquí.
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