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Batalla de Gaugamela para BBDBA

miércoles, 13 de agosto de 2008

Saludos. Esta semana hemos diseñado y jugado un escenario especial con las reglas de BBDBA, para representar la batalla de Gaugamela, en la Alejandro Magno venció definitivamente a Darío III Codomano.
A la hora de diseñar un escenario histórico, nos enfrentamos a la siguiente cuestión: ¿hasta qué punto es aconsejable dejar libertad a los jugadores para variar lo acontecido en la batalla? Por supuesto, no hay una respuesta única. Sin embargo, nosotros meditamos bastante sobre el asunto. Decidimos que nuestros objetivos serían, por este orden de preferencia: 1) pasar un buen rato y 2) tener las sensaciones, riesgos y desafíos que pudieron llegar a tener los generales de aquella época, todo ello con el filtro simplificador del criterio de diseño de DBA.
Por ello, decidimos que representaríamos el despliegue inicial, con la distribución de las tropas que pensaron Alejandro y Darío. De este modo, los mandos quedaron repartidos en tres por cada bando. Además, cada uno recibió unas órdenes que simulan las recibidas en aquella batalla, más o menos, diseñadas además para que haya bastante colaboración entre los mandos de cada bando, lo que ha resultado ser extremadamente divertido. El modo en que el jugador cumpla las órdenes queda por tanto a su discreción. Estas directrices son el verdadero motor del escenario, y, al aferrarnos a ellas, quedamos asombrados al observar cuan parecido fue el desarrollo de la partida a las descripciones históricas de Gaugamela.
Otro problema que debimos afrontar al usar el esquema simplificador de DBA fue que este juego está pensado para representar ejércitos de tamaño idéntico, e igual capacidad de mando, independientemente de la calidad de las tropas. Sin embargo, teniendo en cuenta que en Gaugamela, los persas superaban a los macedonios alrededor de 10 a 1, perderíamos muchas de las sensaciones de apuro que debieron sentir los macedonios. Además, el sistema de mando de éstos era mucho más efectivo que el de los persas, por lo que también estábamos interesados en representar esto.
Por todo ello, diseñamos algunas reglas especiales que, siendo en sí extremadamente sencillas, aportaron un mayor grado de realismo, dentro de lo que cabe, al escenario.

DESCRIPCIÓN DEL ESCENARIO

Los mandos son:MACEDONIOS: Alejandro (ala derecha), Crátero (centro) y Parmenio (izquierdo)PERSAS: Darío (centro), Mazaius (ala derecha) y Bessos (ala izquierda).

REGLAS ESPECIALES
Se usarán las reglas de BBDBA. Además, se usarán las siguientes reglas.
1) Órdenes.- Cada jugador recibe por escrito la composición de su mando, las indicaciones para el despliegue y las órdenes que deberá cumplir en la medida de lo posible. Las órdenes se han escrito teniendo en cuenta el desarrollo de la batalla histórica, y los testimonios escritos que trataron la vida de Alejandro. Se han simplificado al máximo para adaptarlo a DBA, pero obligarán a los jugadores de cada bando a colaborar entre ellos.

2) Si yo cayera, sería un macedonio más… El ejército macedonio poseía un sistema de mando enormemente eficiente y avanzado para su época. A todos los efectos del juego, el CinC ( Comandante en Jefe) será Alejandro, pero los macedonios no perderán automáticamente si éste muere, incluso aunque lleven más bajas que los persas.
3) Si le damos muerte, estará todo hecho. Darío es el comandante supremo (CinC) del ejército persa. Casi todas las decisiones dependen de él. Por lo tanto, si muere, los persas perderán la partida, independientemente del número de bajas que lleve cada bando. Además, Darío no puede estar a más de 300 pasos de ninguna otra peana persa. Si queda separado por más de esta distancia, tendrá un -2 en combate y disparo, y deberá mover en cuanto le sea posible hacia otra peana persa.
4) La Familia Real de Darío III. Alejandro capturó a la familia de Darío tras la batalla de Issos. Estarán en el campamento macedonio. Por ello, capturar este campamento valdrá por tres peanas a los persas, en lugar de las dos que indica el reglamento.
5) Veinte persas por cada macedonio. El ejército persa es inmenso, mucho más grande que el de Alejandro. Para que un mando persa se desmoralice, tiene que perder la mitad de las peanas, y no la tercera parte, como indican las reglas habituales.
EJÉRCITOS Y ÓRDENES
Crátero
12 pk, 2 Ps. 2 Sp. Una de las picas será el general
Despliegue: en el centro toda la falange. Hacer el frente lo más ancho posible. Las Sp y los Ps irán en el extremo derecho. Los Ps deben estar delante de las Sp. El campamento irá centrado en el borde macedonio.
Órdenes: avanzar por el centro, cubriendo el flanco izquierdo del mando la caballería de Alejandro. Avanzar hasta reunirse con Alejandro en el centro persa, justo delante de Darío. Cuidar de que el flanco interior de Parmenio no quede desprotegido.
Alejandro
2 Kn, 2 Cv, 2 LH, 2 Ax. Sólo una de las peanas de Kn será el general.
Despliegue: En el ala derecha. La peana de Alejandro debe quedar a la izquierda del ala derecha, para poder redirigirse hacia el centro.
Órdenes: Cabalgar hacia la derecha para intentar arrastrar hacia allí a la caballería escita. Cuando sea posible, y si el camino hasta Darío está despejado, Alejandro debe girar a la izquierda y marchar hacia el centro persa, para luchar contra él.
Parmenio
Hoplita tardío tesalio, con opción de 3 Cv
Despliegue: La caballería en el ala izquierda. Los Ps irán frente a la caballería. La peana del general debe estar en contacto con el extremo izquierdo de las picas. Las lanzas irán detrás del centro de picas, y serán la reserva, por si se abren huecos en la falange de Crátero.
Órdenes: Actitud defensiva. Evitar que los persas desborden la línea por tu izquierda.También proteger el extremo izquierdo de la falange de picas, sobre todo contra la caballería persa. En el centro, si se abren huecos en el centro de picas, adelantar Sp para cerrarlos.
Darío
2Sch, 3 Ps, 6 Sp, 2 Ax, 1Cv
Despliegue: En el centro. Los carros falcados y 2 Ps irán alineados por delante. El resto atrás. Darío irá en el centro, detrás de las lanzas. Campamento centrado en el borde persa.
Órdenes: Lanzar un ataque coordinado con carros falcados junto a Bessos y sus escitas al extremo derecho de la falange macedonia.
Mazaios
5 Cv, 4 Lh, 1 Ps.
Despliegue: Ala derecha, frente a Parmenio.
Órdenes: Atacar el ala izquierda de los macedonios. Intentar desbordarlos por tu derecha. Si hay hueco, atravesar las líneas y llegar hasta el campamento macedonio para rescatar a la Familia Real. Conquistar el campamento cuenta por tres peanas, en lugar de por dos.
Bessos
Mando escita con Kn de general, 2 Ps y 1 Ax
Despliegue: Ala izquierda. Al menos tres peanas de LH irán adelantadas, con la vanguardia de Darío.
Órdenes: Atacar el extremo derecho de la falange central. Coordinar el ataque con los carros falcados de Darío. Proteger el ala izquierda. Evitar que la caballería macedonia intente desbordarnos por tu izquierda. Si se dirigen hacia allí, interceptarlos con tu general.
LA PARTIDA
Bueno, pues tras todos los preparativos, nos reunimos en Territorio Troll a echar la partida.


Unimos un par de mesas para jugar. Teníamos una superficie de 75x150 cm., genial para representar la gran llanura de Gaugamela, preparada por Darío para la caballería. Sí respetamos la distancia a la que empiezan separados los ejércitos según el manual.



A continuación, mostramos el despliegue.

La foto está tomada desde el flanco derecho de los persas. Al fondo, se ven las ruinas de Nínive, la que fuera altiva capital de los asirios, hoy no más que piedras rotas pulidas por la arena que arrastra el viento.

El lado persa queda a la izquierda de la foto, y los macedonios a la derecha.
Por el lado persa, al fondo, en el flanco izquierdo, Bessos y sus jinetes Saka (es decir, escitas). En el centro, Darío III Codomano, con los carros falcados, los takabara, los honderos, los mercenarios griegos y los hoplitas persas kardakes. En primer plano, Mazaios, sátrapa de Babilonia, con la caballería persa y meda.

Por el lado macedonio, en su flanco derecho, el más alejado, los Compañeros de Alejandro y la caballería aliada. En el centro, Crátero con la falange de picas en primera línea, seguido por los hoplitas aliados griegos en segunda fila, para cubrir huecos y proteger la retaguardia por si los persas envolvieran a la falange. Y en el flanco izquierdo, la caballería tesalia, con Parmenio al frente del escuadrón de Farsalia.

Al empezar la partida, ésta era mi perspectiva. Yo jugaba con Darío.Los movimientos se ajustaron bastante a los históricos, y sin duda, las fotos hablarán por sí solas.






Mazaios se lanza sobre el pobre Parmenio. En el flanco de Alejandro, los Compañeros avanzan, y Bessos envía sus escitas a interceptarlos. Mientras, los carros falcados avanzan hacia la falange.
Las primeras escaramuzas en el flanco izquierdo persa. Una LH de Alejandro cae inesperadamente. Bessos (nuestro colega Samuel) intenta aprovechar la situación.
Unas tiradas más tarde, el flanco de Bessos empieza a ceder. Alejandro tiene menos tropas, pero mejores, y la caballería escita sufre mucho. Mientras, la escasez de PIPs reducen a nada el ataque de los falcados y las ligeras de Bessos.
Mientras, en el flanco derecho persa, e izquierdo macedonio, Parmenio empieza a pasarlo mal. No obstante, inteligentemente comienza un bien estudiado repliegue y redirige a la retaguardia de la falange central para apoyarle. "El flanco izquierdo tardará más en caer de lo esperado", piensan los persas.
Súbitamente Bessos se recupera. Atacando a la retaguardia de Alejandro, el mando del macedonio tiembla. Está a una sola baja de romperse, y los escitas han le han rodeado por el lado interior.
Pero nada puede parar a los compañeros macedonios. En un turno aciago, Bessos recibe las bajas necesarias para romperse. El hueco hasta el centro persa está abierto, y Alejandro gira a su izquierda, hacia la victoria.
Pero entonces se masca la tragedia. Parmenio cae, y con él su mando (en realidad aplicamos la regla de DBM de superar el número de bajas con un dado, y no las reglas de BBDBA. Aquí el error fue mío, porque no lo recordaba). El mando no se rompió directamente, pero lo haría un turno más tarde. El camino hacia el campamento macedonio estaba abierto.
Pero ya casi no queda tiempo. Mientras todo esto ocurría, en el centro, Darío lanzaba los carros falcados y los Ps contra la falange, con el objetivo de retrasarlo. En un momento, justo al romperse Parmenio, los takabara persas llegaron para atacar el flanco de la falange. Pero los persas estaban a una sola baja para perder la partida.
Finalmente, en un último y sangriento turno, ambos bandos recibiron muchas bajas, pero el persa se rompió antes. Alejandro podía marchar hacia Babilonia.
Fue una partida muy divertida y emocionante, y ya tenemos ganas de jugar de nuevo a BBDBA.

Reviviendo Querona

jueves, 27 de diciembre de 2007

Tras el inspirador artículo de Caliban sobre la Batalla de Queronea, hemos querido meternos en la piel de los macedonios y los partidarios de Demóstenes de la mejor forma posible: ¡jugando una batalla de DBA!

La batalla está recreada siguiendo las reglas descritas por Caliban e intentando ajustar la escenografía lo máximo posible. Como no contábamos con un elemento de costa, representamos el río con el viejo sistema navideño del papel de aluminio, aunque para darle una apariencia menos calamitosa lo retocamos posteriormente con Photoshop para publicarlo en DBA Hispano.
Las miniaturas utilizadas para representar ambos bandos son de la marca Xyston; posiblemente la mejor para estos ejércitos y este periodo.
A lo largo del artículo podréis ver varias instantáneas de la batalla. Recordad que haciendo click sobre la imagen podréis contemplarla a mayor tamaño.

Siguiendo esta tónica de fidelidad restringimos el despliegue al verdadero planteamiento táctico inicial de ambos generales. Así se veían las cosas.

En la parte superior de la imágen los macedonios despliegan sus tropas ligeras bajo el mando directo de Filipo y sus hipaspistas en su flanco derecho, Parmenio mantiene el centro con sus piqueros y Alejandro se pone al mando de la caballería en el flanco izquierdo.
En la parte inferior de la imágen los aliados disponen su caballería y sus psiloii en su flanco izquierdo, los atenienses guardan la parte izquierda del centro y los tebanos la diestra. En el extremo derecho, alineados frente a Alejandro, despliega el Batallón Sagrado (en posteriores fotos se destacará su posición situando un marcador de gema rojo a su lado).

Los primeros turnos se desarrollan sin demasiadas complicaciones. Los griegos avanzan directamente hacia el enemigo mientras que los macedonios, además de hacer lo mismo, destacan las tropas ligeras de Filipo para ocupar las alturas en las colinas del flanco izquierdo griego. Esta situación obliga al estratego aliado a separar a la caballería y los psiloii del resto de sus tropas para evitar una acción de flanqueo de los peltastas macedonios sobre la línea de hoplitas.

Los griegos parecen satisfechos con situar sus tropas del flanco izquierdo encarando la amenaza de los hostigadores de Filipo, pero se resisten a internarse en las colinas donde estos estarían en clara superioridad. En vista de que esta situación podría prolongarse indefinidamente, los macedonios deciden cargar colina abajo para enfrentarse a los psiloii y la caballería helena.
Y la suerte parece sonreír a los valientes, porque Filipo usa sus ardides para atraer a la caballería griega hacia atrás después de haber conseguido obtener una extraordinaria tirada de dados.

Pese a tener momentáneamente contienda la amenaza de las tropas ligeras de Filipo, los griegos parecen reacios a continuar avanzando, ya que la línea de la falange de Parmenio rebosa su flanco izquierdo inquietando profundamente a Estratocles.
Así pues deciden detener momentáneamente su marcha a la espera de poder observar que directrices adoptarán los generales macedonios.
Aun así, los tebanos apuestan por curarse en salud y hacen avanzar al Batallón Sagrado de forma que deje dentro de su zona de control a la caballería ligera de la sección de Alejandro.

De pronto parece que las cosas pintan un poco mejor para los aliados. Después de unas malas tiradas el flanco al mando de Filipo queda desorganizado. Ahora serán necesarios varios PIPs para volver a conformar una línea de combate sólida para enfrentarse al flanco izquierdo ateniense. Además se encuentran al pié de las colinas, por lo que su mayor ventaja parece haberse esfumado.

Mientras tanto, en el lado tebano de la batalla, las cosas pintan bastante bien. El Batallón Sagrado decide lanzarse a la carga sobre la caballería ligera macedonia. En un primer momento una tirada desastrosa deja a los tebanos en mal lugar, pero gracias a su férrea disciplina mantiene su posición.
Aun así Alejandro cree no tenerlas todas consigo, por lo que opta por retirar su propia unidad para evitar que una posterior retirada de la caballería ligera cause el caos en sus líneas y la virtual destrucción de esta.
Lo cual demuestra ser una buena decisión porque, efectivamente, la caballería ligera retrocede ante el empuje del Batallón Sagrado.

Mientras, en el flanco izquierdo griego, la caballería intenta enfrentarse a Filipo en solitario, al no tener este unidades capaz de solaparles, a pesar de dejar a los psiloii a su suerte. Aun así el ataque no tiene éxito.
En el flanco derecho los tebanos del Batallón Sagrado continúan su empuje, acorralando y destruyendo finalmente a la caballería ligera macedonia.
Al mismo tiempo Nausicles decide adelantar a sus hoplitas para no dejar a la élite de su polis aislada entre las líneas macedónicas.

La escaramuza al pie de las colinas continúa sin que nada claro suceda, aun así ambos bandos intentan tomar posiciones que les permitan sobrepasar a sus enemigos en próximos turnos.
tras ver la exitosa acción del Batallón Sagrado, Alejandro ordena cargar contra ellos apoyado por la caballería macedonia. En un primer momento la élite aguanta bien la carga de El Grande haciendo uso de su disciplina.
Alejandro no se achica y sigue atacando una y otra vez.
Mientras tanto el centro de hoplitas ve como los falangistas se han acercado tanto que socorrer a los aislados miembros del Batallón Sagrado parece algo imposible.

En el flanco izquierdo el baile de posiciones ha llevado a los psiloii griegos a encontrarse en grave riesgo de quedar encajonados, ante lo apremiante de la situación deciden cargar contra los honderos macedonios con la esperanza de, al menos, hacerlos retroceder y ganar un poco de espacio. Pero la fortuna parece haberles vuelto la espalda, porque son recibidos por una violenta lluvia de piedras que causa su total aniquilación.
Ahora la caballería ateniense está en una situación francamente desaconsejable y no ve el momento de volver grupas y salir de ahí lo más pronto posible.

Tampoco en el flanco derecho parecen ir bien las cosas para los aliados. Una serie de desafortunados movimientos han llevado al Batallón Sagrado a quedar encajonado contra sus propios conciudadanos que acudían a su rescate. Los guerreros se apiñan en un punto, sintiéndose muy lejos de los atenienses y aterrorizados ante el movimiento de una sección de la falange que, desgajándose del cuerpo principal carga contra ellos.
Los hoplitas tebanos se ven de pronto atrapados en el yunque y martillo macedonio cuando la caballería carga para sumarse al ataque.
Sus esperanzas eran escasas y todos sus temores se materializan cuando el terrible choque causa la aniquilación de numerosas tropas tebanas, perdiendo dos elementos de lanzas en un único combate.

La inquietud se extiende por el flanco ateniense, a sus espaldas pueden sentir los cascos de su caballería escapando de las tropas de Filipo mientras, mirando con horrorizada fascinación, contemplan como una gran cantidad de hoplitas tebanos acaban de ser arrollados bajo el aparentemente imparable rodillo macedonio. En ese momento escuchan unos gritos a su izquierda y contemplan como la falange macedonia comienza a flanquearles de forma imparable.

El momento de Parmenio ha llegado. Las gargantas de los macedonios atronan con un aterrador alalalai mientras se lanzan sobre el flanco ateniense.
¡Alalaliee ay piehon! ¡Alalaliee ay piehon! ¡Alalaliee ay piehon! Un muro de afiladas picas se cierne sobre los desesperados atenienses. El mismo suelo parece temblar al compás de la marcha macedonia. Gritos. Sangre. Olor a orines. El silbido de una pica atravesando el aire y clavándose en el cuello de un compañero. El entrechocar de los metales. Algo pegajoso de sabor ferroso que salpica en la cara... y después el quedo silencio solo interrumpido por los lastimosos gemidos de los moribundos y los aterrorizados murmullos de los supervivientes.

Grandes batallas II. Queronea, 338 a.d.C.

Saludos. Proseguimos aquí la serie con la batalla de Queronea (en realidad, una de las que tuvieron lugar allí), en la que se enfrentaron los ejércitos macedonios al mando de Filipo II y un joven Alejandro, y una coalición entre Atenas y Tebas.
Recordemos que Filipo II de Macedonia pretendía conseguir la hegemonía sobre las polis griegas, unificando el mundo helénico, que, debido a las interminables guerras entre las polis, se venía debilitando desde hacía más de un siglo. Filipo veía el peligro que corrían los griegos frente al poder persa, que no había menguado casi nada desde la segunda guerra médica.

En el 346, Filipo venció a Focea en la Guerra Sagrada proclamada por la Anfictonía, el consejo Delfos. De este modo, Filipo fue invitado por los tesalios, que dominaban dicho consejo, a participar activamente en la política de las polis griegas, ya que dicho consejo era el único foro en el que las distintas polis tenían en común, y sus decisiones solían ser acatadas por la mayoría.

Atenas y Tebas, las dos ciudades más poderosas, que habían sido además encarnizadas enemigas, veían claramente las intenciones de Filipo. Ambas polis se resistían a estar bajo el dominio de un monarca, y además extranjero. En el ágora de Atenas, el orador Demóstenes arengaba a los atenienses en contra de Macedonia, en aras de la libertad y la independencia de Atenas. Además, promovía la alianza con Tebas, pues sabía que sin los beocios no tendrían suficiente poder para enfrentarse a los ejércitos profesionales de Filipo. Mientras, el Gran Rey de Persia vio la oportunidad para perjudicar a Macedonia, pues temía que Filipo se hiciera lo bastante poderoso para invadir el imperio, así que no dudó en enviar dinero y espías a Grecia, favoreciendo la campaña contra Filipo.

En el 339 a.d.C., el consejo de Delfos declaró una nueva Guerra Sagrada contra los ciudadanos de Ánfisa, ciudad de la región lócrida, por cultivar la llanura sagrada. Los tesalios, aliados de los macedonios, y que dominaban el consejo, enviaron una petición de intervención a Filipo, que no dudó en aceptar. Por un lado, parecía que los tebanos habían ayudado a los anfiseos. Por otro, no hay duda de que a Filipo le vino estupendamente esta oportunidad para entrar en Grecia con sus ejércitos. Avanzó rápidamente tomando los enclaves necesarios para asegurarse la ruta, pero se detuvo antes de llegar a Ánfisa con objeto de tantear el grado de influencia que tenía en el consejo. Atenas, espantada por el exitoso avance de Filipo, que estaba cerca del Ática, se rebeló y envió una embajada a Tebas para atraer a los beocios a su bando.
Tebas dudaba de si participar al lado de Macedonia o bien, aliarse a Atenas. Filipo envió una embajada con interesantes y ventajosas propuestas para los tebanos. Demóstenes, el orador ateniense, se presentó al consejo de los beocios justo después de los macedonios.
El discurso de Demóstenes incendió Tebas. Era un orador verdaderamente brillante. Las palabras, el arma más poderosa, no tenían secretos para él. Antes de que terminara, toda la ciudad gritaba “Libertad”. Los embajadores macedonios se fueron a toda prisa, y la coalición tebana y ateniense se reunió para hacer los preparativos. Entonces, llegó el invierno, y ambos bandos esperaron a la primavera del 338 para ponerse en marcha.

Con oro persa, la coalición contrató diez mil mercenarios al mando de Cares, y además reunieron un segundo ejército de hoplitas con los ciudadanos de ambas polis. Entre ellos estaba el legendario Batallón Sagrado de Tebas, los 300 mejores guerreros de la ciudad, que hacían un voto sagrado de no retirarse jamás. (300 era el número de guerreros que los griegos siempre escogían para cuerpos de élite u operaciones especiales).
El primer movimiento lo hizo la coalición. Cares y sus mercenarios cortaron el camino hacia Ánfisa. Mientras, el grupo principal se dirigió a cortar los accesos de Macedonia hacia la Lócride. Filipo avanzó también rápidamente, más que los griegos de hecho. Tomó los principales puertos, y, dejando al grueso del ejército atrás, marchó toda una noche hasta que al amanecer atacó por sorpresa a los mercenarios de Cares, venciendo rápidamente.
Cuando la coalición supo que Cares había sido derrotado y que los macedonios tenían un paso expedito que podía llevarlos a su retaguardia, tuvieron que retroceder hasta la llanura de Queronea, el primer punto defensivo de Beocia en el camino de los macedonios. Esto era lo que Filipo quería en realidad.

Queronea era la llanura de inundación de la margen derecha del río Cefiso. Mirando hacia el norte, el ejército griego esperaba a los macedonios. Estaban comandados por Nausicles, estratego tebano. Sin embargo, los generales tebanos y atenienses (Cares, Próxeno y Estratocles) no tenían mucho mando en tropas que no fueran de su polis. El ejército de la coalición no tenían una estructura bien articulada.
En el flanco derecho desplegaron los tebanos. El Batallón Sagrado estaba en las orillas del Cefiso. Hacia la izquierda, seguía la falange de hoplitas tebanos. En el centro se desplegaron otros aliados y mercenarios, y en el ala izquierda, limitando con las colinas, desplegaron los atenienses. A continuación, la escasa caballería griega. Finalmente, sobre las colinas se ubicaron los peltastas y las tropas ligeras. En total, 20.000 soldados, de los que 13.000 eran hoplitas, y el resto tropas ligeras, y 3.500 jinetes.
Frente a ellos se colocó el ejército macedonio. En el extremo derecho, Filipo colocó a la caballería tesalia, frente a la caballería tebana. A continuación, se colocó él con los hipaspistas, frente a los atenienses. El centro macedonio lo formaba la falange de piqueros, al mando de Parmenio y Klito, el “Negro”. El extremo izquierdo estaba ocupado por los Hetairoi, la caballería macedonia, jinetes equipados con largos xystoi, prestos a cargar. Esta fuerza de 1800 jinetes estaba al mando de un jovencísimo Alejandro.

Aunque el ejército griego usaba tácticas relativamente obsoletas comparadas con el nuevo ejército macedonio, sus hoplitas habían formado un amplio frente y estaban bien ubicados. Eran cuando menos un enemigo correoso. Filipo, no obstante, tenía un plan que explotaba la peor estructura de mando de los griegos. Y así lo puso en práctica.
En primer lugar, él en persona, al mando de los hipaspistas, se lanzó a la carga contra los atenienses. Entre ellos, chillando y animando a los hoplitas, estaba Demóstenes. La falange de hoplitas cerró filas y también empezó a correr hacia Filipo.
El impacto de ambos frentes fue muy duro. En primera fila, Filipo atacaba con su espada, escoltado por dos gigantescos guardaespaldas, que se abrían paso golpeando con enormes hachas a dos manos. El resto de la línea ya estaba escudo contra escudo, empujándose y retrocediendo, acuchillando por encima y debajo de los grandes aspis.
Tras un rato, Filipo puso en marcha su plan. Hizo sonar las cornetas, y a su orden, las ordenadas filas de hipaspistas comenzaron a retroceder ordenadamente. Los atenienses, al verlos, espoleados por el odio que tenían a los macedonios, los persiguieron. Tan furiosa fue esta persecución que en muchos puntos, la falange de hoplitas se abrió. Entonces, Parmenio, siguiendo las instrucciones de Filipo, hizo avanzar el frente completo de piqueros macedonios. Con las sarisas en ristre, los macedonios se lanzaron al ataque, cantando al paso de la falange, acompañados por el zumbido de las picas de las filas traseras, que los soldados agitaban al viento.
Nausicles observó el temerario avance de los atenienses hacia el interior del frente macedonio. Su falta de disciplina ponía en peligro la integridad del frente griego, y además, en su avance, los atenienses estaban exponiendo su flanco. A regañadientes hizo lo único que podía hacer. Dio orden de avanzar escalonadamente. Los hoplitas tebanos más cercanos a los atenienses comenzaron a avanzar para proteger el flanco de éstos. Pero el plan de Filipo contemplaba esto. La falange macedonia avanzó y cargó contra los tebanos, impidiéndoles avanzar. De este modo, los atenienses siguieron hacia los macedonios, pero solos y desprotegidos. Mientras, tebanos y piqueros macedonios comenzaban un terrible combate, lleno de avances y retrocesos. Ambas falanges trataban de imponerse sin conseguirlo. Pero el tiempo corría a favor de los macedonios.
Filipo, ya reorganizado, rodeó con los auxiliares a los atenienses, que ahora estaban aislados del resto del frente griego, e hizo que los hipaspistas detuvieran su retroceso. Los hoplitas atenienses comenzaron a sufrir muchas bajas. El pánico cundió entre ellos y la formación comenzó a debilitarse, hasta que finalmente huyeron
Mientras, Alejandro, siguiendo también las instrucciones de su padre, cuando los tebanos y los piqueros estuvieron trabados, se lanzó contra el extremo derecho de la línea tebana: el Batallón Sagrado. Estos hoplitas vieron avanzar a los 1.800 jinetes hacia ellos, pero no se asustaron. Apretaron filas, afirmaron las lanzas contra el suelo y apretaron los dientes.
Alejandro organizó su ataque en tres oleadas. Las dos primeras se aproximaron hasta lanzar sus jabalinas, que fueron detenidas por los escudos de los tebanos, inutilizándolos. La tercera oleada, dirigida por Alejandro en persona, se estrelló contra un frente casi desprotegido. Sin embargo, aquellos guerreros eran algo especial. Sin hacer ningún ruido se reorganizaron y contraatacaron. Sufrían muchas bajas, pero eran capaces de retroceder ordenadamente y cerrar cualquier brecha en su formación. La caballería macedonia cargó una y otra vez, pero no consiguieron romper la formación ateniense. Tuvieron que matar a 250 de aquellos 300 hombres para abrirse un hueco lo suficientemente grande como para colarse en la retaguardia tebana. Así, rodearon por fin a los hoplitas tebanos, que, presos entre dos frentes, se rompieron rápidamente. El ejército de la coalición capituló.

2.000 hoplitas atenienses habían muerto. Entre los tebanos se supone que hubo más bajas y sobre todo, muchos más prisioneros, ya que, a diferencia de los atenienses, no pudieron retirarse, atrapados entre el yunque y el martillo de los piqueros y hetairoi.
Así fue como el destino de Grecia quedó sellado. Macedonia era el nuevo poder. Filipo, el Hegemón de la Hélade. El mundo helénico estaba unido ahora al mando de un monarca poderoso.
Aunque al final de la batalla, Filipo fue encontrado bailando renqueante entre los cadáveres enemigos, haciendo escarnio frente a los prisioneros atenienses, el viejo zorro macedonio supo ser generoso. Liberó a los prisioneros y mostró cierta magnanimidad con los vencidos. Después de todo, los necesitaba como aliados, y los admiraba, también hay que decirlo.
El domino macedonio no sería puesto en duda hasta la muerte de Filipo y la coronación de Alejandro, pero eso es otra historia (ver Alejandro I.).

LA BATALLA DE QUERONEA PARA DBA.
Esta batalla es perfecta un escenario de BBDBA, pero trataré de explotar la sencillez del DBA simple. Sin embargo, los jugadores podrán comprobar la diferencia que hay entre un mando estructurado y uno que no lo está.
a) Ejécito Macedonio. Se usará la lista II 12. La opción a escoger será 4Aux. De este modo, habrá dos peanas de 4Aux. Estas peanas representarán a los hipaspistas. En esta batalla, su comportamiento se asemeja más al de tropas medias que a una falange de hoplitas. De hecho, todavía se discute sobre cómo luchaban los hipaspistas en realidad.
El jugador macedonio destacará inequívocamente tres elementos: uno de 4 Aux, que representará a Filipo, Y SERÁ EL GENERAL DEL EJÉRCITO; otra de Pk, que representará a Parmenio, y finalmente, la de 3Kn, que representará a Alejandro. (Esta peana NO SERÁ EL GENERAL MACEDONIO).
b) Ejército de la coalición griega.- Se usará la composición del ejército II//5 a. Aunque este ejército es el espartanos, sus elementos forman un conjunto más ajustado a la coalición griega que se enfrentó a Filipo, según la proporción de elementos de hoplitas y caballería. Como opciones, se elegirá la Cv y 2x4 Sp.
El jugador griego separará las peanas según sean atenienses o tebanas. Los tebanos tendrán la Cv y cinco elementos de hoplitas. Los atenienses tendrán los Ps y los otros cinco elementos de hoplitas.
El jugador griego destacará inequívocamente: una peana de Sp atenienses, que será el general ateniense Estratocles; una peana de Sp tebana, que será el estratego Nausicles, y otra peana de Sp tebana, que será el Batallón Sagrado. (por si ayuda, os diré que el Batallón Sagrado tenía ricas túnicas de color rojo).

Ningún bando desplegará campamentos.

El campo de batalla tendrá una WW que corre por un lado, representando al río Cefiso. Debe ser lo más pequeño posible. En el lado opuesto, a lo largo de él, el jugador griego colocará tres colinas: dos difíciles y otra simple. Toda su superficie debe quedar a 600 pasos del borde del tablero opuesto al río.
El resto del tablero es terreno fácil. Los griegos son defensores, y despliegan en el lado que tiene el río Cefiso a la derecha y las colinas a la izquierda. Los macedonios despliegan en el lado opuesto. Las reglas de despliegue son las habituales.

Se aplicarán todas las reglas habituales de DBA, más las siguientes reglas especiales:
a) Mando macedonio.- El jugador macedonio podrá medir la distancia de mando del general desde el elemento de Filipo o de Parmenio. Ojo, esto no significa que Parmenio sea general, sino que puede servir para transmitir órdenes desde su posición.
b) Príncipe de Macedonia.- Alejandro está en la batalla, y el futuro de Macedonia recae sobre él. La peana de Alejandro cuenta como dos bajas macedonias si es eliminada.
c) Mando griego.- El jugador griego tiene dos generales: Nausicles y Estratocles, y se aplica a cada uno las reglas habituales de generales (es decir, ambos tienen +1/+1,etc.). Para generar PIPs, el jugador griego lanzará dos dados distintos entre sí. Uno será el dado ateniense y otro el dado tebano. Elegirá OBLIGATORIAMENTE el de mayor valor. En caso de empate, se elige el dado tebano. Cada turno, sólo el general cuyo dado haya sido elegido podrá dar órdenes. Pero si dicho general quiere dar órdenes a cualquier elemento, (o grupo que contenga elementos), de distinta nacionalidad que el general, dicha orden costará +1 PIP (acumulativo con otros malus por distancia superior a 1200 pasos, etc.).
d) Batallón Sagrado.-Este elemento tiene ignora los resultados de “Retroceso”. En su lugar, se aplicarán los resultados de “Empate”.
e) El plan de Filipo.- Cualquier elemento ateniense que luche borde frontal con borde frontal con Filipo se vuelve impetuoso. Además, si Filipo gana el combate contra cualquier enemigo en contacto frontal, en lugar de aplicar el resultado de las reglas habituales, puede elegir hacer un Retroceso, arrastrando al elemento enemigo con él hasta seguir ambos en contacto borde frontal con borde frontal. Además, cuado esto ocurra, cualquier elemento amigo que estuviera en contacto con el elemento de Filipo y que pudiera formar grupo con él, puede retroceder también, incluso si estuviera en contacto exclusivamente frontal con otro enemigo. Pero sólo la peana enemiga en contacto con Filipo será arrastrada. El resto del frente enemigo se queda donde está. Esto representa las increíbles dotes de mando de Filipo, capaz de organizar un retroceso organizado de todo su frente, atrayendo al imprudente enemigo hacia su trampa. Nótese que si Filipo lucha primero y vence, puede retroceder con todo su frente antes de que se produzcan otros combates. Esta posibilidad se ha incluido intencionadamente.

Condiciones de Victoria.
Las habituales, incluyendo los efectos de las reglas antes descritas. Para los griegos, las condiciones de pérdida de generales se aplicarán para cualquiera de los dos. Es decir, se puede perder tanto si Nausicles como si Estratocles son eliminados y los griegos llevan más bajas que los macedonios.

Por último, recomiendo que, una vez jugado el escenario, los jugadores intercambien los papeles. Es interesante experimentar con las diferentes condiciones de mando, en mi opinión.

Alejandro IV. El fin del Sueño y el amanecer helenístico.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

El camino por la costa desde La India hasta Persia se convirtió en la marcha más amarga. Primero se agotaron las provisiones. Llegaron a los desiertos costeros y apenas había agua. Las provisiones se agotaron, y se perdió el contacto con la flota que bordeaba la costa. Primero mataron a los caballos para poder comer. Luego, arrojaron los botines y mataron a los mulos de carga.
Alejandro y su caravana se vio sometida a la prueba más dura, y las personas que emergieron de aquel desierto cerca de las Puertas Pérsicas parecían más cadáveres que vivos.
Mientras, Nearco también pasaba muchas dificultades. Su viaje por la costa estuvo jalonado de enormes peligros, y también de grandes prodigios. Escribió una detallada crónica del trayecto, y en ella mencionó un misterioso pueblo semitroglodita comedor de pescado crudo.

Por fin retornó Alejandro a Persia. Se dedicó entonces a organizar su imperio. Se casó con Estatira, hija de Darío, al mismo tiempo que miles de sus soldados con otras mujeres persas. Quería fundir a los pueblos. Por aquel tiempo licenció a los veteranos macedonios y reorganizó los ejércitos con las incorporaciones de nuevas tropas persas adiestradas al modo helenístico. Eligió nuevos sátrapas y gobernadores allí donde los anteriores se habían portado incorrectamente, y comenzó a recibir embajadas de todo el mundo conocido, incluso de Occidente. Además, Roxana quedó embarazada.

Hefestión murió de fiebres tifoideas y Alejandro casi enloqueció. El ambiente entre sus generales se fue enrareciendo conforme se hacían más ricos y poderosos. Envió a Crátero a Macedonia como gobernador para sustituir a Antípatro, y comenzó entonces a elaborar sus planes para las futuras conquistas. Sabía que Darío I había construido un canal que unía el Mar Rojo y el Mediterráneo, por lo que su siguiente objetivo sería construir un puerto en Babilonia, desde el que saldría una flota que bordearía Arabia, estableciendo puertos y ciudades por todo el camino hasta el Mar Rojo, y así recuperar en canal de Darío para llegar al Mediterráneo, hasta Alejandría. Luego, tendría que avanzar hacia Italia y dominar a los romanos, y luego, seguir al oeste, hacia las Columnas de Hércules.

Un día, Alejandro contrajo fiebres. Las viejas heridas, sobre todo la flecha india que había perforado su pulmón, y el extraordinario esfuerzo que había realizado a lo largo de sus campañas le acabó pasando factura. A pesar de su enfermedad, siguió gestionando su próxima campaña en Arabia hasta que ya no pudo levantarse. En sus últimas horas, los soldados veteranos que se quedaron en Babilonia quisieron despedirse de él. Para cada uno de ellos, Alejandro tuvo un gesto o unas palabras. Después, se consumió en pocos días, abrasado por el mismo fuego divino que alimentaba su alma. En sus últimos instantes de vida, sus generales velaban alrededor de su lecho, suplicándole que nombrara un sucesor, un regente que gobernara el imperio hasta que su hijo nonato pudiera reinar. Fue Pérdicas quien finalmente recibió el sello real. Lo que el Gran Rey macedonio no sabía es que aquel anillo sellaba la sentencia de muerte de Pérdicas.
Alejandro murió en el año 323 a.d.C. Algunos dicen que le envenenaron sus propios generales, lo cual tampoco es descabellado. Otros dicen que ayudaron a su deterioro durante su enfermedad. Estaban agotados. La personalidad de Alejandro era incansable. Nunca se detendría, nunca daría marcha atrás en su política de fusión cultural. Iría ascendiendo cada vez más y más, y la envidia, no olvidemos, envenenaba los sueños de sus compañeros.
En sus treinta y tres años de vida conquistó un imperio que se extendía desde Macedonia a Egipto y desde Grecia hasta el Indo. Había sido aclamado como un dios, adorado por sus soldados, admirado por sus enemigos y amado por sus amantes.

En cuanto expiró, los acontecimientos se sucedieron rápidamente. Roxana ordenó el asesinato de Estatira. Sisigambis, madre de Darío y que había adoptado a Alejandro, dejó de comer y beber, abandonándose a la muerte, que tardó cinco días en tomarla. Para entonces, los generales ya se habían peleado y formado bandos. Pérdicas siguió siendo el regente, pero no llegó a los dos años en el cargo. Murió asesinado.
Los generales de Alejandro tenían cada uno su ejército, y tras el asesinato de Pérdicas se dedicaron a combatir unos con otros por el poder. A estos generales se les conoció como los Diadocos, los Sucesores, y durante algunos años, las guerras entre ellos llegaron a todos los confines del Imperio de Alejandro.
Algunos de ellos murieron, y otros consiguieron prevalecer y establecer una serie de reinos helenísticos que perduraron hasta la formación del imperio romano. Dichos reinos estaba dirigido por una nobleza helenística, aunque el pueblo seguía siendo básicamente el mismo que en el imperio persa. Sin embargo, a través de estos dirigentes, las bases del pensamiento helenístico se fue infiltrando lentamente. Se fundaron más ciudades al nuevo estilo, y las llenaron de obras maravillosas y prodigios de la ingeniería. Nos quedan maravillosos ejemplos como Pérgamo y su imponente teatro de acústica impecable. Los cultos griegos fueron importados, y coexistieron pacíficamente con los locales por todos los reinos. El griego clásico se convirtió en el idioma universal de la diplomacia. Hasta los romanos aprendían griego para hablar con otros países.


Seleuco se quedó con Persia, Media, Asiria, Bactriana y Siria, el corazón del imperio. La política exterior se centró en recuperar la unidad del imperio. Seleuco fue un gran general. Sus ejércitos incluían tropas indias, elefantes, Xystophoroi persas, piqueros persas o “Pantodapoi” y otros auxiliares al nuevo estilo, los thureophoroi. La dinastía seleúcida se mantuvo en el trono hasta el 146 a.d.C., momento en el que, ante la presión de Roma en Oriente Próximo y los partos desde Bactriana, en el este, se desintegró.

Ptolomeo consiguió la corona de Egipto, iniciando la famosa dinastía ptolemaica, que tuvo su capital en la Alejandría de la desembocadura del Nilo. Si bien los nobles ptolemaicos eran helenos, adoptaron la dignidad y las costumbres de los faraones. Mantuvieron sus fronteras con gran esfuerzo ante la presión de los seleúcidas. Sus ejércitos estaban formados por fuerzas mercenarias de piqueros y caballeros. En general, el pueblo egipcio se excluyó de los ejércitos.
En Alejandría construyeron, además del Faro, la maravillosa Biblioteca. Desde allí se dedicaron a atesorar todos los conocimientos de los libros que llegaban a la ciudad. Por orden real, todos los barcos que llegaban debían declarar los libros que llevaban, y obligatoriamente, éstos eran llevados a la biblioteca para ser copiados. Además, ésta fue el centro de avanzados estudios. Realmente nunca podremos evaluar el desastre que supuso el que ardiera en el siglo V de nuestra era. En palabras del insigne Carl Sagan, podemos decir que si no se hubiera quemado la biblioteca, la primera nave que llegara a la Luna tendría un nombre escrito con el alfabeto griego. También este autor nos dice que en Europa, en el siglo XV, justo antes de la “invención” de la imprenta (mecanismo que ya existía en China desde el siglo V de nuestra era), la suma de todos los libros que había en todos los países, era la décima parte de todos los libros que había en la Biblioteca de Alejandría. Y aunque podríamos escribir un libro con lo que suponemos que había en la biblioteca, sólo os daré algunos ejemplos de lo que se hacía allí, ya que no sólo se acumulaban libros, sino que allí había laboratorios, aulas, etc., y se desarrollaron todas las ciencias.
Herón escribió un tratado llamado “Autómata”. En el se describían numerosos automatismos mecánicos. Se trataba de un compendio de mecanismos (servomotores, bielas, transmisiones diferenciales) que usamos hoy en día.
Eratóstenes midió el radio terrestre mediante una geometría tan simple que nos daría vergüenza no haberlo pensado antes. Sólo necesito medir la longitud de la sombra de un palo en dos sitios distintos el mismo día, y conocer la distancia que había entre dichos puntos. Tuvo un error de un 2%, y por supuesto se debió al modo de contar la distancia entre dos ciudades: el paso de un batallón de soldados.
Los movimientos de los planetas fueron perfectamente descritos, basándose en mediciones empíricas y no en la representación de las esferas de Aristóteles (que era un gran naturalista y filósofo pero como físico dejaba mucho que desear). Teniendo en cuenta que las órbitas de los planetas son elípticas, hay de destacar el gran acierto de la observación. También hay que tener en cuenta que los egipcios eran grandes astrónomos, y esta tradición fue absorbida por los sabios helenísticos. Hypatia de Alejandría fue una de las últimas grandes astrónomas y filósofas de la escuela de Alejandría, y fue desollada viva por fanáticos cristianos en el siglo V de nuestra era.

Me gustaría destacar que tras la caída del imperio romano, todos esos conocimientos se perdieron. No hubo una descripción adecuada del sistema solar hasta Copérnico, mil años después. ¡Se perdieron mil años de conocimientos!
Y es más. Ya estaban experimentando con el vapor. Herón construyó una rueda que funcionaba con presión de vapor. Las piezas móviles se construían con bronce fundido. Las artes de fundición del bronce habían avanzado tanto que permitía el montaje de válvulas y grifos con estanqueidad necesaria. Si no hubo una revolución industrial como la del siglo XVIII en Europa ya en aquella época fue porque la economía de esclavos hacía innecesario el desarrollo de esa tecnología. La mano de obra era muy barata.
El reinado ptolemaico murió con Cleopatra, que fue amante de Julio César y de su rival Marco Antonio. Luego Egipto pasó a ser provincia romana.

Tracia era gobernada por Lisímaco cuando murió Alejandro. Se independizó bajo su gobierno, y mantuvo su reinado de manera tiránica.

Macedonia quedó al mando regente de Antípatro. Su hijo Casandro mató a Olimpia, Roxana y al único hijo e Alejandro cuanto éste tenía catorce años. La familia de Alejandro se extinguió. Mantuvieron el control de la Grecia helenística, aunque no sin lucha. Finalmente, la expansión hacia el este del imperio romano cristalizó en la batalla de Cinoscéfalos, que marcó el ocaso del dominio militar helenístico. Un nuevo poder, las legiones de Roma, tomaban la hegemonía en el campo de batalla.

Otro general que merece la pena nombrar es Demetrio Poliorcetes, es decir, el Asediador. Tomó numerosas ciudades griegas que intentaron independizarse, pero su asedio más famoso fue en el que fracasó, el de Rodas, aunque para ello construyó algunas de las máquinas y torres de asedio más espectaculares y avanzadas jamás concebidas.

Hubo otros generales y otras batallas: Antígono Monoftalmos (es decir, el Tuerto), Eumenes, etc… Seleuco, Lisímaco y Tolomeo derrotaron a Casandro y Demetrio en la batalla de Ipsos. Luego sus alianzas se rompieron de nuevo. Poco a poco nacieron nuevos reinos más pequeños procedentes de la desintegración de los Estados Sucesores originarios. Bitinia, Capadocia, el Ponto, Armenia, Bactriana… Cada reino tuvo su historia, sus gobernantes, sus guerras. Los reyes helenísticos tenían una carrera difícil, pues su legitimidad se basaba en su competencia y habilidad, muchas veces demostradas mediante la guerra y el éxito en distintas campañas. Sin leyes sucesorias definidas, la muerte de un rey era seguida de numerosos asesinatos entre parientes.
La era helenística fue violenta, pero también florecieron las ciencias y las artes. Fue la era de Arquímedes, de Herón, de Aristarco, de Eratóstenes, de Demócrito, etc. Las ciencias de la observación avanzaron enormemente. Las ciudades recibieron cada vez dotaciones más avanzadas en cuanto a servicios. La construcción naval alcanzó cotas que no fueron superadas hasta el Renacimiento. La Europa del medievo no fue más que una tristísima sombra que lo que la Antigüedad Clásica había sido, y cuando salió de la oscuridad, lo hizo mirándose en el espejo de la misma época clásica.

En DBA, los ejércitos de sucesores están representados por cinco listas distintas: II/16 Sucesores asiáticos tempranos, que incluye las opciones de los ejércitos de Demetrio, Alketas, Eumenes y Antígono Monoftalmos.
II/17 Lisímaco, que incluye los ejércitos del gobernador de Tracia tras la muerte de Alejandro.
II/18 Sucesores macedonios tempranos, con las opciones de ejército de Antípatro, Casandro, Poliperconte, Ptolomeo Cerauno y Antígono Gónatas.
II/19 Seleúcidas, que incluye las opciones para hacer ejércitos de toda la historia del reino seleúcida.
II/20 Ptolemaicos, con los ejércitos de toda la historia de la disnastía ptolemaica.


La extensión de la cultura helenística influyó en muchos otros ejércitos. Los modos de guerra macedonios se extendieron por Oriente. Hay otras listas que se consideran de ejércitos helenísticos, herederos de la tradición militar implantada por Alejandro: II/36 Greco-Bactrianos y Greco–hindúes. II/34, Átalo de Pérgamo, II/27 Pirro de Epiro, II/31 Grecia helenística. Hay ejércitos posteriores con rasgos en común, como los mitridiátricos, o Comagene, pero los dejaremos fuera de este listado de momento.

Los ejércitos helenísticos listados tienen un núcleo común: de 4 a 6 peanas de Pk, la falange al estilo macedonio. Luego hay un número variable de elementos montados. Kn, ya como xystophoroi o bien incluso catafractos en el caso de los seleúcidas, Cv para los griegos, hindúes y tracios; El, disponibles desde que Alejandro llegara a la India, y un número variable de Ax y Ps. Por último, hay algunos elementos minoritarios: Sp, que son hoplitas, de cualquier procedencia; Bd, que son legionarios de imitación que algunos reinos helenísticos comenzaron a desarrollar tras las primeras guerras con Roma, y unas curiosas peanas de Wb. Éstos son celtas. Son gálatas, del reino que los celtas europeos fundaron a las bravas en Asia Menor tras ponerse en marcha. Con frecuencia, los gálatas sirvieron de mercenarios en muchos ejércitos. Por último, algunos tienen opciones para meter artillería y WWg, que representan torres de asedio.

Alejandro. Capítulo III. Hacia los confines de la tierra.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Le ordenó conducir sus tropas al centro enemigo porque estaba el rey. “Si le damos muerte a él -afirmó-, el resto está hecho”.

La mañana del 29 de septiembre del 331 a.d.C., este pasaje de de la “Anábasis” no paraba de dar vueltas en la cabeza de Alejandro mientras se estiraba en el camastro de su tienda. El sol llevaba un buen rato en el cielo, iluminando la llanura de Gaugamela. Parmenio y sus hombres entraron en la tienda con las armaduras puestas. “Mi señor- le dijeron.- El ejército os aguarda”.
Alejandro se vistió sin prisa, y sus ayudantes el trajeron su armadura y su yelmo. Colgó su afilado kopis del cinto y salió al exterior. Parpadeó ligeramente deslumbrado por el sol. Ante él, su ejército de cuarenta mil guerreros abandonaba el campamento en perfecto orden y comenzó a desplegar según sus instrucciones del día anterior. Montó a Bucéfalo y salió con ellos. A los pocos kilómetros se detuvo. Darío ya había formado su ejército al otro extremo de la llanura. No le sorprendió, ya que había conseguido hacer creer al Gran Rey que atacaría de noche, y éste había mantenido en vela a la mayoría de sus tropas. Por otro lado, era el ejército más inmenso que había visto en su vida. Pero era lo que él quería. En lugar de una guerra de pequeños enfrentamientos, Alejandro dejó que Darío reuniera todas las tropas que le quedaban para intentar vencer de una vez por todas.

Alejandro había retornado desde Egipto con sus tropas en los meses anteriores, buscando un lugar adecuado para cruzar el Eúfrates. Darío había intentado enfrentarse con él en Cunaxa, donde el ejército de Ciro el Joven había sido derrotado por Artajerjes, tal y como describía la Anábasis. Sin embargo, Alejandro se movió más al norte, hacia Carrhae. Finalmente, Darío movió su inmenso ejército hasta las proximidades de la ciudad de Arbela, hacia la llanura de Gaugamela. Alejandro había aceptado la tácita invitación al enfrentamiento. Darío tuvo tiempo de rellenar la llanura, dejando el camino expedito para su caballería y sus carros falcados. Era el lugar ideal para aprovechar su superioridad numérica. Su caballería era 10 a 1 superior en número a la de Alejandro. El macedonio estaba perdido. En la llanura, Darío desplegó toda la caballería bactriana y escita en su flanco izquierdo, al mando del sátrapa Bessos. Su centro lo ocupó con una primera fila de carros falcados, y luego el grueso de la infantería: mercenarios griegos, kardakes, takabara… Una guardia de Inmortales le protegía directamente, mientras él, desde su carro, daba órdenes. En su flanco derecho puso a su numerosa caballería persa y meda, y arqueros a caballo de diferentes provincias. Desde su posición, Darío pudo ver el despliegue macedonio. De repente, una pequeña figura sobre un caballo negro recorrió el frente. Debía ser Alejandro arengando a sus tropas. Luego, la pequeña figura se reunió con el resto de sus escasos jinetes, y comenzaron a galopar. Pronto se levantó una nube de polvo que indicaba la dirección de su movimiento. Darío murmuró sus primeras órdenes, y así comenzó la batalla que decidiría el destino de todo el imperio persa.

Al anochecer, Alejandro volvía a entrar en su tienda, y sus sirvientes comenzaron a quitarle la armadura. Pero él apenas se percató de su presencia. Sus ojos tenían el brillo febril de la victoria, y su mirada andaba perdida en su memoria. Repasaba mentalmente el desarrollo de la batalla una y otra vez, cada movimiento, cada orden… “… y el resto está hecho”, murmuró para sí.
Había tomado el mando del ala derecha macedonia, donde situó todos los escuadrones de Hetairoi y el grueso de los jinetes tesalios. A la izquierda de estos, desplegó todos sus hoplitas mercenarios y caballería ligera agriana. A continuación, en el centro, desplegó a los piqueros. Pero como su frente era mucho más pequeño que el persa, tuvo que desplegarlos en media falange, reduciendo a la mitad el fondo de la formación. Y detrás del frente, dispuso otra media falange, con objeto de proteger la retaguardia. Sabía que si la batalla se prolongaba, terminarían rodeados, y era vital que aguantaran. En el extremo izquierdo, con Parmenio al mando, dispuso lo que le quedaba de falange y las tropas auxiliares de tracios y tribalos. Había dado a Parmenio la misión más delicada: darle tiempo para conseguir la victoria.

Entonces Alejandro inició la marcha. Toda la caballería comenzó a galopar abriéndose hacia la derecha, alejándose del campo de batalla. Los tesalios iban por delante, y los Hetairoi, detrás, y entre ellos, el escuadrón de Alejandro, que cabalgaba manteniendo un tenso trote observando a los persas. Desde su caballo, Alejandro vio como toda la caballería del ala izquierda persa se lanzaba hacia ellos, separándose del ejército, y el corazón le comenzó a latir en las sienes cuando vio lo que había estado buscando: en su movimiento de interceptación, la caballería dirigida por el sátrapa Bessos había abierto un hueco en el frente persa, y se podía trazar una línea directa hacia la posición de Darío. Porque ése era su plan. “…hacia el centro enemigo porque ahí estaba el rey…”-pensó.

Mientras, los carros falcados persas habían iniciado su mortífera carga. Precedidos de jinetes persas que arrastraban ramas para levantar polvo, la falange macedonia apenas tenía tiempo para maniobrar. Alejandro había adiestrado a sus tropas para que se abrieran. Según la Anábasis, los caballos se metían por los corredores creados entre la falange inofensivamente. Lamentablemente, el polvo impidió que todo el frente reaccionara igual. La mayoría de los carros pasaron por los pasillos que abrieron los piqueros, pero muchos otros se estrellaron contra las líneas y segaron cientos de vidas con sus guadañas. No obstante, los aurigas fueron rápidamente neutralizados, a tiempo para que la falange absorbiera el grueso del ataque de la infantería persa.
Al mismo tiempo, la caballería persa y meda del ala derecha persa se estrelló contra el frente de Parmenio, y como eran muchos más, superó el frente y un gran número de jinetes avanzó hacia el campamento macedonio. Sus órdenes eran, como comprendió Parmenio entonces, rescatar a la familia real. Movilizó entonces a su última reserva de jinetes tesalios para interceptarlos, pero aun así, los persas arrasaron y saquearon el campamento. Parmenio estaba en apuros, y envió un mensaje a Alejandro para que acudiera en su ayuda.

El tiempo pareció detenerse cuando la caballería escita y bactriana de Bessos cargó contra los tesalios. El corazón de Alejandro batió como un martillo cuando dio la orden: en una impresionante conversión, los Hetairoi de Alejando giraron a la izquierda casi al unísono y se lanzaron a un desesperado galope, pasando como una exhalación por el flanco de la caballería de Bessos. Aferrándose a su plan, Alejandro cargaba directamente al centro del frente persa, donde estaba Darío. “Si le damos muerte…”.

El frente macedonio aguanta una enorme presión, pero aguantó. La caballería de Bessos expuso su flanco derecho a los aliados griegos, que cargaron en falange, trabándoles durante largo tiempo. Parmenio, no obstante, y todo el frente de picas, a media falange, había agotado sus reservas y comenzaba a peligrar. Entonces Alejandro cargó como la furia de los dioses contra los Inmortales que protegían a Darío. Por doquier se escuchaba el terrible crujido de los xystoi al romperse en las cargas, y los gritos, ahogados en sangre, y los golpes secos, sordos, y el terrible crujido de los huesos rotos. En la confusión, Alejandro quedó a pocos metros de Darío. Si la Muerte hubiera querido elegir un rostro para aterrorizar a los hombres, podría sin duda haber escogido el de Alejandro en aquel momento. Consiguió empuñar una jabalina e irguiéndose sobre su montura, armó el brazo y la lanzó directamente hacia el Gran Rey. “el resto está hecho…”.
Durante los dos segundos, que parecieron una eternidad, en los que la jabalina recorrió la distancia de Alejandro al carro de Darío, éste palideció. Al fin, el proyectil se desvió, atravesando el corazón de su auriga. Esto fue demasiado para el Gran Rey, que de nuevo dio media vuelta al carro y huyó, dejando su ejército atrás. Aquello fue el fin de la resistencia persa. Bessos se enteró y dio orden de retroceder para cubrir la retirada del Rey. Por otro lado, la caballería persa y meda, al mando de Mazeius, que había llegado al campamento persa, se encontró con la súbita aparición de refuerzos macedonios provenientes del río. Rápidamente se replegaron, pero al retroceder, se encontró con Alejandro en persona y sus Hetairoi. Tras la huída de Darío, el mensajero de Parmenio le advirtió del peligro del flanco izquierdo, y decidiendo en segundos entre ganar un imperio o salvar su ejército, dio media vuelta y se lanzó a auxiliar a Parmenio.

La victoria en Gaugamela valía el imperio persa. Con Darío huido, Alejandro ya no tuvo oposición. Entró en Babilonia, que lo recibió como a un libertador, siguió hasta Susa, Ecbatana, Persépolis. Allí quemó el palacio de Darío en una tormentosa noche de borrachera y antorchas, aunque la destrucción de Persépolis (una de las pocas ciudades que Alejandro destruyó) parecía tener otras implicaciones políticas. Persiguió a Darío, no obstante, hacia oriente. Al final lo encontró moribundo, traicionado por sus generales. Alejandro los capturó y ajustició por traidores, y a Darío le dio el funeral de un rey.
Ahora era el nuevo Gran Rey. Sus tropas comenzaron a descubrir cómo era realmente Alejandro. Porque él no llegó como un conquistador. A diferencia de sus tropas, Alejandro no consideraba bárbaros a los persas, ni a ningún otro pueblo de los que conquistaría. Siempre encontró motivos de admiración en cada uno de los pueblos que dominaba. Su conquista le permitía poner en práctica el gobierno que tenía en mente. Un gobierno que uniera a los pueblos por encima de sus religiones y costumbres. Alejandro no aspiraba al dominio tiránico, sino a la universalidad, y dio muchas muestras de ello. Se tomó unos meses para organizar su imperio, dedicándose a asignar nuevos gobernadores y sátrapas a sus territorios, y los designó según su proceder o su fama, usando tanto a macedonios como medos, persas o egipcios. Alejandro buscaba la valía de cada persona. Este trato de igualdad, que incluso hizo que Alejandro adoptara algunas costumbres persas, era visto con repulsión por parte de los sectores más reaccionarios de su ejército, que consideraban a los derrotados como meros bárbaros indignos de ningún honor o reconocimiento. No obstante, le seguían con el mismo fervor. Era su rey, combatía con ellos, sangraba con ellos, y no había sido jamás derrotado. Además, los botines de guerra superaban todo lo que hubieran soñado jamás. Cada soldado llegó a tener la fortuna de un pequeño rey.

Poco después Alejandro inició si siguiente campaña. El mundo no parecía ser suficiente para él. Se dirigió hacia el río Indo, siguiendo los legendarios pasos del dios Dionisos, otra de las figuras míticas admiradas por él. Según la leyenda, Dionisos nació mortal, y llegó a adquirir condición divina a lo largo de sus viajes a La India. Por aquella época, estos territorios se estaban articulados por fortalezas aisladas donde vivían tribus enteras, y el resto de la tierra estaba vacía. Alejandro siguió fundando ciudades en lugares elegidos por él mismo. Por el camino atravesó Bactriana y la tierra de los Sogdianos. Tuvo que asediar y vencer a cada tribu y fortaleza, pero su voluntad era inflexible. En una de esas fortalezas, cuando se entregaron, le ofrecieron un espectáculo de danza. Entre las bailarinas estaba la hija del jefe de la tribu, Roxana, y Alejandro se enamoró de ella. Ante la indignación de los nobles macedonios, se casó con la hija de un bárbaro. Si le daba hijos, aquella salvaje sería la reina del Imperio de Alejandro. Esto los incomodaba más todavía. Sin embargo, Alejandro estaba muy seguro de su política de unión de pueblos. Incluso después de que se desbaratara una conspiración entre algunos de los Hetairoi más jóvenes para matarle. Finalmente, Calístenes, que educaba a los nuevos Hetairoi, fue hallado culpable de la conspiración. También le costó el pellejo a Filotas, hijo de Parmenio, ya que se había enterado de la conspiración pero no advirtió a Alejandro. Esto también obligó a Alejandro a tomar una terrible decisión. Parmenio se había quedado en Babilonia y se encargaba de los suministros. La muerte de su hijo Filotas podría hacer que también les traicionara, dejándoles en una situación muy precaria. Aquella misma noche, Alejandro mandó asesinar a Parmenio. Así comenzaba el lento despertar del sueño de Alejandro.

Tras una travesía difícil, llegaron a La India bordeando por la ladera sur las montañas del Himalaya. Lo primero que encontraron fueron las fortalezas de los estados montañeses hindúes. Alejandro fue sometiéndolas una a una. Frecuentemente, una vez tomada la fortaleza, la devolvía su anterior líder para que la siguiera gobernando si le habían jurado lealtad. Su política parecía decir: “ Por encima de ti y de mí, de tus dioses y de los míos, hay algo que nos une. Eso es lo que yo represento, y si me juras lealtad, si aceptas esta visión del mundo y respetas al resto de los pueblos, podrás seguir con tus costumbres y modo de vida.”. Sin embargo, si una vez juramentados le traicionaban, Alejandro no mostraba piedad.
Poco a poco llegó a las tierras bajas que circundaban el Indo. A cada paso descubrían nuevos animales y plantas. Allí había cientos de pequeños estados en estado perpetuo de lucha, y esto fue lo que él aprovechó. Aliándose con algunos reyes, luchó contra otros y los venció.

Uno de sus aliados fue el rey indio Onfis, al que juró apoyar en su lucha contra el rey Poros. Tomando un pequeño ejército de unos ocho mil soldados, se dirigió al río Hidaspes para trabar batalla contra Poros. Éste había formado sus tropas al otro lado. Tenía pesados carros de guerra, una nutrida caballería a las órdenes del hijo de Poros, miles de arqueros armados con enormes espadas a dos manos y contaba además con animales que los macedonios no habían visto en combate: elefantes de guerra.
Alejandro simuló durante quince días maniobras con gran estruendo de trompas y tambores, e hizo creer a Poros que esperaría a la estación seca para cruzar el río. Sin embargo, en una noche de tormenta, cruzó con su caballería y buena parte de la infantería, y dejó a Crátero en el campamento para que aguantara la posición. Poros se enteró y envió a su propio hijo a atacar, pero los Hetairoi destrozaron a los indios. Poros entonces formó para enfrentarse. El resto de su caballería la puso en ambos flancos, y en el centro, sus pesados carros y detrás, los elefantes. Mientras la caballería macedonia hacía frente a la india en ambos flancos, la falange se enfrentó al centro indio. Los carros de guerra se quedaron atascados en el barro, pero los elefantes cargaron enloquecidos contra los piqueros. Muchos macedonios murieron aplastados bajo los paquidermos, pero también acertaron a abrir pasillos para que los elefantes pasaran, y luego la caballería ligera y los hostigadores los rodearon, asaeteando a los conductores. Los elefantes perdieron el control, y salieron en estampida, causando daño tanto a macedonios como indios. Por fin, Alejandro y la caballería derrotó a la india, y cargaron contra los flancos del centro indio, decidiendo la batalla. La batalla de Hidaspes era la primera gran batalla campal después de Gaugamela, y Alejandro la ganó de nuevo brillantemente. Se dice que cuando el elefante de Poros se dio cuenta de que su dueño estaba herido, se agachó y con su trompa lo depositó en el suelo, e incluso intentó, para asombro de los macedonios, extraerle la jabalina que lo había herido. Finalmente, Alejandro reconoció en él a un gran hombre. Se juraron amistad eterna, y Poros siguió gobernando la zona. Regaló a Alejandro un gran número de elefantes de guerra, que acabarían usando, aunque con prudencia.


Y siguió adelante. Su ejército, la corte y la impedimenta conformaban una enorme columna. Sin embargo, aunque Alejandro no se cansaba, y se había fijado como objetivo llegar al Ganges, a las tierras gobernadas por los brahmanes, pero sus agotados soldados, que lo habían seguido por casi medio mundo, comenzaron a mostrar deseos de regresar. Alejandro les habló en distintas asambleas, y se dio cuenta de que les estaba perdiendo. Los macedonios habían dejado familias en su tierra, y tenían botines que gastar. Los monzones les atacaban los nervios. Morían de mordeduras de serpientes, de fiebres, de agotamiento…Aunque ahora disponía de muchas tropas persas entrenadas al modo macedonio, el joven Gran Rey tuvo que claudicar amargamente. Con el corazón roto por no poder llegar hasta el confín del mundo, decidió regresar, bajando el Indo hasta la costa, hasta el Océano Circundante. Según la Geografía que le había enseñado Aristóteles, dicho mar se comunicaba con el Nilo. Por el camino todavía quedarían ciudades que tomar y ejércitos que vencer. En el punto más oriental al que llegó, Alejandro erigió doce altares como testimonio de su paso. El camino hacia el mar fue a partes iguales emocionante y peligroso. Alejandro sufrió una grave herida de flecha mientras asaltaba una muralla que casi lo mató. Sus tropas, que durante unas horas lo dieron por muerto, cuando tomaron la ciudad mataron a todos, incluidos mujeres y niños. Ya no luchaban igual. Se habían vuelto impacientes y despiadados. Y por fin, llegaron al mar, donde Nearco construyó una flota. Ésta era insuficiente para transportar a todos, de modo que la expedición se dividió en dos. Así comenzó la penosa marcha de regreso a Babilonia.

Los ejércitos de Alejandro tras la conquista del imperio persa y La India cambiaron en cuanto a origen de las tropas. Aunque siguió recibiendo refuerzos de Macedonia, Alejandro mandó adiestrar tropas persas al modo macedonio, tanto para caballería como para infantería. Usó las magníficas cuadras persas de caballos niseanos, más grandes que los caballos griegos. También llegó a emplear elefantes. Por ello, en DBA tienen una lista diferente. Se trata de la II/15, alejandrinos imperiales. Hay dos peanas de Kn, que representan a los Hetairoi, aunque la segunda bien podría representar a los Xystophoroi persas, es decir, jinetes persas entrenados al modo de los Hetairoi. Hay una peana de caballeria ligera, que puede ser bactriana o agriana o de otra provincia del imperio. Luego encontramos las clásicas seis peanas de Pk. Entre estas peanas debemos encontrar piqueros persas. Se distinguen estas miniaturas porque llevan pantalones, al estilo medo, aunque llevan armadura de lino y yelmo helenístico. Los piqueros macedonios no llevan pantalones. Luego hay una opción para meter un elefante o bien, artillería como la que usó en sus numerosos asedios nuestro protagonista. El resto de las peanas son Ax y Ps, procedentes de cualquier región del imperio. Los Ax pueden tracios o incluso montañeses indios. Los Ps pueden ser arqueros caspios, que marchan junto a Darío, o de cualquier otra tribu conquistada por Alejandro.
También encontramos en DBA listas de todos los ejércitos indios a los que se enfrentó Alejandro. Son las listas II/1, Estados Republicanos Hindúes, que responden al ejército de Onfis, por ejemplo. Tienen carros pesados, caballería y algún Bd, y el resto son arqueros hindúes.
También está la II/2, montañeses indios, que representan a los ejércitos de las laderas de la cordillera del Himalaya. Tienen el mismo núcleo de generales sobre carros y caballería, y luego Ax y Ps hindúes.
Por último, II/3 Indios Clásicos, que tienen un montón de elefantes (¡tres peanas de elefantes!), carros pesados y algunos arqueros y auxiliares. Este ejército puede representar al del rey Poros.
Todas las marcas tienen tropas para los alejandrinos imperiales, pero Xyston tiene las mejores sin duda para los ejércitos indios y tardíos alejandrinos.